Skip to main content

Full text of "Poesías de Felipe Pardo"

See other formats


Google 



This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as parí of a projcct 

to make the world's books discoverablc onlinc. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the 

publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prcvcnt abuse by commercial parties, including placing lechnical restrictions on automated querying. 
We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfivm automated querying Do nol send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ Maintain attributionTht GoogXt "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct and hclping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remove it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any specific use of 
any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite severe. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs 
discover the world's books while hclping authors and publishers rcach ncw audicnccs. You can search through the full icxi of this book on the web 

at |http: //books. google .com/l 



Google 



Acerca de este libro 

Esta es una copia digital de un libro que, durante generaciones, se ha conservado en las estanterías de una biblioteca, hasta que Google ha decidido 

cscancarlo como parte de un proyecto que pretende que sea posible descubrir en línea libros de todo el mundo. 

Ha sobrevivido tantos años como para que los derechos de autor hayan expirado y el libro pase a ser de dominio público. El que un libro sea de 

dominio público significa que nunca ha estado protegido por derechos de autor, o bien que el período legal de estos derechos ya ha expirado. Es 

posible que una misma obra sea de dominio público en unos países y, sin embaigo, no lo sea en otros. Los libros de dominio público son nuestras 

puertas hacia el pasado, suponen un patrimonio histórico, cultural y de conocimientos que, a menudo, resulta difícil de descubrir. 

Todas las anotaciones, marcas y otras señales en los márgenes que estén presentes en el volumen original aparecerán también en este archivo como 

tesümonio del laigo viaje que el libro ha recorrido desde el editor hasta la biblioteca y, finalmente, hasta usted. 

Normas de uso 

Google se enorgullece de poder colaborar con distintas bibliotecas para digitalizar los materiales de dominio público a fin de hacerlos accesibles 
a todo el mundo. Los libros de dominio público son patrimonio de todos, nosotros somos sus humildes guardianes. No obstante, se trata de un 
trabajo caro. Por este motivo, y para poder ofrecer este recurso, hemos tomado medidas para evitar que se produzca un abuso por parte de terceros 
con fines comerciales, y hemos incluido restricciones técnicas sobre las solicitudes automatizadas. 
Asimismo, le pedimos que: 

+ Haga un uso exclusivamente no comercial de estos archivos Hemos diseñado la Búsqueda de libros de Google para el uso de particulares: 
como tal, le pedimos que utilice estos archivos con fines personales, y no comerciales. 

+ No envíe solicitudes automatizadas Por favor, no envíe solicitudes automatizadas de ningún tipo al sistema de Google. Si está llevando a 
cabo una investigación sobre traducción automática, reconocimiento óptico de caracteres u otros campos para los que resulte útil disfrutar 
de acceso a una gran cantidad de texto, por favor, envíenos un mensaje. Fomentamos el uso de materiales de dominio público con estos 
propósitos y seguro que podremos ayudarle. 

+ Conserve la atribución La filigrana de Google que verá en todos los archivos es fundamental para informar a los usuarios sobre este proyecto 
y ayudarles a encontrar materiales adicionales en la Búsqueda de libros de Google. Por favor, no la elimine. 

+ Manténgase siempre dentro de la legalidad Sea cual sea el uso que haga de estos materiales, recuerde que es responsable de asegurarse de 
que todo lo que hace es legal. No dé por sentado que, por el hecho de que una obra se considere de dominio público para los usuarios de 
los Estados Unidos, lo será también para los usuarios de otros países. La l^islación sobre derechos de autor varía de un país a otro, y no 
podemos facilitar información sobre si está permitido un uso específico de algún libro. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en 
nuestro programa significa que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de 
autor puede ser muy grave. 

Acerca de la Búsqueda de libros de Google 



El objetivo de Google consiste en organizar información procedente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal. El programa de 
Búsqueda de libros de Google ayuda a los lectores a descubrir los libros de todo el mundo a la vez que ayuda a autores y editores a llegar a nuevas 
audiencias. Podrá realizar búsquedas en el texto completo de este libro en la web, en la página |http : / /books . google . com| 




HARVARD COLLEGE LIBRARY 

SOUTH AMERICAN COLLECTION 




THE CIFT OF ARCHIBALD CARY COOLIDCE, '87 
AND CLARENCE LEONARD HAY, '08 

IN REMEMBRANCE OF THE PAN-AMERICAN SCIENTIFIC CONGRESS 
SANTIAGO PE CHILE DECEMBER MDCCCCVIII 






'W% 



¡'■' v\ 



*" V. 



y» 



.( 



I 



I . 



(í^jtXJ^^ k ^U^^ í^-^^^ ^-'^ '■^^^ 






poesías 



DR 



FELIPE PARDO 



m 

o 

POESÍAS 

DE 

FELIPE PAR] 



PRECEDIDAS DB SU BIOGRAFÍA 
Y ACOMPASADAS DE ALGUNAS NOTj 



H. Gz. de la ROSA 



librería de la. v* de ch. bou 

parís i méxico 

33, rué VUcooti, 33 I 14, Cinco de Ma; 

1898 



13*^,/. 3 



C .t cf 
-id C-7'.ry Co 



1]'r^.l5,J'}/1 



Quedan SReguradoa los derecbos de propiedad 

confoi-me á la ley. 



Páiifi. — IrapreuU úh la V da Cu. 



FELIPE PARD 

RESEÑA BIOGRÁFICA 



Todo el que se halle medianamente 
rriente de la historia de la literatura es\ 
en el siglo XIX, sabe el puesto que e 
corresponde al insigne Lista, maesti 
una generación de escritores no menos 
nes, en su famoso colegio de San Mat 
Madrid. 

Entre los primeros discípulos que e 
plantel privilegiado tuvo D. Alberto 
figuraron en primera línea dos notables 
nios, que habían visto la luz muy lejí 
la corte, allá en las remotas regione 
Nuevo Mundo, uno á orillas del Plata y t 
en las del Rímac, casi en igual fecha : Ve 
de la Vega y Felipe Pardo. Ambos erar 
Espronceda, los tres más queridos, y 
rados después por tan competente ma 
entre tantos preclaros talentos por é! 



PROLOGO. 



trinados, y que el mundo de las letras ya 
comenzaba á aplaudir. 

No es esta mera opinión nuestra, más órnenos 
aventurada. Así lo dice expresamente Ochoa, 
en la necrología que consagró, pocos días des- 
pués de su fallecimiento (1848), al que también 
fué su maestro y amigo, con estas palabras : « Si 
se nos preguntase ahora quiénes eran sus dis- 
cípulos predilectos, no sabríafnos en verdad qué 
respoder ; sólo diríamos : que muchas veces 
¡e hemos oído recordar con entusiasmo al malo- 
grado Espronceda , á D. Felipe Pardo y ya 
hace años establecido en el Perú, su patria, y 
á D. Ventura de la Vega, á quien, en punto á 
gala y pureza de dicción, ponía encima de todos 
sus compañeros y al nivel de nuestros antiguos 
clásicos. » En Diciembre de 1870 tuvimos la 
satisfacción de ver confirmado este aserto, al asis- 
tir á la sesión solemne de la Academia Espa- 
ñola, en la que el Sr. Escosura leyó un extenso 
estudio crítico, intitulado : « Tres poetas ilus- 
tres : PardOy Espronceda y Ventura de la Ve- 
ga (i). )) • ^ ^ 

Bien claro había revelado el mismo Lista la 
estima que Pardo le inspiraba, al concederle el 
puesto de secretario en la Academia del Mirto, 

(i) Citamos este título de memoria, y sin tener á la vista el 
folleto que entonces se nos distribuyó, y que habríamos querido 
extractar en este lugar. 



7. 



PROLOGO. 3 

compuesta de los que fueron sus alumnos, y que 
él fundó y presidía. No disminuyó esa estima al 
verlo abandonar la madre patria, para volver á la 
capital de la nueva República donde vip la luz ; 
antes bien mantuvo con él frecuente corres- 
pondencia, y al cabo de diez años de ausencia, 
durante los que ya había admirado sus primeros 
ensayos poéticos, le dirigía las sentidas estrofas 
que en otro lugar insertamos (p. i3), las que, 
desde la primera línea, revelan la intimidad que 
reinaba aún entre el maestro y el discípulo : 

« No temas, mi Felipe, los furores 
Del vulgo vil, alborotado y leve... etc.. 

y que concluyen así : 

El valor y la virtud de ti se aprenda, 
Y la fortuna, de otro más felice. » 

firmando de esta afectuosa manera: A los 63 años 
deedad^ — tu Alberto Lista, » 

En estos tiempos de poesía decadente y estra- 
falaria, necesitábamos comenzar citando autori- 
dades de tanta valía como las de Lista y Esco- 
sura, para que nuestros juveniles lectores, que 
acaso no conocen al autor, no creyesen que, por 
agregar un volumen más, dábamos acogida en 
esta Biblioteca poética Americana^ á uno de 
tantos versificadores adocenados que pululan en 
el Nuevo Mundo. Creemos, por el contrario, al 
aconsejar al editor la publicación de las obras 



PROLOGO. 



poéticas de Pardo, haber contribuido á que sea 
más conocido y apreciado este esclarecido inge- 
nio, tan agudo y correcto en prosa como en 
verso, y que puede figurar entre los que mejor 
y con más pureza han sabido manejar la lengua 
castellana en nuestra época. 

El autor de estas líneas preliminares, no es 
poeta ni crítico, y tampoco quiere discutir las 
opiniones políticas del autor; por lo mismo 
cree que debe limitarse á trazar una mera reseña 
biográfica de Pardo, basándose en la que puso 
al frente de la edición postuma de sus obras (i) 
su digno hijo D. Manuel, tan cobardemente 
asesinado en 1878, después de desempeñar cual 
ninguno la primera magistratura del Perú. 
Permítase á uno de los testigos de la agonía 
de esta noble víctima, el consagrar aquí un 
recuerdo ál inolvidable amigo, ya que le ha 
tocado la suerte inesperada de dirigir esta 
nueva publicación de los escritos de su ilustre 
padre. 



* 



Nació Felipe Pardo y Aliaga en Lima, el 

(i) Poesías y escritos en prosa de Don Felipe Pardo, París, 
Imprenta de los caminos de hierro (A. Chaix) 1869. — i vol. 
en 40 mayor, á 2 col. de XXVII y 514 págs. Con retrato. — 
Esta edición, hecha por su hijo, y su entendido yerno D. J. A. 
de Lavalle, casi no ha circulado, y es raro hallar ejemplares 
de ella. El autor la había hecho preparar en i865. 



— . I 






PROLOGO. 



II de Junio de 1806, siendo sus padres el Re- 
gente de la Audiencia del Cuzco don Manuel 
Pardo y su esposa doña Mariana Aliaga, hija de 
los Marqueses de la Fuente Hermosa. Aquél^ 
como español, se trasladó con su familia á Ma- 
drid, cuando los peruanos proclamaron su inde- 
pendencia en 1 82 1. A la sazón Lista y Hermo- 
silla acababan de ponerse al frente del colegio de 
San Mateo, en el que ingresó Felipe á los diez 
y seis años de edad, sin duda en compañía de 
su hermano José, quien también debía con- 
quistar renombre como poeta. 

Bajo la dirección de tan competentes maestros, 
Pardo cursó las humanidades y las matemáti- 
cas, como le resordaba diez años después Lista : 

Yo recuerdo i ay de mí I los bellos días 
De tu primera juventud dichosa, 
Cuando por mí adestrado le pedías 
A Horacio y Newton su laurel y rosa. 

I Qué pudo ocurrir el año 1827 P^^^ 4^^ 
Pardo, ya secretario de la Academia del Mirto, 
á pesar del cariño de su maestro y de los vín- 
culos que por su padre tenía con la sociedad de 
la corte, resolviese repentinamente regresar al 
país que lo vio nacer, pero del que seis años 
antes había salido fugitivo con su familia ? No 
hemos podido hallar dato alguno para descifrar 
este punto misterioso, aunque sospechamos que 



V.'.í 



PROLOGO. 



esto se deba á influencias de su madre limeña, 
después del fallecimiento del antiguo Regente de 
la Audiencia del Cuzco. 

Sea de esto lo que fuere, lo cierto es, que des- 
pués de traducir á los veintiún años la compo- 
sición que Víctor Hugo acababa de consagrar á la 
columna de Vendoma, se embarca en Gibraltar 
á fines de 1827, y desde este' puerto envía tierna 
« Despedida » á la novia que había dejado en 
Madrid. Allí leemos este verso, que acaso con- 
firma lo que anfes decíamos respecto á la causa 
de su viaje : 

« La suerte asi lo ordena. 
Mi bien ; culpa á la suerte : 
Que yo, mejor la muerte 
Quisiera que partir. » 

Esta composición es la única, en su género, 
que figura entre las que el autor escogió tres 
años antes de morir-para que se publicaran. In- 
dudablemente son muchas las que en todos gé- 
neros se suprimieron escrupulosamente, y que 
yacen olvidadas en las colecciones de perió- 
dicos de Madrid, Lima y Santiago de Chile. 

A principios de 1828 llegaba Pardo á su ciu- 
dad natal , cuando apenas contaba veintidós 
años de edad; y al mismo tiempo que empuña 
de nuevo la lira, se lanza en la política de la 
naciente República, alistándose en las filas del 



PROLOGO. 



partido conservador, recientemente organizada 
por Martínez, Pando, Vivanco, los célebres 
poetas Olmedo y Mora, etc. En i83o escribió 
en los periódicos El Conciliador y El Mercurio 
peruano^ al mismo tiempo que completaba su« 
estudios para ejercer la abogacía. 

Sus poesías principales, de esa época de juvenil 
entusiasmo, son : la Oda á Olmedo^ la sentida 
elegía á la muerte de Joaquina^ las Sátiras á 
Salvagio y el Carnaval de Lima^ etc. Poco des- 
pués daba á la escena sus comedias en verso 
Frutos de Ja educación y Don Leocadio^ en las 
que criticaba con mucho ingenio las costumbres 
limeñas. La aparición de la primera, dice su 
hijo, (( causó un verdadero tumulto ; aplaudida 
con frenesí en su primera representación, desató 
en la segunda contra su autor las iras de un 
falso nacionalismo (i). » 

En las Repúblicas Americanas los principios 
son por lo regular meros pretextos, y todo se 
halla dominado por las cuestiones personales; 
por lo mismo Pardo corrió serios peligros, por 
haber pretendido criticar las costumbres de su 
país, y su tercera comedia del mismo genera, 
La huérfana de ChorrilloSy aunque obra más aca- 
bada y seria, no se atrevió á hacerla representar^ 
y sólo ha visto la luz después de su muerte. 

(i) Prólogo de Don Manuel Pardo, p. xvii. 



PROLOGO. 



En tales circunstancias comienza la carrera 
política de Pardo (1830-49), pues ya que con la 
pluma no logra mejorar la situación de su pa- 
tria,cree que acaso tendrá mejor éxito influyendo 
en los consejos del Gobierno. Durante casi 
veinte años desplegó una actividad febril, ocu- 
pando en diversas ocasiones puestos tan impor- 
tantes como los de ministro de Estado, pleni- 
potenciario en Chile, etc., y siendo uno de Jos 
principales autores de la caída del general Santa 
Cruz y de su Confederación Perú-Boliviana. 

No nos proponemos juzgar aquí al hombre 
político, y sólo diremos : que nuestro poeta se 
hallaba de tal manera dominado por el deseo 
de amoldar el país á sus ideas de Gobierno, que, 
cuando no gobernaba, consolábase con expresar 
esas mismas teorías en forma poética, cuando 
no 'en prosa, como en el famaso Espejo de mi 
tierra^ que tuvo un éxito portentoso, y fué 
¿omo la despedida del escritor satírico, que poco 
después veíase reducido á la inacción por larguí- 
sima dolencia. 

Los que quieran conocer los escritos de Pardo 
durante esa época de actividad, deben consul- 
tar, además de las notables memorias y otros 
escritos que figuran en la citada edición de sus 
obras, las colecciones de varios periódicos, entre 
ellos el Mercurio peruano^ y el Conciliador de 
Lima, y el Intérprete^ que él fundó y redactó 



PRÓLOGO. 



solo en. Santiago hacia i836: en esa misma 
época conoció al insigne Bello, á cuya sociedad 
declaraba d.eber muchos de sus conocimientos 
literarios. 

Desde 1842 las aguas termales de Yura agra- 
varon, en vez de curar, la enfermedad que 
sufría ; y, aunque volvió á ser ministro durante 
las administraciones de Vivanco y Castilla, en 
1 85o renunció á la política, y emprendió un 
segundo viaje á Europa, en busca de salud. Pero 
todos los esfuerzos de la ciencia fueron inútiles 
ante la parálisis, que de año en año fué 
haciendo progresos, hasta privarlo de la vista, y 
reducirlo á un cuerpo semimuerto durante un 
cuarto de siglo : en él toda la vida se había 
reconcentrado en su poderosa inteligencia, que 
arrojó brillantes resplandores, casi hasta la hora 
postrera. 

Entre estos destellos pueden considerarse su 
hermosa composición El Perú^ y la Constitución 
política^ obra extensa, en que critica en valien- 
tes octavas todos los artículos de la ley funda- 
mental vigente, así como las demás poesías de 
la segunda época, que figuran en nuestra colec- 
ción cronológicamente ordenadas, para que el 
lector pueda seguir paso á paso la evolución 
intelectual de Pardo, y excuse la acritud que 
note en algunos arranques, debidos, sin duda, 
á los padecimientos continuos del autor. 



I. 



I o PROLOGO. 

La ConstituciÓ7i política mereció ser leída, en 
la tertulia literaria del Marqués de Molins, por 
Ventura de la Vega, Pezuela, Bretón y otros 
académicos, condiscípulos de Pardo, recibiendo 
éste poco después el diploma de Correspon- 
diente de la Academia Española. Este nombra- 
miento, tan merecido y no solicitado, que tan- 
tos han mendigado después sin título alguno, 
recibiólo el festivo poeta y hablista, diciendo á 
sus amigos estas palabras : « No se hagan uste- 
des ilusión ; yo no estoy á la altura de la Aca- 
demia Española : sólo un espíritu de camara- 
dería ha podido hacerme entrar en ella. » ¡ Qué 
lección para ciertos Correspondientes, y para 
otros que aspiran á serlo, aun apropiándose las 
lucubraciones ajenas ! 

Durante los últimos veinte años y más de su 
vida, pasados en ún sillón, baldado y ciego, 
Pardo conservó todo su vigor intelectual, como 
lo revelan las poesías que hemos citado, y 
otras que se verán en este libro, á partir de la 
Lámpara^ hasta la dedicatoria de sus obras (que 
había hecho coleccionar y escoger para que se 
publicaran, cuatro años antes de morir), á su 
hija Doña Francisca, la que fué por tan largo 
tiempo su secretaria. En ese mismo período 
dictó notables escritos en prosa, que hemos 
vuelto á leer con admiración, pues parece increí- 
ble que un hombre, cuyo cuerpo apenas daba 



Í^14 






PROLOGO. 



II 



>-. 



señales de vida, y que ni siquiera podía leer te 
que dictaba, pudiese seguir tan perfectamente 
el hilo de su demostración, como en la extensa..-^ 
representación que envió al Congreso en 1861, 
y, poco antes, en otros escritos en prosa acerca 
de la reforma de la Constitución. 

El poderoso cerebro que, en tal estado, podía 
aún dictar tan notables obras en prosa y verso, 
era al mismo tiempo el consejero de los amigos 
y literatos, que se sentaban en torno del ilustre 
paralítico^ para escuchar como oráculos sus ma- 
duros fallos. Los enemigos de las pasadas luchas 
políticas, en que desempeñó papel tan impor- 
tante, habían desaparecido, y todos los persona- 
jes de los diversos partidos miraron por largo 
tiempo, con admiración y respeto, como una 
verdadera gloria nacional, al eterno agonizante 
de la Calle de la Trinidad, que al fin cesó de 
sufrir en la noche de Navidad de 1868. Dos días 
después reposaba en el Cementerio general de 
Lima, habiéndosele hecho dignos funerales, en 
que pronunció un elocuente discurso el Minis- 
tro de Relaciones Exteriores ; diez años después 
tuvimos el dolor de depositar á su lado los res- 
tos de su biógrafo, y digno hijo de tal padre^ 
aunque infinitamente más liberal que él, lo que 
le mereció el ser victimado por los que, con la 
máscara de la democracia y de la religión, no 
sostienen sino el personalismo de revoltosos 









1 2 PROLOGO. 



de profesión, que saben explotar y reírse de las 
preocupaciones de un pueblo harto cando- 
roso (i). 

Boulogne, cerca de París, i6 de Noviembre de 1897. 

M. Gz. DE LA Rosa. 



(i) Hoy sólo se publican las Poesías : las obras dramáticas y 
escritos en prosa formarán otro volumen, si el público, acoge 
bien éste. La presente edición la hemos arreglado cronológica- 
mente, á fin de que se vea la evolución gradual de este ingenio 
durante cuarenta años : las poesías de Pardo nos presentan asi 
su verdadera autobiografía. Además de las notas del autor, 
hemos agregado algunas, marcadas así : (Ed.). 



ALBERTO LISTA 

A 
FELIPE PARDO. 



No temas, mi Felipe, los furores 
Del vulgo vil, alborotado y leve, 
Si roto el freno, en trágicos horrores 
La común patria á sepultar se atreve. 

Ni su ignórame aplauso te envanezca 
Cuando mimosa la falaz fortuna 
Fácil á tus deseos aparezca 
Y te eleve hasta el cerco de la luna. 

Que el varón justo y grave, el ciudadam 
Veraz, que tiene la virtud por guía. 
Ni al dogal se amedrenta del tirano, 
Ni al aura popular su pecho fia. 

No hay más premio que el lauro inmarc 
Preparado á los buenos en el cielo ; 
Ni más castigo que la voz terrible : 
Fuiste ignominia y destrucción del suelo. 



H 



FELIPE PARDO. 



Vio el Rímac á un anciano el alto trono, 
De la inflexible Temis ocupando : 
y le vio, de la plebe al fiero encono, 
Las homicidas balas aguardando (i). 



Y ni el temor ni la ventura pudo 
Avasallar su intrépida entereza : 
Que es la virtud inexpugnable escudo. 
Do se estrella el orgullo y la bajeza. 



Este su padre fué y este tú eres, 
Oh caro amigo, en trances semejantes 
Las penas superar y los placeres 
Es el oñcio de ánimos constantes. 



Yo recuerdo ¡ay de mí ! los bellos días 
De tu primera juventud dichosa, 
Cuando por mí adestrado le pedías 
A Horacio y Newton su laurel y rosa. 



¿Porqué tan dulces, gratos devaneos 
Trocó en fieros cuidados el destino ? 
¿ Porqué en vez de los mirtos citereos 
Presentaste, ambición, tu rudo espino? 



(i) Refiérese al padre de Pardo, que como Regente de la Audiensia del Cuzco, 
fué reducido á prisión, y estuvo á punto de ser fusilado (no en Lima sino en 
Arequipa) por los revolucionarios de 1814. (Ed.) 



-i- í — / 



POESÍAS. 1 5 

Pero del mando hollar la instable senda 
Al alumno de Erato no desdice : 
El valor y virtud de ti se aprenda, 
Y la fortuna, de otro más felice. 



Madrid, 34 de agosto de 1838. 

A ¡os 63 años di' edad, 

tu Albfrto Lista. 






-H 



DEDICATORIA DEL AUTOR | 



A MI HIJA FRANCISCA (i). 

Dudar, Paca, no puedo que penetras 
Que con razón mi libro te consagro; 
Porque si sale al mundo de las letras, 
Tuyo ha sido el milagro. 

Desdeñosa de goces mujeriles 

Tú, con ardor de varonil inglesa, \ 

Te embarcas, en la flor de tus abriles, j 

En la más ardua empresa : i 

De enmarañado bosque en la espesura, í 

Lanzaste audaz á caza de mis versos. 
Cual las hojas de otoño, á la ventura, 
Por treinta años dispersos : 

Dispersos y olvidados ; pues me emplumen, 
Si pensé alguna vez, ni por asomo, 
Con los fugaces frutos de mi numen 

Dar al público un tomo : ' 

i 

(i) Doña Francisca Pardo de Osma, la infatigable é inteligente secretaria y ' 

enfermera del autor, durante tantos aflos : su esposo era tío camal de la ^duquesa \ 

de Cánovas. (Ed.) 



\ 



POESÍAS. 17 



Baúl no queda, armario, ni repisa, 
Escritorio, alacena, ni escondrijo, 
Que escapar pueda, en la feroz pesquisa, 
A tu tesón prolijo. 



¿ Qué hacer, si de uno que otro raro amigo, 
Que queda al declinar de la existencia. 
Me insta á salir de mi repuesto abrigo 
La amable impertinencia? 

¿Qué hacer, si á esas instancias ve tiranos. 
El padre más feliz de los rhortales 
Ligarse con fervor, de tus hermanos 
Los afectos fíliales ? 



I Qué hacer ?... cedí para no armar camorra : 
Las manos me lavé como Pilato 1 
Consentí en ser autor.... jDios me socorra! 
Y tú pagaste el pato. 

Tú,.... que en la edad risueña de la vida, 
Gozaste en dar alivio á mi dolencia, 
A mi debilidad sostén y egida, 
Pasto á mi inteligencia.... 

Paca, natura é bella^ perch é varia 
Brazo, escribir, leer, unturas, vendas. 
Lazarillo, enfermera, secretaria.... 
¡ Hija ! ¡ qué tres prebendas ! 



1 8 FELIPE PARDO. 

Tú en fin á la rebusca te arrojaste, 
De polvo y telarañas te cubriste, 
Como un gañán en el trajín sudaste 
Pero por fin venciste. 



Semanas y semanas de trabajo, 

Y el fruto de tu afán recibió el sello, I 

Y lo rouniste todo en un legajo. 

; Ay mísero ! ¿ qué es ello ? 

Ctttisma de indescifrables borradores, 
Á que artista ratón ornó la orilla, 

Y en que variadas, caprichosas ñores 

Dibujó la polilla. 



En forma y en tamaño diferentes, 
Dentro de libros viejos escondidos, 
De rimeros de cartas, de expedientes, 
Y de autos fenecidos. 



I Piensas que ya acabaste? No por cierto 
La compaginación nos falta ahora. 
Que con igual pericia lleve á cabo 
La recopiladora. 

Ld aguja, y al taller. Otra vez suda. 
Hilvana desparcidos pensamientos : 
Interpreta, adivina, aclara, anuda 
Dislocados fragmentos ; 



» I 



r~ 



poesías. ig 

Y prosiga el tropel de maravillas, 
Hasta tornar, por mágica victoria, 
En sátiras, comedias, y letrillas, 

La horrible pepitoria. 

¡Qué pasmo!... la tornaste.... y á tal punto 
Hábil llegó tu pertinacia ardiente. 
Que hiciste facilísimo el trasunto 
A cualquier escribiente. 

« 

Hay más (en recordarlo me recreo) : 
La antorcha iba á encenderse de tu boda, 
Mas las festivas pompas de Himeneo 
No te absorbieron toda j 

Que las nupciales galas no quisiste 
Retocar con maestras pinceladas^ 
Sino después que en mis escritos diste 
Las últimas plumadas. 

Tuyos por tanto son : ciegOy y tullido^ 

Y del dolor atado á la cadena, 
^Cómo emprender hubiera yo podido 

Tan ímproba faena ? 

¡ Cómo, si sano, y ágil, y con ojos, 
Mi paciencia mil veces agotada. 
Hubiera dado al traste en mis enojos 
La empresa endemoniada ! 



i 



i 



20 FELIPE PARDO. 

Penetren todos, pues, cual tú penetras, 
Que con razón mi libro te consagro ; 
Porque si sale al mundo de las letras, 
Tuyo es, Paca, el milagro. 

Lima, 1864 á 65 (i). 

(i) Esta es probablemente la última composición de Pardo, unos tres afios 
antes de su muerte ; pero se coloca aquí sólo por ser la dedicatoria, y como el 
prólogo poético del autor, (Ed.) 



POESÍAS JUVENILES Y FESTIVAS. 



POR ORDEN CRONOLÓGICO { 1 827- 1 843.) 






LA COLUMNA DE VENDOMA, 

TRADUCCIÓN DE VÍCTOR HUGO. 



^ 



ODA. 

¡Vengador monumento! 
¡ Indeleble trofeo, que audaz lanzas 
Tu gloria en espiral al firmamento, 
Desde la base inmoble en que te afianzas ! 
¡ Únicos restos hoy, único indicio, 

Que no fuera bastante 
El hado, á sepultar del edificio • 

Soberbio del Gigante! 
¡ Despojos del Imperio lastimeros 

Y de ínclitos guerreros, 
Cuyos nombres la fama voladora 
Lleva desde el ocaso hasta la aurora ! 
Yo te amo; el extranjero con asombro 
Te mira, y con pavor. ¡Triunfal escombro! 
Yo te amo, y á esos héroes cincelados 

En ti por la victoria ; 
Y á ésos, que custodiándote agrupados 

Ves, fantasmas de gloria ! 
Al ver en tus relieves numerosos, 
Grabados los guerreros animosos 

Que el mundo contrastaron, 



24 FELIPE PARDO. 

Y á quienes el Danubio, el Po, y el Reno 
En sus sangrientas ondas arrastraron, 
De orgullo el corazón se siente lleno, 
i Oh de grandeza espléndido tesoro ! 
¡ Gigantesco adalid, que te levantas 
Hollando tu conquista con tus plantas ! 

I Oh Columna ! Yo adoro 
Esos hermosos timbres que la fama 

Erige á almas guerreras, 
Tus lorigas, tus cascos, tus banderas. 



El gran Enrique, el protector celoso 

De la patria ventura, 
Que eternizara en bronce la escultura ; 
Y tú ¡ Emblema precioso 
Del ilustre valor de nuestros Cides ! 
Juntos salvad, ministros de concordia, 
Á la nación de la civil discordia. 
Saliendo, uno de amor, otro de ira. 
Signos eternamente duraderos 
De nuestra dicha y honra, tutelares, 
Enrique de las arcas populares. 
Tú, de los arsenales extranjeros. 



Cuando la noche al desplegar su velo, 
Alza la clara luna y presta al mundo 
El esplendor del estrellado cielo, 
I Oh! ¡Cuántas veces con dolor profundo 
A tus pies complacíme reverente 

En recorrer tu historia 

Con inflamada mente. 



pr-^- 



POESÍAS. 25 



Participar creyendo de tu gloria, 
Cual tímido aldeano 
En el rico festín de un soberano I 



I Oh! I Cuántas veces ver enrojecido 

¡ Oh Columna ! en la fragua, 

Tu enemigo metal me ha parecido ! 

Y I cuántas reanimando á tus guerreros 
El galope escuché de sus bridones, 

Y el choque aterrador de sus aceros, 

Y el fiero batallar de tus legiones ! 
Nunca los extranjeros 

A ti sus ojos sin terror alzaron, 

Ni tu sombra buscaron, 
Ni con su marcha osaron altaneros 
Tu base conmover, que cuando fiera 
Los condujo la suerte á esta ribera, 
Nunca en ocioso alarde desplegaban, 

Con altiva arrogancia 
Sus huestes, ante el bronce, do miraban 
Esculpidas las glorias de la Francia. 



Mas I qué I ¿Con sordo ruido 
Suenan tus armaduras? ¡ Ahí Yo creo 
Ver á tus batallones esforzados. 
Del bronce transportándose á la tierra.. 
Sí ; y á esos héroes, rayos de la guerra, 

Ardorosos los veo, 
Retroceder del celestial camino, 
Y con noble entusiasmo dar al viento 

Los nombres de Dalmacia, 
De Reggio, de Trevisa y de Tarento. 



2 



»^ 



26 FELIPE PARDO. 

Y veo que tus águilas furiosas 
Despertando del sueño en que yacían, 

Persiguen animosas 
A esa águila bifronte cuyos ojos, 

A la sombra avezados, 

Se cierran á su vista 
Cual del sol á los rayos abrasados. 
Mas ¡qué ! ¡ Envidia de Roma, bronce augusto! 
<iSe encienden tus legiones en coraje? 

Con vergonzoso ultraje 

¿ Quién atrevióse injusto 
A despertar tus sombras inmortales ? 

¿ Quién, esas victoriosas 

Águilas imperiales 
Que dormir tanto tiempo miré ociosas. 
Con el rayo en sus garras apagado?.... 

¡Ah! lo sé : el extranjero ya ha olvidado 

Que la Francia grabara en su memoria 
Esas páginas que él, con mano osada, 

Rasgar quiere en la historia. 
Que con sangre escribiera nuestra espada.... 

¿ Cede al torpe deseo • 

De que sus golpes hagan 
Centellar tan magníñco trofeo ? 

Sí, que ignora el cuitado, . 
Que ese bronce de rayos fabricado 
Donde las glorias de la patria sellas. 
Relámpagos despide, no centellas, 



¿ Fija en Napoleón su torpe saña ? 
¿ Acaso de esos timbres singulares, 



p'^ 



POESÍAS. 27 



Fruto de tanta y tan gloriosa hazaña. 
Disputar, su impudencia 

Pretende, á nuestros viejos militares 
La sacrosanta herencia? 

Débiles son sus manos é infantiles ; 

Para tal carga : el reino de Alejandro 
Y las armas de Aquiles, 

Sólo se distribuyen á los héroes. 



Empero no : el Austriaco está contento, 

Si esos preclaros nombres 
Solo sm mengua dicen á los hombres. 

Él de su vencimiento 

Nuestros títulos forma, 

Y feudales señores 
Temiendo más que ilustres vencedores, 
Que pasmo fueron de apartadas zonas, 
Coronar nos permite á nuestros héroes 
Si sólo de laurel son las coronas, (i) 



Di bronce ¿ alguna vez quizá altanera 

Por sólo una victoria, . 

Clavar sus ojos pudo 
En tu esplendente lumbre expiatoria? 

¿De dónde, pues, de dónde. 

De qué hechos inmortales 

(i) Esta composición fué escrita por Víctor Hugo con motivo de la cuestión agi- 
tada en 1826 y 27 entre el Austria y la Francia, sobre la pretensión de la primera, 
de que se aboliesen los títulos de nobleza que instituían feudos en Alemaniau El 
Austria únicamente consentía en reconocer los títulos que sólo importaban el re- 
cuerdo de alguna victoria. 



I 



f 

i. 28 FELIPE PARDO. 



f" 

f 



^ 



Audacia tal dentro del pecho esconde ? 

¿ Pensará impunemente 

Tocar esos anales? 
¿ Cómo lee esas páginas triunfales 
Que desenvuelves en el éter puro? 

Escrito tan oscuro, 
Tal vez su mente tímida no entienda..., 

Mas á entenderlo aprenda, 
Al pie de las Pirámides, en Viena, 
En el viejo. Kremlin, en la morada 

Del Escorial sombrío ; 
Y á la turba brillante y coronada 
Explíquelo, de príncipes que un día, 

De una tienda empolvada, 
El imperial vestíbulo cubría 



¿ Qué piensa en su jactancia 

El extranjero, que provoca á Francia ? 

I Que alcanzará su voluntad proterva 

Humillaf nuestra frente, 
Cuando ayer fué la Europa nuestra sierva? 
El destino, es verdad, nos fué inclemente ; 
Mas á pesar de su feroz embate, 
Marchar aún podemos al combate ; 
Que tal vez en la paz en que ha dormido. 
La garra del león ha renacido. 



I En dónde los derechos adquirieron 

De arrancarla corona á nuestras glorias? 

Los Borbones quisieron, 
Hidalgos, adoptar nuestras victorias : 



p;^?^» 



POESÍAS. 29 

De hostilidad ruin te defendieron, 
Y el celo que en pro tuya los empeña, 
Permite que hoy tus águilas reposen 
Bajo la sombra de la blanca enseña. 



¡ Qué ! ¿ Eléctrico volcán conmueve el globo ? 
Y ¿tiembla, más allá del océano, 
El suelo americano? 
X ¿rugen las Turquí as ? 

Y ¿torna Grecia á sus antiguos días? 

Y ¿ en vano el reino portugués se agita 
Por sacudir el yugo át Inglaterra ? 

En tanto ¡ ah ! frío espectador se irrita 
El Franco, de no ser el pueblo solo, 
Que haga á su voz estremecer la tierra. 



En vano ¡ oh extranjeros ! 

En su apacible cuna 

Ociosa paz nos mece, 
A nuestro instinto bélico importuna ; 

A los gritos guerreros. 

Nuestro entusiasmo crece ; 

Manejan nuestras manos, 
Por nuestro mal al ocio condenadas, 

Liras en vez de espadas ; 
Mas si del seno de la paz salimos, 
Tan bien como cantamos, combatimos. 



Mirad, mirad que la nación gloriosa 
Pasmo del siglo y arbitra del mundo, 

No en sueño tan profundo 

Adormida reposa 



2. 



'^'^ 



3o FELIPE PARDO. 

Que á un ultraje ensordezca. 
• Tal vez su justa furia 

Los partidos quebrantan : 

Mas oyendo una injuria, 
Unidos los Franceses se levantan 

Y nada los arredra : 
Las armas se revisten del guerrero ; 

Y la Vendea aguzará su acero, 

De Waterloó en la piedra. 
¿Proscribís nuestros nombres inmortales? 
I Queréis que entre vosotros levantemos 

Monumentos marciales; 

Y los nombres dejando, que pregona 
La fama que á los héroes galardona, 
Otros en vuestro suelo mendiguemos? 

¿ En vuestro bronce impresos 
No están, para vivir eternamente ? 



¿Romperá el extranjero los blasones 
Que ilustran á la Francia? 

Y ¿ con martillo vil nuestros escudos 

Pretenderá abollar en su arrogancia ? 

No; que para castigar ultraje tanto, 
Dueños sois ¡ oh Franceses! 
De la paz y la guerra, 
Como el Romano célebre, 

Que conmoviendo á su placer la tierra. 

Las llevaba en los pliegues de su manto. 

Paso á los arenales africanos 
Cádiz os da, si os place, 
Y al Asia, el moscovita : 

A vuestra vista, Ingleses y Germanos 



I^í«?**' 



t < 

í 



POESÍAS. ^l 



Huyen en muchedumbre pavorosa : 
Si vuestras trompas bélicas retumban, 

Las torres se derrumban ; 

Y en sus marchas triunfales, 
Saben vuestras banderas el camino 
De las más apartadas capitales. 



Si con vuestro destino 
Los suyos pesan las demás naciones 
Destronadas se rinden : es la gloria 
A vuestros hechos, pobre en galardones : 
Si en el Oriente el fúlgido lucero 

De la Francia aparece, 
A su brillo todo astro se oscurece ; 
Y si os movéis, os sigue el mundo entero. 



Que os tienda lazos Austria : 

Su soberbia corona 
Ya hollaron dos gigantes soberanos : 

La historia que pregona 

Del tiempo los arcanos, 

Sobre la doble frente 
Del buitre audaz provocador de Galia, 

Doble baldón revela. 
Que allí estampó el gran Garlo su sandalia, 

Napoleón su espuela. 



Ya no tenéis esa águila que el suelo 

Temblar hizo á su vuelo : 
Empero, si otro es ya vuestro, estandarte, 
Vigilante custodia de los Galos 

El ave cara á Marte 



^ 



32 FELIPE PARDO. 

Dando al aire su voz despertadora, 

La tiniebla profunda, 
Trocar súbito puede, que os circunda, 

De Austerlitz en la aurora. 



Y ¿ puedo yo callar? ¿Yo que embriagado. 

Mi nombre en otro tiempo 
Escuché al grito bélico mezclado ? 
; Yo que seguía en su veloz carrera 

Victoriosa bandera, 

Mi débil voz uniendo 
De los roncos clarines al estruendo ? 
; Yo que soldado fui desde la infancia ? 



No, hermanos, no, de Francia 
Valientes hijos de esta edad inerte ; 
De la guerrera tienda á los umbrales 
Hemos crecido ; y si contraria suerte 
Enfrena nuestros ímpetus marciales. 
Águilas de los cielos desterradas; 

Sepamos á lo menos. 
Centinelas de glorias heredadas. 

De ultrajes insolentes 

Guardar las armaduras 
De nuestros inmortales ascendientes. 

Madrid, 1827 (i). 

(i) Este es el primer ensayo del autor, á los veintiún afios, y pocos meses 
antes de su regreso al Perú. (Ed.) 



LA DESPEDIDA, 



Amor, tus raudas alas 
Al céfiro confina : 
Lleva á la amada mía, 
Mi postrimer adiós ; 

Y dile que en la ausencia 
Que fiera nos divide, 
La sacra fé no olvide 
Jurada por los dos. 



¡ Instante de amargura, 
Eterno en mi memoria, 
En que el hado, mi gloria 
Sañudo acibaró! 

No más me martirices, 
Que por mi dulce encanto, 
Ya bien copioso llanto, 
Mis párpados regó. 



¿ Y de qué sirve ¡ ay triste ! 
Que brote hora abundante 
Y hasta mi pecho amante 
No cese de correr; 



íAí/^ 



34 FELIPE PARDO. 

Si respirando ausente 
No puede mi adorada, 
De amores abrasada 
Mis lágrimas beber? 



Destrenzado el cabello, 
Blancos los labios rojos. 
Todo llanto los ojos, 
El pecho todo amor ; 

Así te vi al dejarte; 
Y así vive grabada 
Tu imagen adorada, 
En mí por el dolor. 



Tu delicada mano 
Aun con mi mano estrecho 
Aun cerca de mi pecho. 
Juntas las siento arder : 

Y aun el adiós escucho 
Sentido y balbuciente, 
Que sofocó tu ardiente 
Sollozo postrimer. 



¡ Tú me amas, vida mía ! 
¡Consoladora idea ! 
¡ Cuál mi alma se recrea. 
Su dicha al contemplar ! 



POESÍAS. 35 



f 



¡ Tú me amas ! . . ¿ Y tu amado 
Habrá de abandonarte, 
Y fiero condenarte, 
A triste suspirar ? 



¿Qué importa que las glorias 
De amor te haya enseñado. 
Si también despiadado 
Te enseño yo á sufrir? 

La suerte así lo ordena, 
Mi bien ; culpa á la suerte : 
Que yo, mejor la muerte 
Quisiera, que partir. 



¡ Parto !... El alma se entrega 
A ciego desvarío, 
Y'con el verso mío, 
Ansia volar á ti... 

¡Tú lloras !.,. Sí, y mi labio 
Envanecido clama : 
a El llanto que derrama 
« Mi querida, es por mí. » 



i Parto, mi amor!... tu imagen 
Idolatrada y bella. 
Llevo conmigo ; en ella 
Mil besos sellaré : 



36 FELIPE PARDO. 

Y tu adorado nombre 
^ En medio á mis tormentos, 

t Mezclado con lamentos, 

f Al aura entregaré. 



Tú, blando amor,* tus alas 
Al céfiro confía : 
Lleva á la amada mía 
Mi postrimer adiós. 

Y dile que en la ausencia 
Que fiera nos divide, 
La sacra fé no olvide 
Jurada por los dos. 



Gibraltar, 1827. 



Tí* 



A SALVAGIO. 



SÁTIRA (i) 

Tú que á las cumbres de Helicón hermosas, 
Anhelas por subir, Salvagio mío, 
Y te pierdes en selvas espinosas ; 



Rumia, para seguir con doble brío, 
El penoso trabajo que emprendiste, 
Las amigables letras que te envío. 



(i) Recién llegados de Europa, en 1828, escribimos en el Mercurio peruano^ mi 
amigo D. José Antolín Rodulfo y yo, varios juicios sobre las representaciones 
dramáticas ; juicios que levantaron, dentro y fuera de bastidores, una espantosa 
polvareda ; y que nos suscitaron rudos ataques, en numerosos artículos publicados 
en el Telégrafo de Lima; que tomaron eydorosamente la defensa de las piezas 
censuradas, y que no se contentaron con impugníirlos, sino que llegaron hasta á 
desconocer nuestros títulos de propiedad á nuestros modestos ensayos, declarán- 
donos plagiarios de un escritor de España, Cagigal, tan desconocido para nosotros, 
como sin duda debía serlo para los que jamás pudieron citar de él más que el 
nombre. Un artículo que yo escribí, juzgando la Raquel^ tragedia muy conocida de 
Huerta, llevó á su colmo la indignación de los abogados del Teatro, que, con más 
ardor y menos cordura que nunca, declamaron contra el atrevido censor de una 
obra que ellos consideraban perfecta. He aquí lo que motivó la sátira á Salvagio, 
cuyas alusiones no podrían entenderse sin la presente explicación. Los pensamien- 
tos que forman el proyecto de circular que figura en la sátira, están extractados de 
los artículos del Telégrafo^ y copiadas textualmente de ellos, las palabras y 
frases escritas en toda la sátira en letra bastardilla. 



.'. «. «. 



'v'-n*;' 



íf 












38 



FELIPE PARDO. 



Sin duda que al principio no supiste, 
Sin estudiar, el modo de ser sabio, 
É innumerables libros adquiriste. 



No presumas, amigo, que te agravio : 
Todos lo han hecho así ; pero el moderno 
Sistema, al punto te dirá mi labio. 



Antes de todo, mandarás á un cuerno, 
Á cuantos preceptistas malandrines 
Vomitaron las furias del Averno : 






í' K 




También será forzoso que destines 
Para los muladares y fogones 
Los Terencios, Molieres, Moratines, 



Los Rojas, los Moretos, Calderones, 
Los Lopes, los Riojas, los Herreras, 
Los Meléndez, Quintanas y Leones; 



Ponte luego á escribir lo que tú quieras: 
Tal vez hacerte vate celebrado 
En la elevada lírica prefieras. 



No formes plan, y ensarta de contado 
Dos estrofas, y cinco, y veinte y ciento; 
Y en estilo pedestre y arrastrado, 






POESÍAS. 39 



En ronca voz y destemplado acento, 
Sin majestad, sin raptos, ni armonía, 
Necias figuras brotarás sin cuento. 



¿Dices que no, Salvagio? ; La manía 
En que has dado hace tiempo de gracioso, 
Tal vez te lleva al templo de Talía ? 



¿Tampoco? — ¿El continente majestoso 
De Melpomene, acaso te convida 
Su puñal sacro á manejar furioso? 



Haz que el príncipe diga á su querida 
Que sus ojuelos y melena blonda, 
Le tienen dado al diablo con su vida ; 



Que se ponga madama muy oronda, 
Y, entre lamentos de dolor profundo, 
Otros tantos requiebros le responda. 



Acaba el primer acto. En el segundo 
Empezará el monarca á resfriarse, 
Y con su frío, á estremecerse el mundo. 



Vuelva poco después á enamorarse, 
Y estará en el principio del tercero, 
Con un palmo de lengua por casarse. 



40 FELIPE PARDO. 

Suena el pito otra vez : un pueblo entero 
Sé enciende en rebelión contra la dama, ; 
Y la amenaza con la muerte, fiero. 



I Qué hará el galán entonces á quien llama, 
Ya en tremendo motín la plebe airada, 
Ya el devorante amor en que se inflama? 



¿Proteger, fino, á su Raquel amada? 
¿Apaciguar la multitud furiosa? 
No : es muy sesudo el rey; y abandonada 



Deja al peligro á su israelita hermosa : 
Deja gritar á la feroz gavilla, 
Y en el fuerte conflicto hace otra cosa, 



Mucho más natural y más sencilla; 
Irse á casar... La turba de pedantes, 
« ¡ Qué atroz disparaten ! » furiosa chilla. 



¡ Eh ! déjala que chille : no te espantes, 
Es licencia poética... que grite, 
Y que ronquen los otros circunstantes. 



Llamando á su pichón, se desgañiie 
La judía y perezca asesinada. 
Por otro que jugaba al escondite. 



poesías. 41 

¿ Gruñes también y no respondes nada ? 
Si quieres del Parnaso ir á la cima, 
Di i cuál es el camino que te agrada ? 



I Ah! ya lo sé : no gustas de la rima; 
Y con chistosos diálogos pretendes 
Embarrar el Telégrafo de Lima. 



I Bravo, Salvagio ! digo que lo entiendes, 
Y que de tu instrucción y tu talento, 
Es trabajo dignísimo el que emprendes. 



; Hora te gusta ! ¡ saltas de contento ! 
Pues para que hoy empieces tus labores, 
Te diré dos palabras al intento. 



No te afanes, amigo, ni acalores, 
Diversos caracteres inventando, 
Ni con varios matices los colores. 



Tres ó cuatro personas : Don Fernando, 
Don TeodorOy Don Cosme, Canovita, 
De un mismo modo ofrecerás hablando. 



Bueno será también que se repita 
La misma idea tres y cuatro veces, 
Hasta que tengas una resma escrita, 



42 FELIPE PARDO. 

Y si tal vez al público adormeces; 
Si le haces apurar en tus renglones 
La copa del fastidio hasta las heces; 



Si una porción de sandios criticones, 
Contra ti alzando la envidiosa frente, 
Trucidan sin piedad tus producciones ; 



Prepárate en la lid á entrar valiente, 
Y citando á Rabíes y á Bijacmanes, 
Les pasarás la circular siguiente : 



¡ Muchachos ! ¡ ignorantes ! ¡ charlatanes ! 
Que de hacer plagios sois capaces sólo, 
Y jalándoos (i) los cuellos, muy galanes. 



Las tertulias correr. ¿ Del sacro Apolo 
Queréis el templo profanar osados, 
Y oiros celebrar de polo á polo? 



¿Qué fuera de vosotros, desdichados, 
Si no hubiera en el mundo Gagigales, 
Ni tuvierais volantes bien corlados? (2) 



Deslumhrad á las gentes mazorrales... 
Mas no lleguéis á presumir que rabio, 
Al mirar vuestras críticas bestiales. 

(1) Jalar. Corrupción del verbo halar ^ que se usa por el vulgo como sinónimo 
de tirar. 

(2) Volante. — Voz también vulgar, que equivale á frac. 



poesías. 43 

¿Yo rabiar, majaderos, cuando el labio 
De todo el orbe me concede justo, 
La opinión de hábil, erudito y sabio! 



¿Habláis? me voy sin el menor disgusto 
Del auditorio d una tertulia un rato, 
Y me pongo á reir con mucho gusto : 



^ 

<r O comienzo á alentar á Don Torcuato 
« Para que quiera, en poéticos sermones 
« Provocaros á un duelo literato, » 



Haz por este tenor composiciones 
En un lenguaje tan correcto y puro, 
Lleno de tan urbanas expresiones. 



Escribe así, Salvagio, y yo te juro 
Que de aquí á un mes, si imprimes á destajo. 
No será ya tu nombre tan oscuro. 



Alabará Simplicio tu trabajo, 
Y dirá que llegaste á la eminencia 
A que no llegan muchos de acá abajo ; 



Que eres de los ingenios la excelencia, 
Y que es mucho consuelo ver lo que haces, 
Estando tu Colegio en la indigencia. 






I 



44 FELIPE PARDO. 

\ 

¡Oh! nunca, nunca, ni él ni sus secuaces 
Con impiedad intentarán herirte, 
En sátiras groseras y mordaces : 



Muy al contrario : lejos de decirte 
Que eres un ignorante mozalbete, 
Querrá el laurel olímpico ceñirte, 
Gomo él se puso el doctoral bonete. 



Lima, 1828. 



.«JÜ 



AL SEÑOR DON J. J. DE OLMEDO <«>. 



ODA. 

Cortante espada^ que en feroz contienda 

Abatió vencedora 

Cabezas enemigas, 
Y fué con sus reflejos tan tremenda 
Cual la lumbre del rayo destructora : 
Yazga en quietud eterna sumergida; 

En negro orín el tiempo 
Envolverá su brillo deslumbrante 

Y su filo tajante ; 

Hasta que carcomida, 

Al impulso más leve 
Veráse en sucio polvo convertida. 



Al alazán brioso 
Que no temió erizadas bayonetas 

De fuertes batallones ; 
Que por entre los fuegos discurría, 
Con vistosos arqueos 
Las manos levantando, 

(i) El célebre autor del Canto á Juni?i, nacido en Guayaquil ; pero educado 
en Lima, donde figuró al lado de Bolívar (i 784-1 847). (Ed.) 

3. 



46 FELIPE PARDO. 

Gomo pudiera en fiestas y torneos, 
Que ágil, veloz, impávido y fogoso, 
Densas filas rompía, 
Y hollaba con sus plantas, 
Mil cuerpos de guerreros expirando; — .... 

Míralo en aquel prado, 
Desgreñada la crin, caído el cuello, 
Por su ingrato jinete ya olvidado. 
Su casco ayer el encrespado risco 

Y la áspera montaña hería fuerte, 

Y hoy pisa trabajoso blanda tierra. 

Flaco, débil y mustio. 
Próximo á ser despojo de la muerte. 
Perdió su ardor natío 
Para la cruda guerra, 

Y en la carrera el arrogante brío. 



Atleta corpulento 
En medio el ancho circo, 
Sus colosales miembros ostentaba 

Y su esbelta apostura; 

Y no bien entregaba 
Con soberbio ardimiento, 

Y arrogante y gentil desenvoltura 
El brazo á la pelea; 

Guando miraba al ímpetu violento, 
A sus pies abatido 
Al más fiero contrario. 

En polvo, en sangre, y en sudor teñido. 

Pero ¡ ah ! ya el eco grato de la gloria 

Su espíritu apocado no enardece ; 

No busca ya el laurel de la victoria; 



r^i^-* 7 



poesías. 47 



El ceño de un contrario lo estremece; 
A la sangrienta lid el cuerpo niega 
Y al ocio muelle y femenil se entrega. 



— Descuidado de ti, raudo caminas 

A igual destino, Olmedo. 
El fuego inspirador del sacro Apolo, 
Que arrebata la mente á las divinas 
Mansiones del Olimpo, arde en tu alma. 

Tú conseguiste solo 
Entre los vates del Perú la palma ; 

Ya la suerte llorando 

De aquel precioso niño 
Que abrió sus ojos á la luz del día. 

Aún atada la patria 
Al yugo de la negra tiranía. 
Ya celebrando en inflamado tono 

El venturoso instante 
En que, vencido el pabellón del trono. 
La patria enseña flameó triunfante. 

Pero ¡ay! que sumergido 

En ocio y en silencio. 
No los labios desplegas, 

Ni de tu acorde lira 
El eco resonante al aire entregas. 

Indócil tu albedrío 
Al elevado numen que te inspira. 



Tiempo será, si su favor desdeñas, 
Que irritado ese numen, niegue frío 
Su inspiración al canto. 



•|r « 



48 FELIPE PARDO. 

Y en heladas cenizas convertida 
El ascua engendradora de esa llama 
Que el corazón te inflama, 
No elevarse atrevida 
Tu voz sonora vuelva 
En sublimes canciones; 
Que verde musgo envuelva 
Las cuerdas de tu cítara, y no alcances 
De tu inútil pulsar otra armonía 
Que mal ligados sones. 



Y ¿verás impasible que se acerca 

Ese funesto día, 
Así á tus compatriotas doloroso 

Como á ti vergonzoso, — 
En que perdido el sacro privilegio, 
Que á regiones más altas te sublima, 
Entre el profano vulgo te confundas? 
¿Tal vez, tu blanco corazón herido 
Por el punzante arpón de los pesares. 
No puede complacido 
Darse á dulces cantares? 
¿Tal vez ausente de tu cara esposa 

Y del único fruto 
Que el cielo á tus amores reservara, 
Ligada noche y día 
A tan tiernos objetos, 
Huye al poder de Dios tu fantasía? 
I A! no : bien sabes, inspirado vate, 
Que cual suele apacible ventolina 
Disipar densa niebla. 
Tal la influencia divina 



^wK'f^-'' i r " 



pOEsíx's. 49 



De las musas, al alma pesarosa 
Consuela, tierna amiga, 
Con habla cariñosa, 

Y la amargura del dolor mitiga. 



¿ Falta acaso á tu lira, asunto digno ? 

¿No puedes dar lecciones 
De paz y de grandeza á este hemisferio, 
Elevados ejemplos presentando 

De otras libres naciones? 
¿No ves hondo venero de belleza 
Entre los fastos del antiguo imperio? 
¿Maldecir en tremendas armonías 
No te es dado, los crímenes atroces 

De los aciagos días, 

En que monstruos feroces. 
Deshonrando de España el poder regio. 
Con vil codicia y negro fanatismo, 
Cometieron el torpe sacrilegio 
De hacer correr la sangre de los Incas 
Mezclada con el agua del bautismo?, 



Ó bien; ¿por qué las mieles destilando 

De angelical dulzura. 
Que el Dios de la bondad puso en tu pecho? 
¿ Por qué no ensalzas con acento blando 
De nuestros ricos campos la hermosura, 

Y en recompensa digna 
Del afecto que de ellas merecieras ? 
¿ Por qué el gentil donaire y la ternura 
No celebras, cantor, de las hermosas 



ti. ■ 



mm- 






m'- 



r- 

Ir 

f<í. ' , 



f*v- 






5o 



FELIPE PARDO. 






^-.'■T,. 






fl-X 
.y. 



Que habitan estas playas, 
Y de las que se aduermen voluptuosas 

En las vastas praderas, 
Con que da ufano tu pomposo Guayas 
Orla siempre florida á sus riberas ? 
Tan culpable inacción destierra, ¡ Oh vate ! 
Al mágico poder de tu armonía, 
Haz que mi pecho ufano se dilate. 
Canta : y el padre del Perú, bondoso, 

Al canto sonoroso. 
Desde su solio diamantino ría : 
Canta; y mi numen inexperto guía. 



w ■ 



Lima, 1829. 



\. 



■í^ 



r^^-»". \.- » 



LA ENTRADA DEL ANO. 



CANTATA 

Á LAS HERMOSAS DE LIMA. 

Mirad allá, de Europa en las regiones, 
Cuan sañudo se ostenta el viejo Enero, 
De escarcha y seca rama coronado, 

Por fieros aquilones 
En su carro de nubes arrastrado. 



Guianlo en su sendero. 
Las horas de la noche tenebrosas; 
Y al rechinar horrendo de sus ruedas, 
Responden tempestades horrorosas. 



Mientra, en la dulce Lima, 
Galán hermoso lo conducen ledas 
Las juguetonas Náyades del Rima. 
Las acompaña el céfiro suave ; 

Y, ya de la más bella 
En el nevado seno se adormece ; 

Ya en sus purpúreos labios, 

Osado el beso sella; 

Ya travieso le agita 

El cabello coposo, 



\. 



L_ H» 



&: 



52 FELIPE PARDO. 

Que contraste vistoso 
Á los ojos ofrece, 
Con los blancos jazmines que lo adornan. 



Ciñe el año naciente 
De floridas guirnaldas su ancha frente; 

Y la tersa frescura 
Y el rosado color de su mejilla, 
De los frutos retratan la hermosura 
Con que Pomona en nuestros huertos brilla. 

¡Hijas de Lima hermosas! 

A gozar os convida 

La aurora de la vida, 

Que entre celajes fúlgidos 

Empieza á amanecer. 

La estación suspirada 

Ved llegar placenteras, 

Que pinta lisonjeras, 

A vuestra mente, imágenes 

De amor y de placer. 



P Amad, gozad los rápidos instantes, 

^^' En que os sonríe juventud dichosa 

f Mas jay! tras este Enero que os halaga, 

Otro Enero vendrá, y otros Eneros : 
^ De la tarda vejez la nube aciaga 

I Cubrirá las mejillas rozagantes ; 

fV Y cual suelen relámpagos veloces 

Que atraviesan la atmósfera á deshora 
Y entre la negra oscuridad se pierden. 
Hechizos pasarán, amor y goces. 



POESÍAS. 53 

¿Y habrá el olvido 

De sepultar 

Los dulces rasgos 

De la beldad ; 

Grato solaz 

Que dar al hombre 

Sab€ y las almas 

Avasallar ? 
I Ay ! si vos lo queréis, vuestra belleza 
Eternamente guardará la fama. 
No de un amor vulgar la débil llama 
Os arda el corazón. No la riqueza 
Os cautive de avaro mercadante, 
Que encuentra más deleite en que su nao 

Venturosa retorne 

Al seguro Callao, 
Que en la tierna sonrisa de su amante. 



Tampoco os enamoren ' 
Brillantes armaduras y penachos; 
Que solamente á la beldad se abate 

£1 alma del guerrero, 
Hasta que suene la hora del combate; 
Y en tanto,que él entre las armas fiero 

Busca muerte gloriosa, 

En lágrimas acerbas 
Se inunda el rostro de su triste esposa. 



Él muere : erguida asoma. 
Entre la densa niebla de los tiempos, 
Su frente laureada; 



n^ 



54 FELIPE PARDO. 

Admira á los futuros ; mientras ella 
Cede al rigor de su infeliz estrella, 

Y perece afligida é ignorada. 

Amad á los poetas ; 

Y la posteridad vuestros encantos 
Que encendieron amor correspondido, 
Mirará, vencedores del olvido, 
Eternizados en sonoros cantos 

Por el vate feliz que os mereciera. 

Y las hermosas que del Po lejano 

Habitan la ribera, 

Y las que ostenta el golfo gaditano. 
Envidiosas verán los bellos ojos 

De las hijas de Lima, 
Que con vivacidad y con ternura 
Resplandecen ; la angélica dulzura 
Del apacible rostro 
Que la modestia anima, 
El pie pulido y el airoso talle. 



¡Oh! i Si el Dios de Helicona, 
Mi disonante cítara templara, 

Y con la llama pura 

Que su frente corona 

Mi espíritu inflamara ! 

Mi voz osada entonces. 
Cánticos entonando á la hermosura 
Que el cielo dio á las ninfas de mi patria. 
Del ocaso á la aurora cruzaría 
Y desde el septentrión al mediodía 

Lima, 1829. 



-V- 



EN LA MUERTE DE JOAQUINA. 



elegía 



Et rose, elle a vécu ce que vivent les roses. 
L'espace d'un matin. 



Malherbe. 



¿ Quién, belleza infeliz, se imaginara 
Que al dedicarte el cántico primero, 
El genio del dolor me lo inspirara? 



Él me lo inspira en eco lastimero, 
Y de mi corazón dueño absoluto, 
Ya que llenar no puede el orbe entero, 



Con sus acentos débiles, de luto 
Mi lira cubre, y en humilde rima, 
Flébil consagra á la amistad tributo. 



Y ¿es cierto? ¿ya tu rostro no se anima 
De la vida á los plácidos ardores? 
¿Ya te esconde el sepulcro en su honda sima? 



¿Qué se hicieron ios ojos brilladores. 
Que en sus vivaces giros encantaban? 
¿Qué el enjambre de gracias y de amores. 



Z^^-íJ. 



56 FELIPE PARDO. 

Que en tus lindas mejillas retozaban, 
Y la sonrisa afable despertando, 
En tus labios de rosa se anidaban? 



Todo responde á mi dolor, callando, 
i Despareciste I y por tornar á verte, 
En vano el corazón está anhelando. 



¿ Cuál de vuestra hija, ¡oh padres! fué la suerte? 
¿Qué fué de vuestra hermana, hermanos tristes? 
I Qué fué ? decid. — La arrebató la muerte. 



¡ Oh ! infausta realidad ! Sí : ya no existes, 
Y de tus tiernos años la morada 
De duelo amargo y lágrimas cubriste. 



j Nunca del Manzanares la apartada 
Corriente yo trocara por el Rima, 
Que riega el suelo de la patria amada ! 



Vuelto á su seno de remoto clima, 
Torné á ver los lugares suspirados, 
Que de mí lejos, encerraba Lima. 



Exentos de dolor y de cuidados, 
Aquí de nuestra infancia en paz dichosa. 
Brillaron los albores bienhadados. 







poesías. D7 

Pura, como del sol la faz radiosa, 
En nuestras almas candidas ardía 
De inocente cariño, llama hermosa. 



¡ Ardió ! ¡ Oh recuerdo ! y cuando el fausto día 
Llegó por fín, en que bondoso el hado 
Verte segunda vez dio al alma mía ; 



Para mi corazón fué más preciado, 
En medio á los encantos juveniles, 
£1 poder de tus gracias aumentado. 



¿Por qué, por qué en tus últimos abriles 
Quiso, Joaquina, la amistad sincera 
Solidar los afectos infantiles? 



¡ Ah! siendo habitador de otra ribera, 
Tu muerte á los oídos de tu amigo ^ 
En fría narración llegado hubiera. 



Mas no : quiso el destino que testigo 
Fuese infelice de tu fín aciago, 
Y que viviera mi dolor conmigo. 



£1 rostro, en antes de agradable halago 
Morada y de placer, pálido ostenta 
De negra muerte el ominoso estrago. 



k7 . 






ier- 



í>'" ' 






fcí'í - 



58 



^^ 



FELIPE PARDO. 



De los presagios de tu suerte exenta, 
Al son de alegre música entregabas 
Tu cuerpo hermoso al baile, ayer contenta ; 



Y con el rizo de ébano, que ondeabas 
Sobre el ebúrneo y palpitante pecho. 
El ágil movimiento acompañabas. 



í Hoy ese cuerpo inmóvil y deshecho, 
Privado del espíritu, reposa, 
Del ataúd en el recinto estrecho ! 



Yo lo vi, yo lo vi — no con la airosa 
Veste, que en otro tiempo lo adornaba, 
— No en medio de la turba bulliciosa, 



Que á su esbeltez divina se encantaba, 
Y del ingenio las alegres sales 
Con fogoso entusiasmo celebraba. 



Lo vi arrastrando ropas funerales : 
Vi que en él, más adorno no lucía, 
Que la palma y corona virginales : 



\n 



Vi que la muchedumbre lo seguía 
De mil amigos pálida y doliente ; 
Vilo en el seno de la tumba fría. 



m 



rv.^ 



- -» - ^ ^4 ■ 9- 



POESÍAS. 59 



¡ En ella yace I i yace eternamente 
¡ Padre infelice ! ¡ madre desolada ! 
Regadía veces mil de lloro ardiente. 



Alanzad la saeta envenenada, 
— Que el tierno pecho aguda os acongoja 
En suspiros y lágrimas trocada. 



Llorando, mitigad vuestra congoja. 
De vuestra hija la sombra lastimera. 
Por tributo de amor, llanto recoja. 



Cuantos guardáis su imagen lisonjera, 
Todos llorad la joven malograda 
De la edad en la verde primavera. 



A sus padres en la hija desdichada 
Un ídolo precioso arrancó el cielo. 
Ella fué del amigo, amiga amada : 



Perdió en ella una joya nuestro suelo, 
La sociedad un halagüeño ornato : — 
La hermosura y las gracias, un modelo. 



En vano su placer busca insensato 
El hombre : baja rápido al profundo, 
Cuanto á su corazón puede ser grato. 



6o FELIPE PARDO. 

Si el huracán, aterrador del mundo, 
De entre encrespados riscos se desata, 
En ominosa destrucción fecundo ; 



No la caverna lóbrega arrebata, 
Que en la tormenta, á fiera bramadora 
Segura habitación ofrece grata : 



Sólo la tortolilla gemidora. 
Deshecho el nido que le daba abrigo, 
Y sus dulces hijuelos muertos, llora. 



No arrastra el huracán jamás consigo 
Al soberbio palacio, que en su seno 
Estéril vanidad hospeda amigo : 



Tan sólo el labrador, de penas lleno. 
Ve destrozada su mansión dichosa, 
Y oye bramar á la inclemencia el trueno. 



No destruye la hierba venenosa. 
Que entre maleza vil se extiende impura, 
A la belleza del jardín dañosa : 



Pero á la rosa, orgullo de natura, 
Que embalsama el ambiente en sus olores, 
Hermosa en su matiz y en su frescura, 



►: ./"• 



POESÍAS. 6 1 



La arrebata inflexible en sus furores, 
Privando á los pensiles de su gala, 
Y al amador del don de sus amores. 



La muerte con certero arpón señala 
Cuanto hay de bello en la afligida tierra, 
Y del placer humano el campo tala. 



Cual borrascosa cumbre de alta sierra, 
Su cabeza insolente alza el tirano, 
A la justicia declarando guerra : 



Vive feliz el ambicioso insano, 
Que con crimen y sangre abre el camino 
Para encumbrarse al solio soberano : 



Vive, y vive querido del destino. 
El hijo infiel, que el corazón paterno . 
Rasga con mil pesares de contino : 



Vive el traidor ; linaje del averno. 
Que, por bajo interés, pérfido emplea 
De patria el nombre sacrosanto y tierno 



La maldad vive; el crimen se recrea, 
El escuadrón de sus sectarios crece, 
Les luce el día con perenne tea : 



62 FELIPE PARDO. 

Sólo del goce el manantial fenece : 
La virtud, la ternura, la belleza, 
La encantadora juventud perece. 



¡ Oh de los hados bárbara fiereza. 
Que en destruir se complacen despiadados 
Cuanto creó al placer naturaleza ! 



Pero ¿ serán quizá, serán los hados 
Arbitros de la muerte y de la vida, 
Sobre la eterna ley entronizados ? 



¿ Joaquina acaso, en su estación florida, 
En la noche del túmulo espantoso, 
Por la fatalidad fué sumergida ? 



No : de la vida, el fuego misterioso 
Lo arde y lo apaga el Ser omnipotente, 
Délos orbes autor maravilloso. 



El alma ante El, se humilla reverente 
Respetad sus decretos. ¡ Oh mortales ! 
Clavad en tierra la orgullosa frente. — 



¡ Joaquina pereció! — Sus funerales 
Aras bañemos de abundante lloro : 
Mas tributo á las leyes divinales 



POESÍAS. Ó3 

Rindamos de humildad. Sin duda al coro 
Se ha unido ya de vírgenes hermosas, 
Que al armónico son de liras de oro, 



Revestidas de túnicas gloriosas, 
Al Dios que reina en la sublime altura. 
Himnos de amor entonan venturosas. 



Sí : con ellas Joaquina luce pura 
De un cielo eterno, á inextinguible estrella, 
Alzado el esplendor de su hermosura. 



¡ No : no hay dudar! Cuando miró sobre ella 
Levantar á la muerte el crudo acero, 
No apareció cual tímida doncella : 



Fué varón firme, intrépido guerrero : 
Fué, en medio de las ondas, roca erguida 
A quien en vano el mar azota fiero. 



? Quién dio á su pecho la robusta egida 
De la resignación, á la embriagante 
Preciosa primavera de la vida? 



¿ Quién pudo esa alma arrebatar, triunfante 
De la pompa del mundo altiva y vana. 
Del brillo de los goces deslumbrante. 



)el porvenir que se fingiera ufana, 
le cuantas venturas seductora 
)e pintar la liviandad humana? 

iólo de un Dios la mano bienhechora : 

Q El el cielo habitará Joaquina, — 
, vuelto en si, mi corazón te adora ; 
lié : tú hablaste, ¡ Voluntad divina ! — 

Lima, 1830. 



EL CARNAVAL DE LIMA. 



SÁTIRA. 



*« ¡ Endiablada mujer ! ¡ Oh Lelio amado, 
» De ti vengo á ampararme, todo entero 
» En agua de lavazas empapado!... 



» Yo imaginé que goce tan grosero 
» Fuese sólo del vulgo, y no abrazara 
» Desde el grave Marqués hasta el pulpero. 



» ¡ Triste de mí que no me aconsejara 
» De vieja, de machucha y veraz gente, 
» Antes que la experiencia me enseñara ! 



» Embarazando el paso, impertinente 
» Vi la plebe en las calles agitada, 
» Á estímulo quizá del aguardiente : 



» Dando aquél gritos y con mano airada 
D La jeringa cargando y descargando, 
» Inunda en aguas puercas á su amada. 

t 



FELIPE PARDO. 

D Desenvuelta mulata concitando, 
II La tropa mujeril, va con presteza 
" Tras de dos caleseros galopando. 



" ¡ Ay! ; que los vence ya su ligereza! 
> Ya los llegó á alcanzar; ypor mojallos, 
1 Les rompió una botella en la cabeza; 



» Ya les corre la sangre, y sin mirallos 
i Están allá sus dignos compañeros, 
9 Bañándose en la acequia, cual caballos. 



» No sé, en verdad, si fué por extranjeros; 
' Ello es que don Eduardo y yo nos vimos 
> Libres de tan horrendos aguaceros. 



■ Mas i ah ! ¡ triste memoria ! no bien dimos 
o Término á nuestra grata compañía 
II Y á rumbos diferentes proseguimos, 



a Cuando sir 


que á villana alevosía 


De oculta m 


no me juzgara expuesto 


Levantando 


una vieja celosía, 



D Damisela sutil, de cuello enhiesto, 
<> Ajustada cintura, pelo rubio, 
» Fruncida boca y remilgado gesto, 



POESÍAS. 67 

» Cual si del hondo y célebre Danubio^ 
» Las fuentes copiosísimas rompiera, 
» Desde su alto balcón me echó un diluvio. 



» Aquí mi amigo guarecerme quiera, 
» Hasta que la cuaresma apetecida 
» Marque el fulgente sol en su carrera ; 



» Porque el pobre que acaso se descuida 
» Y va tal vez sudoso y sofocado, 
» Puede ir de un jeringazo á la otra vida. » 



Así me saludó desatentado 
El buen Inglés Don Jorge hecho una sopa. 
Púseme al punto á mitigar su enfado; 



Lo despojé de su mojada ropa, 
Y para ahogar los restos de su pena. 
De ron consolador le di una copa. 



« Hora que ya, le dije, más serena 
» Tu mente está, por una ventanilla 
9 Vas á mirar más agradable escena. 



» Mas i guarte si tu labio airado chilla ! 
» ¡ Guarte, que de tenaces mojadoras 
» A vernos llegue la fatal gavilla! 



68 FELIPE PARDO. 

% 

» ¿ Ya con los gritos y el rumor te azoras i 
» Las salas mira en lodazal trocadas, 
» Y en fregonas inmundas las señoras. 



« Allí están tres consortes acosadas 
» Por seis garzones, mientras un marido 
» Sigue á un coro de vírgenes tiznadas. 



» El necio petimetre, que rendido 
» En pos de una beldad estuvo un año, 
» Diciéndole caricias al oído, 



» Y jamás pudo con su torpe amaño 
» Hallar otro consuelo á sus amores 
» Que un desengaño y otro desengaño; 



» Hoy siente mitigados sus dolores, 
» Si consigue al objeto de su llama 
» Echarle un tendejón de aguas de olores. 



» Fina responde á su atención la dama ; 
» Y cual al toque de marciales cajas 
» Á lid sangrienta un batallón se inñama, 



n Altas matronas y mujeres bajas, 
» Arrójanse á la bárbara pelea, 
). Sin que basten artesas, ni tinajas : 



POESÍAS. 69 

» Allí en aquel rincón esta Dircea ; 
» El pelo al rostro, y en harina envuelta, 
» Que la mejilla de carmín afea ; 



» Mientras mojado el traje y roto y suelto 
» Se pega el cuerpo, y vende la elegante 
» Mórbida forma de su talle esbelto. 



« A su lado con gesto amenazante, 
» Y oculto el pecho bajo arnés peludo, 
» Zenón por atraparla está anhelante. 



» De levita y chaleco ya desnudo, 
» ¡ Ay ! se atrevió la virginal cintura, 
» Con su brazo á enlazar, tosco, y membrudo. 



» j Ay ! devorado ya por llama impura, 
» Osa tocar, cual sátiro lascivo, 
» £1 seno de esa mísera hermosura. 



i) ¡ Ella huye al tosco hocico el rostro esquivo ! 
» ¿ Dónde la madre está?¿ Dónde? allí enfrente, 
» De una furia infernal retrato vivo. 



» Un grupo de criadas insolente, 
» A una víctima aferra desvalida, 
» Que ofrece de esa madre á la ira ardiente; 



o FELIPE PARDO. 

» Y la añosa bacante desceñida, 
» Salpicada del tinte de las canas, 
)) Y de harina y de añil la faz teñida. 



» De mojar sacia sus voraces ganas, 
» Y en tan torpes retozos se recrea, 
» Cual pudieran soeces barraganas (i). » 



I Y costumbre tan rústica y tan fea 
Es grata al sexo encantador de Lima? 
¿ Quién, que el preciosro edén de hermosas vea, 



Que florece en las márgenes del Rima, 
Y de clara razón la lumbre pura 
Que de esas bellas la beldad sublima ; 



¿Quién imaginará tanta locura : 
Que hallen placer ardiente en degradarse 
El talento, el pudor y la hermosura? 



I Será acaso difícil procurarse 
Pasatiempo más grato y decoroso. 
En que logre la mente solazarse?... 



(i) Por exagerados que parezcan estos cuadros, no son, por desgracia, sino una 
representación fiel de las costumbres de la época en que fué escrita esta sátira ; 
costumbres que quizás no difieren de las presentes, sino en ser algo menos gene- 
rales, y en la supresión de la harina, añil y otros ingredientes que embellecían 
las abluciones. 




poesías. 



7> 






Las usanzas del Támesis undoso 
Hacéis alarde de seguir discretas : 
Ya juzgáis necesario el té, y sabroso ; ^ 

. i 

j 
Del brindis conocéis las etiquetas ; 
Muy tiesas, muy calladas, muy formales. 
Os gozáis en comer sin servilletas (i) : 
I Y jugáis sin embargo carnavales !.., 

Lima, 1830 á 34 (?). 

(1) — Desde el principio de la guerra de la Indei^endencia, fueron objetos de 
severa proscripción las servilletas, y los tenedores de plata, que se reemplazaron 
con los de hierro, innovación tomada de las costumbres de los buques mercantes 
ingleses. Felizmente poco á poco se ha ido reconciliando la sociedad con los des- 
graciados proscriptos, y ya rara vez se vé un pobre hombre obligado á meterse en 
la boca un negro y asqueroso tridente, y á llevar los perfumes de las viandas en 
el pañuelo de narices, que tenía que llenar, en la mesa las funciones de la deste- 
rrada servilleta. (Autor.) 



í 



A ROSA 



CON MOTIVO DE UNA DECLARACIÓN AMOROSA, QUE POR 
BURLA, HIZO Á N. EN UNA ANACREÓNTICA. 

¿ Rosa, del Dios vendado 
Sintiendo los ardores? 
¿ Rosa, jurando amores? 
¿ Rosa, jurando fe' ? 
¿ Rosa, su afecto expresa 
En metro suave y bello. 
Rendido ya su cuello, 
A un cierto no sé qué? 



Como la vestidura 
De impenetrable acero, 
Con que el feroz guerrero 
Cubría el corazón. 
Allá cuando empeñaba 
Cruzados y soldanes 
En bélicos afanes 
El muro de Sión, 



Tal presentar te he visto 
Á los dardos punzantes ' 
De un enjambre de amantes. 
Impenetrable arnés ; 



POESÍAS. 73 

Y libre enseñorearte 
Blanco de mil deseos, 
Hollando los trofeos 
Rendidos á tus pies. 



¿ De dónde, pues, el fuego 
En que hoy se enciende tu alma ? 
¡ Qué ! ¿ ya la antigua calma 
Tornóse en frenesí? 
¿ Los que de tantos noes 
Sintieron los agravios, 
Ya escuchan de tus labios, 
Un espontáneo si? 



I Un sí, que vencer te hace 
El virginal decoro, 

Y del castalio coro 

Te eleva á la mansión? 

Un sí, que estro divino, 

Y aliento audaz te inspira, 
Para pulsar la lira 

Del dulce Anacreón? 



I Y quién es el objeto 
Del ciego desvarío ? 
¿ Quién del tenaz desvío. 
El triunfo consiguió? 
I Será quizá un retrato 
De Adonis fabuloso, 



.■4' 



A 



74 FELIPE PARDO. 

Que con su rostro hermoso 
Tu pecho cautivó? 



I Será, di, por ventura 
Algún cisne canoro 
Ese bello tesoro, 
Que te hace tan feliz? 
I Es suyo el duro pecho 
Que te inñama de amores, 
Y ante cuyos rigores 
Doblegas la cerviz ? 



¿ Es de algún venturoso 
Que su precoz talento 
Con el bello ornamento 
Del saber ilustró? 
¿Que con ingenio y arte 
Entró en la selva oscura ; 
Y la senda segura. 
De tu amor encontró ? 



Y ¿ muda permaneces 
A mis preguntas, Rosa? 
Y ¿ risa bulliciosa 
Sólo te sé inspirar ? 
Bien, la respuesta evita. 
Mas mi razón la alcanza 
Tu súbita mudanza. 
Yo la sabré explicar. 



'^T"""'" ^ 



POESÍAS. 75 



Sé que de tus halagos, 
Mentido es el objeto : 
Ignoro si en secreto 
Ardiendo vivirás ; 
Si en el fondo del pecho 
Por crudo dardo herido, 
Algún precioso nido 
De amor ocultarás. 



Empero el que hoy tu metro 
Encantador explica, 
No el labio lo publica 
Como intérprete fiel. 
Tu ingenio es quien lo fínge, 
Gozándose chancero, 
Cual colibrí ligero 
En plácido vergel. 



Las sonorosas frases 
Que expresan tus ardores, 
El Dios de los amores 
No es quien te las dictó. 
Fué Sátiro festivo. 
Que para tus placeres. 
Del hijo de Citeres 
Las formas adoptó. 



Y ese á quien tu tesoro 
Llamas, y tus delicias^ 



«b.jL. 



76 FELIPE PARDO. 

Bien así lo acaricias 
Con cariñoso afán, 

Cuar ninfa que, burlando 
De turba de amadores. 
Reserva sus favores 
Para el faldero can. 



í Ay! ¡ guarte, guarte, incauta. 
Que, entre festivo juego. 
Su formidable fuego. 
Te haga el rapaz sentir ! 
Ese rapaz que á Marte 
León en lides fiero. 
Sabe en manso, cordero 
Astuto convertir. 



i Guarte que el sacro Apolo 
Su cítara le ceda, 
Y fácil le conceda, 
Su aspecto remedar! 
Cuando el numen entonces 
En ti se halle inflamado. 
Sentirás arrastrado 
Tu corazón á amar. 



Las que hoy por uno fueron 
Chanceras falsedades, 
Amargas realidades 
Serán por otro, al fin ; 




poesías. 77 

Y amores serán sólo 
Los que tu canto impulsen 
Cuando la lira pulsen 
Los dedos de jazmín. 



¡ Ah ! ¡ Rosa ! presto llegue 
£1 venturoso instante 
En que un feliz amante 
Te logre cautivar ! 
Y en que, ya fatigada 
De estériles victorias 
De amor las dulces glorias 
Empieces á gustar. 



El interés no creas 
Que mueve el labio mío, 
Pues ni tu amor ansio, 
Ni temo tu desdén ; 
Que vivo complacido 
Al lado de mi bella : 
La adoro y miro en ella 
Mis glorias y mi bien. 



Lima, 183 1. 



-■• - - ,»" 




EN EL ÁLBUM DE UNA SEÑORA 

BRASILEÑA. 



Nada pidas á mi pluma 
Álbum, que tu adorno sea, 

Y en que su atención consuma 

Quien te lea. 
Ya esta planta no da ñores : 
Fué arrancada al patrio suelo, 

Y hoy la agostan los rigores 

De otro cielo. 



Pide á otro dicciones varias 
Y bellas, do encuentre holgura, 
En sus horas solitarias 

La hermosura; 
Que yo en estas, no me obligo. 
Sino á estampar un ligero, 
Fiel recuerdo, del amigo 

Más sincero. 



• » 



^« 



poesías. 79 



I Viva en tus hojas eterno ! 
Y cuando tu dueño hermoso 
Regrese al hogar paterno, 

Con su esposo; 
Álbum, yo quiero rogarte, 
Que sus corazones mandes, 
Alguna vezy á esta parte 

De los Andes. 

Santiago de Chile, 1839. 



EL SUICIDIO. 



CANCIÓN 



.♦ 



COMPUESTA EN MI DESTIERRO : QUIERO DECIR EN UNO DE MIS 

DESTIERROS. 



¿ Nosotros nos morímos, ó qué hacemos r 
Ramón de la Cruz. 



Arrojado de mis lares 

A los mares, 
Por extraña proscripción 

De la fíera 

Torticera 

Cam'bal revolución; 
Y del lado 

Separado 

De la esposa 

Cariñosa, 

Fiel dechado 

De virtud, 
Que con su pesar amargo, 
Da á mis pesares recargo 
Y acrecienta mi inquietud : 
Sin que me den sus consuelos 

Mis hijuelos. 

Tres señuelos, 

Del amor: 
Quiero al menos á mi alma 



■*'T 



POESÍAS. ^1 



Dar la palma 

Del valor. 
Quedad de tormentos salvos 
Mi desventura os agosta. 
Adiós : me voy por la posta 
A la tierra de los calvos. 



Venga, venga una pistola : 
Que la humana batahola 
Ya no puedo resistir, 
Ni el acibarado gesto 

De funesto 

Porvenir. 



Sobre mí han llovido extraños 

Desengaños. 
Llené el cáliz de mi mal. 

Me atosiga 

La fatiga 
De este mundo desleal. 

Lisonjero 

Y embustero, 

De colores 

Seductores 

El sendero 

De ambición 
Me adornó con mano diestra ; 

Y arrójeme á la palestra 
Con hidalga aspiración. 

Y cuando mi ardor difundo 



''«■ 

y 



82 FELIPE PARDO. 

Furibundo, 

¡ Falso mundo ! 

Por tu bien; 
Ciñen corona de abrojos 

Tus enojos 

A mi sien. 
Niega justicia á un cuitado : 
Sé inexor^ible : no aflojes... 
Pero ainda mais no me arrojes 
A palos de tu juzgado. 



Venga, venga una pistola : 
Que la humana batahola 
Ya no puedo resistir, 
Ni el acibarado gesto 

De funesto 

Porvenir. 



I Qué es la vida, cuando apura 

La amargura ? 
Un depósito de hiél, 

El asiento 

Del tormento. 
Un abrazo de Luzbel. 

Si otras veces 

Compadeces 

Nuestro llanto, 

Y el encanto 

Nos ofreces 

Del placer. 






POESÍAS. 83 



I Qué son, suerte, tus caricias ? 

¿ Qué venero de delicias 

Te podemos merecer ? 

¿ Qué son las horas benignas, 

Que designas, 

Como dignas 

De gozar ? 
El lucero de occidente, 

Que naciente 

Va á expirar : 
La edad bella de una rosa : 
Un rápido meteoro : 
Una compuerta de oro, 
Por donde el llanto rebosa. 



Venga, venga una pistola 
Que la humana batahola 
Ya no puedo resistir, 
Ni el acibarado gesto 

De funesto 

Porvenir. 



Me persigue el enemigo. 
£1 amigo 

Vocifera compasión : 
Mas no siente 
Que se ausente 

Quien le acorta la ración. 
¿ Y ando lerdo, 
Si me acuerdo 



«•^- 



84 FELIPE PARDO. 

Que son estas 
Lindas fíestas 
Las que pierdo 
Con morir ? 
Tengámoslo todo junto : 
Pólvora y balas á punto, 

Y recado de escribir. 

Y en patética misiva, 

Luzca viva 

Persuasiva 

La razón, 
Porque aplicamos al tedio 

El remedio 

De Catón. 
Salga de quejas la sarta 
En discurso apasionado: 
Que un hombre bien educado 
No se ha de matar sin carta. 



Venga, venga una pistola : 
Que la humana batahola 
Ya no puedo resistir. 
Ni el acibarado gesto 

De funesto 

Porvenir. 



¿ Que mi paciencia consuma 

Esta pluma, 
Ó más bien tosco pincel ? 

¿ Y la tinta, 



POESÍAS. 85 



Que no pinta ? 
¿Y el malísimo papel ? 

¿ Me es opuesto, 

Me es funesto. 

Me es dañino 

El destino 

Hasta en esto ? 

¡Oh infeliz 1 
¿Ó es que el torpe miedo asoma, 

Y la pluma me hace roma 

Y el papel débil tamiz ? 
Si es vivir pesado fardo, 

¿ Ya que aguardo 

¿Porqué tardo, 

Remolón? 
Ya lo dije : despachemos : 

Imitemos 

A Catón. 
No tiemble el pulso versátil 
Ni el matarse pena cueste ; 

Y salte la tapa de este 
Frasco de álcali volátil 



Venga, venga una pistola : 
Que la humana batahola 
Ya no puedo resistir. 
Ni el acibarado gesto 

De funesto 

Porvenir. 



I Buml — c ¡ Un tiro ! ¡ Quién se mata ! » 
— ¡ Patarata ! 



86 FELIPE PARDO. 

No asustarse; no hay porqué 

Tal alarma. 

Es un arma 
Que por gusto descargué. 

Ya creyeron 

Que perdieron 

Al cuitado, 

Que agobiado 

Supusieron 

Del dolor ; 
Pues mis huéspedes se inquietan, 

Y en mis ojos interpretan 
Mi proyecto destructor. 

¡ Perdonadme ! no más susto 
Ni disgusto 
Podré injusto 
Daros yo. 

Y pues el tiro impaciente 

De repente 
Se escapó, 
Dejo ya mi carta trunca, 

Y con la suerte no lucho : 
Lo que se mastica mucho 

Se hace tarde, mal, ó nunca. 



Más vale así : que al suicida 
Le vá mal en la otra vida ; 
Y es más dulce y más cristiano 
Morir de viejo en la cama, 

Sin la fama 

Del Romano. 



iS4a 




ns"»- 



A PEPA EN SU DUELO. 



La que fué ayer tu gloria y tu alegría, 
Está hoy bajo la tierra, 

Esta es la ley del mundo, amiga mía, 
i Desventurada perra ! 



Ese animal precioso, tu esperanza, 

Formaba y tus delicias : 
Y el precioso animal, su bienandanza 
. Miraba en tus caricias. 



Le preparó tu mano el alimento. 
Quitándolo á tu boca : 

Y la golosa perra, de contento, 
Quiso volverse loca. 



Y echó, en medio del júbilo insensato, 
El diente á un hueso inmundo, 

¡ Falderillo infeliz ! que en breve rato 
La arrebató del mundo. 



i^**" 



m- ^•Tf " 9^ \ 



'-•T^ 



88 



FELIPE PARDO. 



¿ Lloras ! No, Pepa : calma tu amargura; 

Que es gravísimo yerro, 
Pretender que más sólida ventura 

Que el hombre, goce el perro. 



Sí: del humano bien la índole es esa ; 

Al que más goza y canta,. 
En medio del festín se le atraviesa 

Un hueso en la garganta. 



LA LAMPARA, 



Á UN POETA (i). 

En mi modesta llama quizá, ejemplo 
De consecuencia encontrarás sencillo ; 
Mas no de gloria y de grandeza el brillo 
Pretendas ver que buscas con afán. 

Lámpara solitaria, ardí en el templo ; 
Y aunque con luz escasa, ardí constante ; 
Y, por siete años que bramó incesante, 
No me apagó una vez el huracán. 

Lámpara solitaria, una capilla 
Desierta fué mi albergue, do mi lumbre 
No alcanzó á iluminar la alta techumbre 
De mi hermosa, aunque lóbrega mansión : 

(:) Mi distinguido y malog^do amigo el Seflor Don José María Seguín, que 
al nombrarme Ministro de Relaciones Exteriores el general Vivanco, proclamado 
Supremo Director en 1843, me dirigió en un periódico los siguientes versos : 

Ltice spUndida fulgebis, 

TOB. 

/ Lámpara solitaria 
Que los escombros del Perú iluminas ; 
Si escucha Dios la universal plegaria. 
Como hoy alumbras deplorables ruinas, 
Harás lucir un dia la opulenta 
, Formidable nación, que alzar intenta 

La mano poderosa, 
Que á esa altura elevó tu luz preciosa ! 



-A^.>..«L* 



■ "M 



FELIPE PARDO. 



Que brillé incieria y pálida, cual brilla 
1 patriotismo en la civil matanza, 

como suele rayo de esperanza 
ríllar en agostado corazón. 



Así brillaba en la sierra, 
Allá en el suelo andaluz, 
Cuando del moro en la guerra 
Se inflamó España, una luz, 
Escándalo de esa tierra. 

La ceba en repuesta ermita 
Católico anacoreta. 
Que en piadoso ardor se agita, 
Al ver su patria sujeta 
Al alfanje y la mezquita. 

Si un devoto tal vez pasa 
Por aquel yermo salvaje, 
No entra, aunque quiere, en la casa; 
Que el miedo al Abencerraje 
El corazón le traspasa. 

Casi no alumbró el fanal 
Más rostro que el del anciano; 
Pues dentro de aquel umbral. 
Rara vez rezó un cristiano 
La oración dominical. 

Mas el reino de Luzbel 
Cayó : su enseña rasgada. 
Vio la raza de Ismael; 
Tremolaron en Granada, 
Los pendones de Isabel, 

Y de la opresión odiosa 



POESÍAS. 91 



Libre ya, rauda proclama 
La multitud clamorosa 
Del ermitaño la fama, 

Y de su mansión dichosa. 
Y gran concurso se agita 

En la estancia solitaria, 
Que ansioso al viejo visita ; 

Y con frecuente plegaria, 
Estremécesela ermita. 



También mi morada de espléndida gloria, 
Al vivo destello por fin se alumbró ; 
Y en himnos ardientes de fausta victoria, 
El mudo, luctuoso silencio trocó. 

Y gentes que ocupan sus naves á miles 
Los pechos henchidos de amor y de fé, 
Reemplazan las sombras de horrendos perfiles, 
Que vaga en los muros tal vez dibujé. 

Ya toda es antorchas la ardiente capilla, 
Joya es de diamantes que opongas al sol ; 
Entre ellas en tanto la lámpara brilla, 
Cual puede á la aurora muriente farol ; 

Y expláyese ó gire, ó aduérmase quieta, 
Su llama no advierten en tal claridad, 
Sino, cual los tuyos, benigno poeta, 
Los ojos que aguza fogosa amistad. 



Y así cual la observas tú, 
Lucirá desfalleciente, 
En la atmósfera esplendente 
En que hoy se envuelve el Perú. 



92 FELIPE PARDO. 

Aunque ni el genio que funda 
Nuestro bienestar la mire, 
Mientras luciente se admire 
La aureola que lo circunda. 

Astro opaco y sin belleza 
En el sistema grandioso, 
Á que hoy da centro precioso 
Un sol de gloria y grandeza. 

Siempre durará, cual dura, 
En medio á dicha cabal, 
El goce que alivió el mal 
En momentos de amargura. 



Mas no ; no creas que esta llama exigua, 
Que á esfuerzo destructor no se amortigua, 

Y ardió en años de lágrimas, 
Maldades y opresión ; 

Sirvió á dar luz al portentoso genio 
Que del patrio poder honra el proscenio, 

Y á quien llena de júbilo 
Saluda la nación. 

No : fué al contrario : el joven escogido 
Que limpia un estandarte escarnecido 

Del lodo con que imbéciles 

Lográranlo manchar : 
Ese que en diestra, de torpezas pura. 
Lo agita, y del honor y la ventura 

Por los senderos ásperos 

Su patria va á guiar : 
Ese, que signo bienhechor se ostenta 
En el fragor de la civil tormenta, 



POESÍAS. 93 

Como entre nubes hórridas 

El arco de la paz ; 
Ese, que presta la áncora anhelada 
De salud á la nave destrozada, 

Ya á sumergirse próxima 

En hondo mar voraz : 
Ese, á quien de prestigio atroz ya exento 
En el cordial fervor del escarmiento, 

El pueblo en grito unánime. 

Implora protección : 
Ese, á quien del poder al solio lleva : 
Ese, que limpio de doblez se eleva, 

Como de castas vírgenes 

La Cándida oración : 

Ese.... [ ah ! jamás, jamás ha recibido 
De mí llama el fulgor esclarecido, 

Que ni enemigos pérfidos 

Atrévense á negar. 
Ese, al contrario, de su luz preciosa 
Con una emanación, que acogí ansiosa. 

Me dio la luz, benévolo, 

Con que me ves brillar. 

Y así tuve existencia ; y darme muerte 
Quiso un enjambre de contrarios fuerte. 

Que de ver, irritábanse, 

Honrar á la virtú, 
Mas siempre el mundo arder me vio con pasmo ; 
Que si prendió mi llama el entusiasmo, 

Pábulo el ángel dábale 

Custodio del Perú. 

Y ante Él ardí, cual lumbre estacionada 
En el yermo ante la única morada. 



Jfíái¿J£. > . 



94 FELIPE PARDO. 

Que ofrece en noche lóbrega 
Al caminante hogar. 

Y ante Él ardí, cual vigilante faro, 
Que en la borrasca oscura sirve claro 

Á iluminar el piélago : 
No el puerto á iluminar. 
Otras las luces son que el puerto aclaran, 

Y á su esplendor en el bajel reparan 

Mil expertos artífices 

La vasta destrucción. 
La Lámpara ya á tanto no aprovecha, 
Mas está de su suerte satisfecha : 

Que en la rada bellísima 

Ya anclo la embarcación. 

Bafios de Yura (cerca de Arequipa), 1843. 




Já 




A MI HERMANÓ DON JOSÉ PARDO 

REMITIÉNDOLE LA u LÁMPARA » (l) DESDE LOS BAÑOS TER- 
MALES DE YURA. 

EPÍSTOLA. 

Del yermo donde añíjome, 
Buscando en baños tónicos 
Antídoto á mis crónicos 
Males, á ti dirijome ; 



Y ante todo saludóte, 
Hermano, y doite el pláceme ; 
Pues mucho satisfáceme 
La honra que caber púdote, 



Cuando á la vida publica 
£1 Director llamárate 
Y cerca de él mandárate 
Servir á la República. 



Este mi breve prólogo, 
Prestándome harto titulo, 

(i\ V. la poesía anterior, p. 89. — £1 hermano del autor era también poeta 
notable, 7 varías de sus composiciones fueron premiadas en Chile, donde residió 
muchos altos como ministro del Perú. (£d.) 



96 FELIPE PARDO. 

Procedo ya al capítulo 
Que causa mi monólogo. 



Querido Pepe, un báculo 
En tí contemplo sólido ; 
Mozo eres nada estólido, 
Y así no tengo obstáculo, 



Para enviarte un poético 
Rasgo, ó si quieres cántico, 
Que tiene de romántico, 
Político y ascético. 



Y pedirte que rígido 
Si no lo crees narcótico, 
Lo leas, y lo exótico, 
Suprimas y lo frígido. 



Que no sufra parálisis 
Tu buen gusto, juzgándolo 
É inflexible entregándolo 
Al hierro del análisis. 



Pareceránte escuálidos 
Mis versos y hasta tísicos ; 
Mas con mis males físicos, 
Todos me salen pálidos. 






poesías. 97 

Entre mundano y místico 
Convirtiéndome en Lámpara, 
Los compuse ; y ahí van para 
Optar tu fallo artístico. 



En los varios exámenes, 
Que has de evacuar solícito, 
Haz, que de un modo explícito 
Te digan sus dictámenes. 



(Tú pídelos político 
En prosa ó rasgo métrico). 
Ros el severo y tétrico, 
Rodulfo el analítico (i) 



Lo tétrico perdóname. 
Ros ; que á veces la brújula, 
Con la pobreza esdrújula 
Se aburre y abandóname. 



Lo que hay raro, rarísimo. 
Es que aunque el nervio poético 
Despertó en mí frenético 
De un sueño profundísimo, 



(Cuidado que de fábula 
No hay nada en esto implícito), 



(i) Ros y Rodulfo (Antolín) eran dos íntimos amigos del autor, (Ed.) 

6 



98 FELIPE PARDO. 

Andar aún no me es lícito 
Como anda cualquier Rábula; 



Y antes que catecúmeno 
Ser de las musas frágiles^ 
Sabes, que con pies ágiles 
Corrí como energúmeno : 



Lo que es prueba clarísima, 
De que el genio estrambótico 
Que gobierna despótico 
Esta agua salubrísima, 



Será gran terapéutico, 
Del sistema alopático 
Y hasta del homeopático 
Químico, farmacéutico, 



De alto saber geológico ; 
Mas no gasta sus lápices 
En calcular los ápices 
Del orden cronológico. 



Escribiré volúmenes, 
Hasta dejarte estático ; 
Mas con mi nervio ciático 
Adversos son los númenes. 



poesías. gg 

Es lerdo hasta dar cólico, 
Flojo hasta causar vómito, 
Inerte, torpe, indómito. 

Raquítico, diabólico. 



Yo lo llamo hasta vándalo 
Por la vindicta pública, 
Porque ya en la República, 
Da el verme en Yura escándalo. 



Y él nada... ¡voto al chápiro ! 
Para él por más que activólo. 
Todo argumento es frivolo, 
Y me oye hecho un gaznápiro. 



Mas I qué I ¿ Te pondré hidrópico 
Con mis acentos flébiles 
Sobre mis piernas débiles ? 
¡Ahí no, vuelvo á mi tópico. 



Vuelvo, aunque fastidiándote 
Digas que soy un tábano. 
Cuando no vale un rábano 
La obra que inclusa mandóte. 



Al triunvirato elevóla. 
Que no indigna parézcale 
Del objeto — merézcale 
Á su opinión benévola^ 



100 FELIPE PARDO. 



Que sin desdén acójala : 
Empero, recto estímela : 
Si la halla buena, imprímela, 
Si mala, al fuego arrójala. 



Mas no á la imprenta láncese, 
Sin que primero el tácito 
O expreso beneplácito 
Del Director alcáncese. 



Á esté servicio anímate 
Compláceme benéñco 
Y de influjo maléfico 
Rogaré al cielo exímate ; 



Y que á tu nervio acústico, 
Remedio dé tan tónico, 
Que el mayor filarmónico, 
Sea á tu lado rústico. 



Ejemplo á tus apóstoles 
Daré : con m\% pies trémulos (i). 
Perseguiré á tus émulos, 
Aunque huyan hasta Móstoles. 



En tono al héroe análogo, 
De tus brillantes méritos, 

(i) Alude á la enfermedad que motivó su viaje á los bafios termales de Yura, y 
que de^ués siguió haciendo progresos. (Ed.) 



r^ 



r- 



POESÍAS. 101 



Presentes y pretéritos, 
Escribiré el catálogo • 



Aunque humilde mi cálamo 
Resonará magnífico, 
Si el estado prolíñco 
Quieres seguir del tálamo. 



En el mundo de Amérigo, 
(Caso en mi edad insólito), 
Hasta seré tu acólito, 
Si es que te metes clérigo. 



Y si á las sacras órdenes 

Y al dulce yugo niégaste, 

Y solterón entregaste 

A zambras y desórdenes, 



Y tus abusos cínicos 
De ajes el cuerpo llenante, 
Y el ánimo envenenante 
Con accesos esplínicos, 



Seré honra de católicos 
Tus murrias aguantándote, 
Y afectuoso curándote 
Tus reumas y tus cólicos. 



6. 



1 



102 FELIPE PARDO. 



Mas grosero y hasta ímpio 
Es prolongar mi epístola ; 
Ten calma que ya alistóla 
Para ponerla en limpio. 



Pero antes sufrir quiéreme. 
Y así el cielo bendígate, 
Que algunas frases dígate 
Que el corazón sugiéreme. 



Á mamá, ardorosísimo 

Y hermanitas salúdalas, 

Y sírvelas y ayúdalas 

Por mí, siempre amantísimo. 



Que su amor arrebátame 
Di á mi esposa carísima : 
Que ya esta tediosísima 
Y larga ausencia, mátame : 



Que no de tropos vístole 
Lo que á explicar no bastóle, 
Mas que no tengo diástole 
Sino para ella y sístole. 



Muy reverente el ánimo, 
Mi adhesión encarécele, 



POESÍAS. ' Io3 



Y mi respeto ofrécele 

Al Director (i) magnánimo ; 



Y dile que aunque dádome 
No hubiera, puesto altísimo, 
Á Lima gustosísimo 
Ya hubiera trasladádome. 



Á no pedir mi crónica 
Dolencia, allá mortífera, 
De esta agua salutífera 
Aún la influencia tónica. 



Si no ¿ cómo en tan áridas 
Tierras, vivir y páramos ? 
Mejor tú y yo aguantáramos 
Un parche de cantáridas. 



Á Antonino visítalo 
Y á su consorte impávida ; 
Mi alma de verla está ávida : 
Di á Ros lo mismo ; al ítalo, 



Digno rival en práctica 
De Hipócrates y en teórica ; 
Á Mercedes fosfórica ; 
Al que sigue otra táctica, 

(i) El general Vivanco entonces presidente del Perú, con el título de Suprima 
D:'rcctor, y amigo de ambos hermanos. (£d.) 



r 



* 



\: 



I 



104 



Ti ■ 



w 



FELIPE PARDO. 



Su pariente flemático ; 
A Tiburcio el ecónomo ; 
A Ventura el gastrónomo, 
A Pedro el problemático. 



Sé en fin de afectos pródigo, 
De amigos con el cúmulo ; 
Que yo guardo hasta el túmulo 
De la amistad el código. 



Quizá ya de leer árdete 
La vista, y aun embótase : 
También mi vena agótase. 
Adiós : el cielo guárdete. 



Con tu humor gayo, ingénito, 
Riceve questa lettera : 
Yura y veinte y ocho, etcétera^ 
Tu hermano primogénito. 



Yura, 1843. 



vi'*' 



I 



EPIGRAMAS. 



EPITAFIO AL « PENITENTE ». 

¡ Cuenta, viajero ! al pasar, 
Tápate bien la nariz, 
Que el Penitente infeliz, 
Yace en este muladar. 
Por el nombre á imaginar 
No llegues, que se salvó ; 
Pues nunca mortificó 
Con cilicios su existencia. 
Quien hizo la penitencia, 
Fué el pueblo que lo sufrió. 

II 

Á UN COPLERO QUE PUBLICÓ UN MAL SONETO DE TRECE 

versos; y que hizo una reimpresión de íl con EL 

VERSO que faltaba. 

— « ¿ Sabes que le falta un pie 
» Al soneto que escribí ? 
» I Grosero error cometí I 
» Luego se lo añadiré, 



r 



I06 FELIPE PARDO. 

» Y así quedará muy bueno. » 
— « ¡ Qué locura ! ¿ Te parece 
» Que quiea conozca los trece, 
» Te aguantará el catorceno ? » 

III 

Á UN POETA QUE PUBLICÓ UN ARTÍCULO, DANDO GRACIAS 
INDIVIDUALMENTE Á TODOS LOS ACTORES, POR LA EJECUCIÓN 
DE SU DRAMA. 

Si da gracias, majadero, 
De uno en uno el buen autor 
Al gremio cómico entero, 
No sé por qué en el tintero 
Se dejó al apuntador. 

IV 

Á MI HIJO EN SUS DÍAS. 

Dichoso hijo mío, tú, 
Que veintiún años cumpliste : 
Dichoso que ya te hiciste 
Ciudadano del Perú. 

Este día suspirado, 
Celebra de buena gana, 

Y vuelve orondo mañana 
A la hacienda y esponjado, 

Viendo que ya eres igual 
Según lo mandan las leyes 
Al negro que unce tus bueyes 

Y al que te rie«a el maizal. 



POESÍAS. 107 



A DELIA. 

(TRADUCCIÓN DEL ITALIANO.) 

« I Por qué es ciego amor? » decía 
Delia á su tierno pastor ; 
Y el pastor le respondía : 
« Porque los ojos de amor, 
Los tienes tú, vida mía. » 

VI 

Á UN MALDICIENTE. 

(traducción dbl italiano.) 

Yace Aretino aquí, mordaz coplero, 
Que vivió hablando mal del mundo entero : 
Sólo perdonó á Dios, porque decía, 
Que no lo conocía. 

VII 

CUANDO PITOS FLAUTAS. 

(traducción del italiano.) 

En siglos de ignorancia y violaciones 
Colgábase en la cruz á los ladrones; 
Y hoy, siglo de derechos y de luces : 
Cuélganse al pecho del ladrón las cruces. 



-I- <— -?»J _ 

• - . 

i 



LETRILLAS. 



I 

LA ESCUADRA BOLIVIANA, 

ESTO ES, LA GOLETA YANACOCHA, QUE ANTES SE LLAMÓ OLIVIA. (1839) 

¿Sabrás en qué está ocupada 
Esa Goleta ó cachucho, 
Que cuanto hace (y hace mucho), ! 

Es dar vueltas por la rada? I 

; Hombre ! ¿ Tal vez no imaginas 
Que esté pescando sardinas? 
No, sino que el fuerte atleta 

Que á los peruanos conquista, i 

Tiene ya su escuadra lista, 

Y esa escuadra es la Goleta, 

{Cuenta! la escuadra está lista, ' 

La Goleta va á la mar : 

Y ya bien pueden temblar 
Los rebeldes á su vista. 
Su majestad boliviana 

Cierra la costa peruana, | 

Y no habrá valor ni treta 
Que á su marina resista ; 



POESÍAS. 109 



Pues ya la escuadra estd lista^ 
Y esa escuadra es la Goleta. 



\ Cuenta ! la escuadra está lista : 
La Goleta va á la mar ; 

Y hoy mismo van á pasar 
Las fuerzas de mar revista : 
Los navios de Bolivia 

Son Yanacocha y Olivia 

Con todos ellos nos reta 

El Gran-Cid,.. ¡Dios nos asista! 

Que ya la escuadra estd lista, 

Y esa escuadra es la Goleta. 



¡ Cuenta ! La escuadra está lista : 
La Goleta va á la mar. 
No llegará á fracasar 
Aunque Inglaterra le embista. 
La Goleta está segura ; 
Porque si la cosa apura, 
La meterá en su maleta 
El dueño á que ella obedece, 
Y la escuadra no perece, 
Salvándose la Goleta. 



Juntando barca con barca, 
)¡z que sobre el ancho mar, 
Jn puente hizo fabricar 
Lntaño, cierto Monarca. 
íl puente del Helesponto 
.a ira del mar destrozó. 
Quél ¿pensaba ese Rey tonto 
iue la armazón que formó. 
.a respetara el abismo, 
Lunque ella fuese de estuco i 
Lyer sucedió lo mismo 
'^on mi pobre mameluco. 



Un hombre largo y cruel 
>ara bañarse lo usó ; 
' por supuesto acabó 
ín tal empresa con él. 
Destinaras á un cuchillo 
..a vaina de unas tijeras? 
No sería muy sencillo 
íl que las bolas rompieras, 



poesías. i h 

I 

Si con bolas de cristal 
Quisieses jugar al truco? 
Pues has hecho cosa igual 
Con mi pobre mameluco. 



Te encogiste, y cupo así ; 
Mas apenas te estiraste 
Y en el ancho mar te entraste, 
Dijo el cuitado : — « hasta aquí ! » 
Al Coloso tu chaqueta 
Vestir y tu pantalón, 
Ó cargar una escopeta 
Con la carga de un cañón, 
Puedo bien asegurarte. 
Sin que me juzgues caduco. 
Que es lo mismo que bañarte 
Con mi pobre mameluco 



Cual lobo hambriento y rapaz 
Manso cordero destroza, 
Mientra el pastor en su choza 
Se entrega á blando solaz, 
Así atisbo tu furor 
La ocasión de estar yo ausente... 
¡Ah! entre el sacrificador 

Y la víctima inocente, 
Mi pecho un muro sería : 

Y antes, Damón, me desnuco. 
Que ver la última agonía 

De mi pobre mameluco. 



5: íilMC- 



, jtfJT rr-ij— g -i* Tt* Ti»c?Tir^ 



rir -^ira:«. 



me 2 






ríe c i ii .Viiii ^ 'Zacl^za 

ILxs me s. Tañan Tar^ 

T -mpí ríe ltiu¿^ y \ 'Tu:t ; 
3- 



• jv 



1 ^ICL rx5^i 



7311125 ^^C 



• OrOI 2L 



j£ ^i r^i 



r«so 




Y.- 



^— ■ 1-^ 



^JS 



%;; 



POESÍAS. Il3 



No, que me ha puesto la furia, 
Como un cable cada vena. 
Sólo se lava esta injuria 
Saliendo ambos á la arena. 
Escoge al momento espada. 
Fusil, pistola ó, trabuco: 
O yo quedo en la estacada, , 
O vengo d mi mameluco. 



Pero, jay de mi! ¿qué dirán? 
Mi loco furor aborta 
Estas frases ; y la torta 
Me puede costar un pan. 
Las venganzas son ruines, 
Basta de víctimas ya; 
Mas no por esto imagines 
Que mi amor disminuirá; 
Pues si entro en el mar salado, 
Si en el lino me acurruco. 
Sólo en ti estoy ocupado, 
Dulce y triste mameluco. 



III 

Á MI LEVITA. 
(imitación de besanger.^ 

A nuestra amistad sé fiel, 
¡Oh levita idolatrada! 



.•^r/^' 



114 FELIPE PARDO. 

En ambos deja estampada 
Su huella el tiempo cruel. 
Diez años yo con mis manos 
fe he cepillado leal, 
Sin dejar que otros profanos 
Pongan el cepillo en ti. 
Y ¿ me pagarás tan mal 
Que te separes de mí? 



En mi santo, te estrené : 
Mis amigos te cantaron, 

Y tu hechura celebraron, 

Y tu color de ca'"é. 

En sus cartas siempre has sido 

Objeto de su memoria. 

Que aunque hayas envejecido, 

No se olvidaron de ti. 

¡Mi único amor y mi gloria! 

¡No te separes de Iní ! 



Á un sastre francés le di 
Por ti dos onzas y media. 
Producto de una comedia 
Sentimental que escribí. 
En la edad de tus venturas 
Fuiste ¡oh tiempos! muy bonita; 
Mas hoy ya de tus costuras. 
El pelo fugaz voló. 
¿Y aunque estés calva, oh levita. 
Podré abandonarte yo? 



POESÍAS. Il5 



Un año tras otro año 
Siempre conmigo te viera. 
Si acaso la suerte fiera 
Contra tu raído paño 
Preparase su furor, 
Opón la filosofía, 
Cual la opone tu señor 
A su ciego frenesí, 
Y ¡ dulce levita mía ! 
¡No te separes de mí ! 



¡Ese zurcido!... ¡Oh recuerdo! 
Con Delia una vez jugaba : 
Me seguía, la burlaba : 
Me asió del faldón izquierdo, 
Y sin querer, lo rasgó. 
Mas la pobre en todo un día> 
Cosiéndote, no apartó 
Sus bellas manos de ti. 
¡ Levita del alma mía! 
¡No te separes de mí! 



¿Te bañé nunca en olores, 
Que un necio galán exhala ? 
¿Te expuse en una antesala, 
Al gesto de altos señores? 
Otro, cruces impaciente. 
Ansia, ó bustos de Simóriy 
Y yo flores solamente 
En tus ojales prendí. 



Il6 FELIPE PARDO. 

¡Joya de mi corazón! 
¡ No te separes de mí ! 



Verás, verás cuan ligeros 
Vuelan mezclados los días 
De llantos y de alegrías, 
De soles y de aguaceros. 
Yo voy de capa caída, 
Y muy pronto moriré : 
Entonces tu triste vida 
Podrás también acabar. 
Pero mientras vivo esté, 
¿ Quién nos podrá separar ? 



IV 

CORRIDA DE TOROS 

La mejor tarde de toros 
El pueblo á gozar se apresta : 
Que tan magnífica fiesta. 
No hubo en tiempo de los moros. 
¿Quién hay que no se alborote, 
Al ver que en más bello día 
No pudo Doña Marta 
Figurar, ni el monigote? (i) 
Á tan grande diversión 
No hay gente que se resista. 

(i) Doña María y el monigote^ ridículos farsantes que eran indispensables en 
las corridas de toros. 



*»i*t¡7*^ P'' 



POESÍAS. 



117 



Vamos pronto á la función : 
¡Muchachos, vendo la lista! (i) 



¡ Cuánto rostro encantador 
Llenará el circo anchuroso ! 
¡ Cuánto grito aguardentoso 
Resonará en derredor! 
¡Cuánto necio mozalbete 
Correrá las galerías, 
Regando majaderías 
Donde quiera que se mete ! 
Todo el mundo irá puntual, 
Magistrado, oficinista, 
Negociante y menestral. 
¿ Qtiién quiere comprar la lista ? 



La saya más infeliz, 
Símbolo de la escasez, , 

Y un manto, que de vejez. 
No es manto sino tamiz, 
Presas del tiempo rapaz 
Sirven á Tecla de traje. 
¿ Si adoptará ese ropaje 
Por recurso, ó por disfraz ? 
A todos sale al encuentro : 
Todos le clavan la vista : 
¡ Si supieran lo que hay dentro ! 
¡Muchachos, vendo la lista! 

(1) Lista de toros, es el programa de la corrida, que dos días antes se vende 
por las calles de Lima. 



Il8 FELIPE PARDO. 

Perfumado Don Silverio 
La retaguardia le pica. 
Hasta que al lado se aplica. 
Penetrar quiere el misterio; 
Y por fruto de su afán, 
Sabe que es fea y que es vieja, 
Mas sigue siempre á la oreja : 
Que á buen hambre, no hay mal pan. 
No será el solo cortejo 
De quien diga esto un cronista. 
Antes que acabe el despejo. 
¿ Quién quiere comprar la lista ? 



Ya hay galería tomada. 
\ Qué broma ! ¡ qué concurrencia ! 
Lleva allí Doña Clemencia 
De niñas una brigada. 
Aquel gringo Don Daniel, 
Rojo como un camarón, 
Es quien paga la función. 
Allá lo verán con él. 
Muy pronto. ¡ Bueno es el tal 
Para aguantar al cajista, 
Al sastre y al colegial ! 
¡ MuchachoSy vendo la lista! 



Para ser fíesta cabal, 
Va también Doña Rosenda, 
Que ya era muy reverenda 
En los tiempos de Abascal. 



poesías. 119 

Su cuerpo es como una lanza ; 
Mas como hay madapolanes, 
Un chasco á cuatro galanes 
Á dar por detrás alcanza; 
Y i quién sabe si hace alarde 
De lograr una conquista ? 
Mucho hay que ver esta tarde. 
¿ Quién quiere comprar la lista ? 



Un espumoso alazán 
Rigiendo el brazo siniestro, 

Y recogida en el diestro 
La capa en noble ademán, 
Frente- del toril, al bruto 
Gallardo espera un jinete. 
Veloz la fiera acomete: 
Suelta él la capa, y astuto, 
La ondea y burla su saña : 
Hace que otra vez embista, 

Y otra y otra vez la engaña. 
/ Muchachos^ vendo la lista I 



Al más intrépido arredra 
El toro sólo al mirar, 
Capaz de despanzurrar 
Al convidado de piedra. 
Mas un bravo de buen cuño 
Aguarda á pie, firme atleta, 
Y sin más que una pirueta, 
Le mete el hierro hasta el puño. 



120 FELIPE PARDO. 



Pero ¡ ay I un hombre y un potro 

Han muerto : — ¿Y quién se contrista ? 

Siga la danza y venga otro. 

¿ Quién quiere comprar la lista ? 



\ La lanzada !... ; Qué interés, 
Qué vivo entusiasmo inspira ! 
¡ Cómo de aquel cuarto estira 
El pescuezo Don Jinés ! 
Empiezan ya los clamores : 
Llega el lozano campeón, 
Tan indio, y tan retacón, 
Como sus antecesores. 
Aunque alguno en este trance 
Grite ¡ la virgen te asista ! 
¿ Quién pierde por nada el lance ? 
/ Muchachos y vendo la lista ! 



Bamboleándose avanza 
A su sitio el adalid, 

Y va más bravo que un Cid 
Con todo Pisco en la panza (i). 
Se hace primero la cruz : 
Con la lanza al toro espera : 
Mas no sabe, al ver la fíera, 

Si es toro ó si avestruz. 

Ya va ensartado en un cuerno, 

Y ya dos pasos no dista 



(i) Cerca de este puerto del Perú se fabrica el aguardiente llamado por esto 
¡neralmente Pisco, 



* 



poesías. 121 



De la puerta del infierno. 

¿ Quién quiere comprar la lista ? 



Aquella, con su abanico, 
Se cubre entrambas mejillas, 
Y por entre las varillas, 
Ve al indio entregar el pico. 
Esa beata se santigua, 
Pero no aparta los ojos ; 
Ese hombre de los anteojos ; 
Que parece una estantigua, 
Le dice á Fray Pantaleón : 
« ¡ Padre, por San Juan Bautista, 
Échele la absolución ! » 
/ MuchachoSy vendo la lista ! 



\ Oh de cultura portento 
Y del ingenio primores ! 
De estos lances, y aun mejores 
Hemos de tener un ciento. 
Ya desde ahora se avisa 
Qjue habrá escenas muy chistosas, 
Sangre, muertes y otras cosas 
Que harán perecer de risa. 
No habrá nadie que denigre 

Esta tarde al asentista, i 

Pues cada toro es un tigre. ^ 

¿ Qu én quiere comprar ta lista ? 



122 FELIPE PARDO. 



V 

LOS PARAÍSOS DE SEMPRONIO. 

« Si yo fuera Presidente, 
¡ Bello el país estaría ! 
¡ Ah ! ¡ Cómo se elevaría 

Prontamente, 
Hasta un grado incomprensible 
De prosperidad y gloria ! 
No afearan nuestra historia 

De la horrible 
Anarquía los tizones, 
Que trastorna las naciones 

Y desgarra » .... 
— Otra cosa es con guitarra. 



« Cuanto en los libros se ensarta 
Sobre romanas escenas ; 
Cuanto se admira de Atenas 

Y de Esparta ; 
Cuanto hablan autores ciento 
De públicas libertades, 
No fuera en estas edades 

Puro cuento, 
Si los destinos quisieran 
Que los peruanos cayeran 

En mi garra. » 
— Otra cosa es con guitarra. 



POESÍAS. 123 



« Dicta el Congreso una ley: 
En cumplirla seré activo ; 
Pues yo soy ejecutivo, 

No soy rey ; 
Arruina al país quien la invoque ; 
No importa : tieso que tieso, 
Hasta que en otro Congreso 

Se revoque. . 
Huirá el desorden maldito 
Como se borra lo escrito 

En pizarra. » 
— Otra cosa es con guitarra. 



« Se encerrarán los poderes 
Dentro de un limite eterno ; 

Y no hablarán de gobierno 

Las mujeres: 
Con mi política unidos 
Todos al tiien marcharán, 

Y ya no se agitarán 

Los partidos. 

¿ Quién, mandando yo, alborota? ] 

¿ Qjaién no es sincero patriota ? t 

¿ Quién desbarra ? » 
— Otra cosa es con guitarra. 



i 



a I Qué obstáculo habrá que impida 
Hacer mejoras á miles ; 
Formar códigos civiles ; 
Dar la vida 



124 FELIPE PARDO. 

A la agonizante hacienda ; 
Honra á la literatura ; 
Y lograr que la cultura 

Tal se extienda, 
(No son estas paradojas) 
Cual suelen las verdes hojas 

De la parra ? » 
— Otra cosa es con guitarra. 



u Irán siempre en sus trabajos 
Las oficinas corrientes^ 
Aunque lluevan á torrentes 

Los legajos. 
Haré salir de sus ocios 
A la turba de empleados, 
Que á jefes poco versados 

En negocios, 
Confunde, ahoga, impacienta, 
Sofoca, aburre, atormenta, 

Y achicharra. » 
— Otra cosa es con guitarra. 



« Quien de su deber se aparta. 
Quien la opinión atropella. 
Quien con pie atrevido huella 

Nuestra carta. 
Creará mil Marco Brutos. 
Los periódicos, las leyes, 
El pueblo, serán mis reyes 

Absolutos. 




POESÍAS. 125 



Y con tan sanos intentos, 

¿ Quién me hace pronunciamientos 

¿ Quién me amarra ? » 
— Otra cosa es con guitarra. 



c Si de esta administración 
Cuatro años el Perú alcanza, 
Será de la bienandanza 

La mansión. 
Y cuando haya terminado 
De mi gobierno el período. 
En regla dejaré todo : 

Al Estado, 
Sin disensiones cruentas ; 
A las Cámaras contentas 

Y á la barra. » 
— Ctra cosa es con guitarra. 



Sempronio, tus intenciones 
Son patrióticas, honrosas; 
Pero no pasan de hermosas 

Ilusiones : 
Manda, y lucha con la inopia : 
De intrigantes, ambiciosos, 
Egoístas, perezosos, 

Con la copia ; 
Y dirás (hago una apuesta) 
« Otra vez para esta fíesta, 

I Quién me agarra ? » 
— « / Vaya al diablo la guitarra ! » 



FELIPE PARDO. 



I Dios me bendijo, 
No hay duda ea ello, 
Dándome un hijo. 
Mozo tan bello I 
j Cuánta esperanza 
Da su crianza! 
Aunque mí caja 
Con él camina 
A su ruina, 
Con tal alhaja, 
Me juzgo rico. 
/ Qm^ guapo chico ! 



El asombro era 
De su Colegio 
Con su mollera 
De privilegio. 
Ya que ha salido 
De él, y adquirido 
Hartas nociones. 
Sólo pasea 
Y zanganea, 
Por más sermones 
Que le predico, 
í Q"é guapo chico ! 



poesías. laj 

Disputa, chilla, 
Nos hace bulla : 
Su taravilla 
Nos aturrulla. 
Si con cariño 
Le digo : « niño, 
Por Dios no grites, » 
Echa dilemas, 

Y echa entimemas, 

Y echa sorites, 
Por ese pico. 

/ Qm^ guapo chico ! 



Á mí me asombra 
La algarabía 
De lo que él nombra 
Filosofía. 
Pido razones 

Y explicaciones 
Claras y serias ; 

Y en sus respuestas 
Me dice que estas 
No son materias 
Para un borrico. 

/ Q«^ guapo chico ! 



Siguió de historia, 
Para ejercicio 
De la memoria 
Con que propicio 



128 FELIPE PARDO. 

Le dotó el cielo, 
Con gran desvelo 
Curso completo. 
Justo es lo alabe : 
Lo mismo sabe 
De Hugo Capeto 
Que de Alaríco. 
/ Q"^ guapo chico I 



Mas dados, banca, 

Y gallos juega 
Con mano franca ; 

Y más despliega 
En estas cosas. 
Sus portentosas 
Disposiciones, 
Que en las ligeras 

Y pasajeras 
Ocupaciones 

A que lo aplico. 
/ Qm^ guapo chico ! 



Si lo amonesto, 
Se enciende en furia 
Porque, más que esto, 
Nada lo injuria. 
Tales enojos 
Brotan sus ojos. 
Que me acobarda. 
Yo callo al punto 



Lfw»J*Sf 



poesías. i 39 

Como un difunto.. . 
¡ Buena me aguarda 
Si le replico ! 
; Qué guapo chico I 



VII 

EL tíAMBRE. 

Congreso, ataques 
De imprenta libre, 

Y otros achaques 
De este calibre, 
Con sus ribetes 
De gabinetes, 
Soberanías, 

Y garantías, 

A Don Canuto 

Tienen — no es cuento. 

Cada momento 

Más carien j uto. 

Ya I si alborota 

Si escribe y chilla, 

Si nunca agota 

Su taravilla ! 

I Si vierte insano 

Contra el tirano 

Atroz veneno, 

De que está lleno !... 

Mas ¿ qué le impele 

A dar los diarios 

Estrafalarios, 

Con que nos muele ? 



FELIPE PARDO. 

ictos dislates ; 
disparates 
embolismo ; 
I vasto enjambre, 
patriotismo ? 
'ío, señor ; hambre. 



intiparado 
1 Amadeo, 
rtonado, 
ido y feo, 

el gaznate 

1 el debate 

i en la tribuna, 
i importuna 
inglería, 

Jto, y puerco, 
echo una arpia ; 
e muy poco 
)reseDtaba. 
I no está loco 
:omo estaba : 
en el congreso 
pierde el seso : 
Ib oro lo 
o ya coto : 
e con gusto 
>n aseo. 
ta lo veo 
lo y robusto, 



POESÍAS. l3l 



Que no se sabe 
Ya cómo cabe 
Tan bella alhaja 
En su corambre.... 
Ya sacó raja : 
Ya mató el hambre. 



Mas Don Mauricio, 
Grave y sesudo, 
No abraza oficio 
Tan peliagudo. 
Deja á censores 

Y gritadores ; 

Y otro camino 
Sigue con tino. 
Orondo y serio 
Va por albricias 
De mil noticias 
Al ministerio ; 
Lleva registro 
De espionaje : 
Sirve al Ministro 
Mejor que un paje. 
Hasta le saca 

De la casaca, 
Las pelusillas: 
i Qué maravillas 
Hace ! A montones, 
A manos llenas, 
A su Mecenas 
Adulaciones 



I 3.2 FELIPE PARDO. 

Sagaces obla, 
Ante él se dobla, 
Dócil, flexible, 
Como un alambre : 
¡ Oh irresistible 
Poder del hambre ! 



Mas nunca el ojo 
Ni un dedo dista 
De un buen anteojo 
De larga vista. 
¡ Qué vigilancia ! 
Ver á distancia 
Con eso plaede, 
Al que sucede. 
¿ Su personaje 
Cayó de bruces ? 
Le hace tres cruces, 

Y feliz viaje : 
Nuevo astro raya ; 
Vuelve á él los ojos : 
Es atalaya 

De sus antojos : 
Los examina. 
Los adivina. 
Los mide atento : 

Y — este portento 
Fuerza es que asombre 
Ni dos cabellos 
Discrepa de ellos. 

¡ Qué tino de hombre 



POESÍAS. l33 



Tan soberano ! 

Ni el meridiano, 

Con más certeza 

Midió Delambre : 

¡ Tal agudeza 

Le ha dado el hambre ! 



Deja que clame . 
« I Oh atroz vestiglo 
Del vicio infame ! 
¡ Oh mundo ! { oh siglo ! » 
Escuchando esto 
Dijo Modesto : 
« ¿ Son las edades 
)) De iniquidades 
» Que Horacio llama 
» Fecunda culpce ? 
» ¿ Hay quién disculpe 
» Tanta vil trama, 
» Tanta impostura, 
» Tanta bajeza? 
» ¡ Qué ! ¿ no hay fé puta 
» Ya ni nobleza 
» Entre los hombres ? 
» ¿ Hasta sus nombres 
» Se han sumergido 
» En negro olvido ? 
» ¿ No hay pudor santo, 
» Que antes que abrigo 
o Dé el pecho amigo 
'*» Á crimen tanto, 



8 



1 34 FELIPE PARDO. 

» Sin indulgencia 
» De la existencia, 
» Con fuerte acero 
» Rompa el estambre? » 
— Sí ; hay pudor, pero, 
Más es el hambre. 



¡ Ah! sé en prolijas 
Censuras parco, 

Y no te erijas 
En Aristarco. 
Deja que adulen, 

Y que acumulen 
Sucias bajezas, 
Sobre torpezas. 
Deja que griten ; 
(Tienen derecho) 

Y en su provecho 
Se desgañiten. 
Modesto, ceja 

De esos impulsos : 
Que escriban deja 
Poemas insulsos, 
Tristes cuartetas, 
Tantos poetas 
Adocenados 

Y desalmados : 

Y hagan en Galo, 
A los histriones, 
De traducciones 
Lindo regalo ; 




POESÍAS. ' I 35 



Aunque con rales 
Dramas bestiales 
Terciana cobres, 
Y hasta calambre. 
I Qué harán los pobres, 
Si tienen hambre? 



VIII 

EL MINISTRO Y EL ASPIRANTE. 

— « No es posible estar mejor : 
El amor al orden cunde. 
La Hacienda va de primor, 
Y la instrucción se difunde. 
Gobierno tan bienhechor, 
Forzoso será que funde 
La gloria de este hemisferio. » 
Este ocupa un Ministerio. 



— c Esto se lo lleva el diablo 
El desorden que se nota, 
No lo ataja ni San Pablo : 
La Hacienda está en bancarrota 
Y, ó no sé yo lo que hablo, 
ó hace este Gobierno idiota 
Del país un cementerio. » 
Este quiere un Ministerio. 



— « ¡ Cuánto complace el que sean 
Premiadas hoy las virtudes ! 



-^ 



l36 ' FELIPE PARDO. 

¡ Cuánto ver que sólo emplean 
Á hombres de honor y aptitudes ! 
I Cuánto que su fin ya vean 
Nuestras largas inquietudes 
De la ley bajo el imperio ! » 
Este ocupa un Ministerio, 



— a ¡ Da horror ver en su apogeo 
Á viciosos disolutos, 
Y que no se da un empleo 
Sino á picaros y á brutos! 
La nación es el recreo 
De estos dueños absolutos 
¿Quién sufre tal cautiverio? » 
Este quiere un Ministerio. 



— « El mandarín más adusto 
Ve en el pueblo á sus iguales, 
Y gobierna franco y justo 
Con afectos paternales. 
¿Y habrá censor tan injusto 
Que procedimientos tales. 
Juzgue dignos de improperio? » 
Este ocupa un Ministerio 



— « Vilmente hollando la ley 
¿Á quién dejarán de herir? 
Peor que en tiempo del Rey 
Va el Estado en mi sentir : 



r 
I 



POESÍAS. 1 37 



Cada preíecto es un Bey, 
Cada Ministro un Visir 
Todo es tapujo y misterio. » 
Este quiere un Ministerio, 



— a Si del poder se ensancharan 
Los límites; jay! entonces 
Mucho se facilitaran 
De esta máquina los gonces : 
Proyectos se ejecutaran 
Dignos de grabarse en bronces, 
Y algo se hiciera más serio. » 
Este ocupa un Ministerio, 



— « Se anhela por una inmensa 
Libertad en los negocios, 
Y á este fin gime la prensa 
Bajo el Ministro y sus socios. 
¿Quiérenla aún más extensa 
Para entretener sus ocios ? 
¡ Oh vergüenza I ¡ Oh vituperio ! » 
Este quiere un Ministerio, 



— A Mas, bienandanza cabal 
No tendrá la patria mía. 
Mientras la imprenta fatal 
No vea su último día^ 
Y se agote el manantial 
De calumnia, de osadía, 



8. 



1*38 FELIPE PARDO. 

De impudencia y de dicterio. » 
Este ocupa un Ministerio. 



— « No hay libertad de opinión : 
Por la imprenta no hay ataques. 
Que esperen la Extremaunción 
Los que se metan á jaques 
Contra cualquiera mandón. 
¿ Piensan estos badulaques 
Que es la nación monasterio ? » 
Este quiere un Ministerio. 



Sin oir este charlar 
Eterno, aunque no administro 
Ni ambiciono administrar. 
Puedo, si el alma registro 
De cada hombre, penetrar 
Que el que quiere ser Ministro 
No usa del mismo griterío, 
Que eljocupa un Ministerio, 



IX 

EL DÍA DE LOS ELOGIOS. 

Don Canuto es presa 
Ya de muerte cruda, 
Y deja á su viuda, 
(^ Hay dicha como esa?) 



rW-Vl^-r^^rT. 



poesías. 

Catorce muchachos 
Entre hembras y machos, 
-Amén de infínitos 
Que tuvo fortuitos. 
Sin embargo, el hombre 
Hoy goza del nombre 
Menos disoluto 
Que se halla en la historia.* 
¡Pobre Don Canuto! 
¡ Dios lo tenga en gloria ! 



1 39 



De viuda y pimpollos 
Ha sido la herencia 
Fatal indigencia, 
Discordias y embrollos, 
Insolutos cargos 
Procesos, embargos. 
Menores y viejas 
Por trampas añejas 
Saltaron al punto. 
Con todo, el difunto 
Merece el tributo 
De honrada memoria. 
¡Pobre Don Canuto! 
¡ Dios lo tenga en gloria ! 



Metódico, activo, 
Dicen que fué el hombre : 
No hay quien no se asombre 
Mirando su archivo : 



n 



140 



FELIPE PARDO. 

Entre la basura 
Se halló una escritura ; 
Pareció otra rota 
Dentro de una bota ; 
Y eran sus gaberas, 
Armarios, secretas, 
Caos absoluto, 
Zarzal, pepitoria. 
/ Pobre Don Canuto ! 
¡ Dios lo tenga en gloria ! 



« ¡ Pobre I I y buena estampa ! » 
Exclama la gente : 
« ¡ Figura excelente ! » 
— ¿ Figura? ¡ ya escampa ! 

Y el tal fué bisojo, 

Y á más de esto, cojo; 

Y á más su joroba 
Pesaba una arroba, 

Y á más por narices 
(Hay hombres felices) 
Cupo al rostro enjuto, 
Atroz zanahoria. 
¡Pobre Don Canuto! . 

¡ Dios lo tenga en gloria ! 



t( ¡ Qué pasta ! ¡ qué porte ! 
« I Qué genio tan mole. 
« ¡ Qué amor merecióle 
« Su tierna consorte! » 
— Sí, merecería; 



POESÍAS. H* 



Que de él recibía* 
Por requiebros tiernos, 
Pelucas, y temos ; 
Lapos por abrazos, 
Por mimos trancazos. 
j Qué ropa de luto 
Tan consolatoria ! 
¡Pobre Don Canuto! 
¡ Dios lo tenga en gloria ! 



« I Y qué grande suma 
» De conocimientos! 
» i Brillantes talentos ! 
» Magnífica pluma, 
» Clara, vigorosa, 
» En verso y en prosa, 
» En todo era experto. » 
— ¡ Lo que es haber muerto ! 
Jamás en la vasta 
Cuadrúpeda casta, 
Se vio mayor bruto 
Dar vuelta á una noria. 
¡Pobre Don Canuto I 
¡Dios lo tenga en gloria! 



X 

EL MINISTRO. 

— <c Señor ministro, 
» Sabe Vuecencia 



142 FELIPE PARDO. 

» Cómo administro, 

» Con qué vehemencia, 

» Con qué desvelo 

» Defiendo y celo, 

» Con qué servicios 

» Libro de engaños 

» Y desperdicios, 

» Hace doce años 

» Y cuatro meses, 

» Los intereses 

» Que á mis cuidados 

» Encomendados 

» El Fisco tiene. » 

— « ¿Y eso d qué viene? » 



— « Excelentísimo 
» Señor, á pelo : 
» Que es ya grandísimo 
» Mi desconsuelo. 
» Yo por mi parte, 
» Conozco el arte, 
» De hacer con sana 
» Filosofía, 
» Menos tirana 
)) La suerte mía. 
» Mas ¿mi familia 
» Quién me la auxilia? 
» De diez mesadas 
» Que hay atrasadas, 
» Ni una he cobrado. » 
— « Qiiedo enterado, » 



•r^ 



POESÍAS. 143 



— « Bien : mas espero 
» Que, ya que he escrito 
» Este ligero 
» Memorialito, 
» Quiera Vuecencia, 
» Con indulgencia 
» Pasar la vista 
» Por sus renglones, 
» Y ver la lista 
» De las razones 
» Que pongo en claro. 
» Yo aguardo amparo 
» Del hombre recto, 
» A cuyo aspecto 
» Mi írente agacho. » 
— « Hoy no hay despacho, » 



— » Pues de agonía 
» Me hallo hoy más harto. 
» La esposa mía, 
» Con sobreparto 
» Queda y con tisis : 
» Mi hija en la crisis 
» De un mal que aumenta 
» Mis infortunios, 
» Y la atormenta 
» Los novilunios : 
» Otro chiquillo, 
» Con tabardillo 
» ¿Qué he de llevarles? 
» No hay cómo darles 



— < Mire Vuecencia 
» Que no da esperas 
I Ya mi indigencia. 
« Las las lime ras 
1 Exposiciones 
) Con que distraigo 
9 Sus atenciones, 
a Muerto me caigo 
<> Sí son fingidas. 
i Bien atendidas 
) Sean, suplico, 
I Y un corto pico 
■> Se satisfaga. > 
— « Hoy no se paga, b 



— «De añadidura 
a Temo un embargo : 
» Esto ya apura. 
> De penas largo 
« Es el resumen, 
» Señor : consumen 
V Mis sinsabores, 
u El diccionario, ■ 
o Mis acreedores 
i El calendario. 
o Lea el escrito 
.. ¡Por San Benito I 



POESÍAS. 1^5 



» Que expongo todo 
» En él de un modo 
» Breve y exacto. » 
— « Veré el extracto. » 



« I Si el expediente 
♦> Ya está completo! 
» i Si no hay pendiente 
» Más que un decreto! 
» ¡Tenga Vuecencia 
» De mí clemencia ! 
j) Tal vez lo aburro 
» Con mi desgracia : 
» Mas, ¿dónde ocurro 
» Sino á su gracia? 
» i Ah ! ¡ ya una vida 
» Tan afligida 
» Me causa tedio ! 
» ¿No habrá remedio 
)> Para mi mal? » 
— « Vista al JiscaU » 



XI 

¡QUÉ LÁSTIMA DE MUCHACHOS! 

Sus padres á Juan, pimpollo. 
Buscan mujer entre mil, 
Huyendo de plebe vil, 
Y pobreza el doble escollo. 

Eleonora, 

Que aun ignora 






FELIPE PARDO. 

Qué atraciivos 

Atesora 

En sus vivos 

Ojos negros, 
Hace á los celosos suegros, 
Con cuna y oro, cautivos. 
Pronto boda : el tiempo vuela. 
Ya van los dos vivarachos 
Al tálamo de la escuela. 
; Qué fortuna de muchachos! 



Juan lodo su pensamiento 
Pone en la mujer que adora, 
Y la sensible Eleonora 
Da por un halago ciento. 

Mas ya empieza 

La tibieza 

Del marido. 

¡Buena pieza! 

Que aburrido 

Del casorio. 
Busca otro laboratorio 
De placer á su sentido. 
Aunque al principio algo finge. 
Hasta la ley, sin empacho, 
Del pudor después infringe. 
¡Qué lástima de muchacho! 



Eleonora sufre y calla : 
Pero al cabo abre los ojo; 



poesías. 

Y remedio á sus enojos, 
En su mismo poder halla. 

Y si esquiva, 
Fiera, altiva, 
Al amante 
Que fé viva 

Y constante 
Le jurara, 

Con la indignación más rara 
Lo despachaba al instante, 
Hoy ya más tratable mira 
Sin encono, y facha á facha, 
Al que por ella suspira. 
; Qué lástima de muchacha ! 



'47 



Juan al descubrir su mengua, 
Es natural que la riña. 
¡ Mas juegúese con la niña 
Que no se muerde la lengua! 

Arman ñera 

Pelotera, 

¡Qué insensatos! 

Y se altera 

Ciertos ratos 

Tal la bilis, , 
De Juan y su hermosa Filis, 
Que se tiran con los platos. 
La injuria sigue á la injuria, 
Y hasta en torpe dicharacho 
Juan llega á expresar su furia. 
¡Qué lástima de muchacho! 



148 FELIPE PARDO. 

Ella, ya ama una divisa 
Militar, ya engancha un gringo 
Muda jueves y domingo 
Amantes como camisa. 
Y es tan sabia, 
y su labia 
Tal apresta, 
Que no agravia 
Cuando asesta 
A un varón 
Prosélito de Zenón, 
Su envenenada ballesta. 
Por esto y más que yo sé, 
Ya algún maligno la tacha, 
Bien se presume de qué. 
/ Qué lástima de muchacha ! 



Por saciar sus apetitos, 
Juan, de holganza y de placeres, 
Establece sus quehaceres 
En burdeles y garitos. 

Vicios tales 

Capitales, 

Ya deshacen 

Sus caudales. 

De ellos nacen 

Otros mil. 
¡Cuál descuella el zascandil 
Entre cuantos se complacen 
En crápula audaz y franca ! 
Ha dado hasta en ser borracho. 



.^ 



poesías. 



149 



Desde que se halla sin blanca. 
¡Qué lástima de muchacho! 



El barrio está inaguantable ; 
La mordacidad se inflama 
Contra Eleonora, y Madama, 
De su descoco en palpable 

Testimonio, 

Da al demonio 

Miramientos, 

Matrimonio, 

Chismes, cuentos, 

Pataratas, 
Que asustan sólo á beatas ; 
Y adquiere nuevos alientos. 
El pueblo levanta el grito. 
¿Ella la cabeza agacha? 
¡ Qué agachar ! se le da un pito. 
/ Qué lástima de muchacha I 



Persuadirlos con razones 
A enderezar el entuerto, 
Es predicar en desierto. 
Los lleva de las pasiones 

El torrente 

Velozmente, 

Y del juicio 

Totalmente 

Roto el quicio, 

Uno y otro, 



FELIPE: PARDO. 

a desbocado potro, 
;ii la senda del vicio, 
tal fué ei fin del consorcio 
arde mozos ricachos? 

lástima Je muchachos! 



¡Ay¡ el que vea 
. mi vecina, 
'e la presea 

s peregrina. 
oda esperanza 
e bienandanza, 
a tiene ñja 

e es la muchacha, 
s vivaracha, 
s decidora 
' encantadora, 

:ue vi en mi vi Ja. 

unca se cura 
e la costura 
Y qué bien hace!); 
ues no le place, 
orque la aguja, 
uando la empuja, 

o le taladre. 



ir^^ 



; Qué niña tan graciosa. 
¡Retrato de su madre ! 



Dale paseos. 
Dale ¡arana, 
Dale bureos ; 
Y en su lozana 
Fresca mejilla. 
Verás cuadrilla 
De cupidillos 
JuguetonciÜos, 
Que t 



Verás qué hermosa 
Risa graciosa 
Baña sus labios. 
Empero agravios 
Recibe eternos, 
Y hasta echa ternos 
(Tai por la injuria 
Se enciende en furia), 
Guando se iatema 
Que haga contenta 
Alguna cosa 
Que no le cuadre. 
; Qué niña tan graciosa 
¡ Retrato de su madre í 



Un mozalbete 
Almibarado 



FELIPE PARDO. 

Allí se mete. 
Tan grande agrado 
Se le acredita. 
Que su visita 
Nunca fenece. 
í Qué [ si parece 
Que se entornilla 
Sobre la silla. 
Con él retoza 
y se alboroza 
La damisela 
Que se las pela ; 

Y hasta hay de guiños 

Y de cariños 
Canje secreto. 
Al tal sujeto, 
Según es fama. 
Siempre lo llama 
La candorosa 

Mamá, — « Compadre, i» 
; Que niña tan graciosa ! 
i Retrato de su madre ! 



Saber le gusta 
Quién entra en casa, 
(Cosa muy justa) 
Y hasta quién pasa. 
Por eso tiene 
Cuida y mantiene 
La señorita, 
Una perrita 



POESÍAS. i53 

Que es un armiño, 

De su cariño 

Felice dueño. 

Todo su empeño, 

Es que si alguno 

Llega importuno 

Cuando se aplica 

La bella chica 

A sus constantes 

E interesantes 

Distribuciones 

Y devociones, 

La maliciosa 

Perrita ladre. 

; Qué niña tan graciosa ! 

¡Retrato de su madre! 



A su hábil lengua 
Mil señoritas 
Deben su mengua. 
i Qué ! ni amíguitas 
Fácil perdona 
La picarona ; 
Mas á los hombres 
¡ Qué dulces nombres 
Que les prodiga 
Cual tierna amiga ! 
Del petimetre 
Más sin caletre 
Y más erguido, 
Del presumido 



l54 FELIPE PARDO. 

• 

De literato 

Más mentecato, 

Hace una alhaja : 

Quiere, agasaja 

Con suaves modos, 

Afable, á todos, 

Y cariñosa, 

Menos al padre. 

/ Qué niña tan graciosa ! 

; Retrato de su madre ! 



XIII 

LA LETRILLA Y LA NOTA. 

El infrascrito.,, j Ni al diablo 
Se le ocurre más maldito 
Proyecto !... ¿ Yo el infrascrito? 
Por Dios que no sé lo que hablo. 
Esta citarla me acribilla 

Y la paciencia me agota. 
Mas,fuer!j[a es poner la nota 

V abandonar la letrilla. 



La letrilla, en juguetón 
Ademán, á otra tarea 
Más dulce me aguijonea. 
Fácil la imaginación 
Al mirarla se alborota, 
Y la voluntad se humilla... 
; Yo abandonar la letrilla ! 
No; abandonemos la nota. 






POESÍAS. I 55 



¿ Cómo la nota ?... El registro 
De la letrilla cerremos, 

Y de una vez empecemos. 
El infrascrito ministro,,. 

La materia es muy sencilla : 
Mas mi caletre se embota. 

Y es fuen^a poner la nota 

Y abandonar la letrilla. 



Todo ha de tener su turno : 
¿ Para qué tanta eñcacia ? 
Hora de la diplomacia 
Calzóme el grave coturno, " 

Y mi nota sigo... ¡ Idiota ! 

Y ¿ en dónde vas á seguilla 
Si has escrito una letrilla 
En el papel de la nota ? 



XIV 

BUENAS NOCHES. 

— « Por hoy, amigo, es bastante 
» Ya marea y acribilla 
)> Escuchar tan incesante 

» Taravilla. 
» I Vamos I ya me rjnde el sueño 
» Y temo que aquí trasnoches 
>> Si no interrumpo tu empeño. 
» ¡Buenas noches! » 



'• r ' ■ , 



^ 



ib 6 FELIPE PARDO. 

« í Buenas noches ! pero advierte, 
» Que aun hay que hablar infinito, 
» Y vuelvo mañana á verte 

» Tempranito. » 
— « Está corriente : haz mañana, 
» Como hoy ya no me agarroches, , 
» Lo que más te dé la gana. 
» ; Buenas noches ! » 



— «Te hablaré de mi querella 
» Con la inconstante Marica, 

» De mi amor con una bella 

» Viuda y rica. 
» De sus prendas estimables, 
» De su hacienda y de sus coches. » 

— a Me hablarás, pero no me hables. 

« / Buenas noches I » 



— a Agur... Cuando estoy contigo, 
3» Me embeleso, me deleito... 
» ¡ Ah ! y no te olvides, amigo, 

» De mi pleito. 
» Temprano ves á los jueces : 
» No en la cama te abizcoches ! » 
— « Ya me lo has dicho diez veces. 

» / Buenas noches I » 



/ 



/ 



— (t Ese usurero maldito 
» Que tenazmente me enjuicia, 



POESÍAS. 1 57 

» Pretende un acto inaudito 

» De injusticia : 
» ¡ Somos cuerdos cuando viejos ! 
» I Hijo mío I no derroches, 
» Porque... » — a ¿ A estas horas consejos ? 

» / Buenas noches ! » 



— « Me faltaba lo mejor. 
« Te traigo aquí mis poemas. 
» Has de ser tú mi censor ; 

» Y no temas 
» Me irrite que al criticarme 
» Severo te desabroches, » 
— « ¿ Si acabarás de dejarme ? 

» ; Buenas noches I » 



— « No aguardo fallos adversos : 
» Hay estilo, poesía : 

» Verás fluidez en los versos 

)) Y armonía, 
» Aunque de algunos vocablos 
» La antigüedad me reproches. » 

— « ¡ Pelmazo I ¡ con dos mil diablos ! 

» / Buenas noches ! » 



— « No temo serte importuno... » 
— » ¿ No lo temes ? ¿ Que tal digas ? 
» Me importunas cual ninguno, 
ff Me atosigas ; 



FELIPE PARDO. 

calmará mi enojo 
ras tus labios no abi 
ras, 6 me recojo. 
• ; Buenas noches ! •> 



Reformador del Peni ! 

iendes acaso til 

1 ciencias necesarias 

providencias varias 

u atrevimiento brota ? » 

— í Ni una jota. « 



Pues hombre de Barrabás I 

,0 demontres estas 

tos dando á millones ? 

in de tan raras nociones 

tu cerebro hueco ? 1) 

— « ¿ Qiíién ? — El Eco. » 

No entiendes de rentas ? i> — 
Ejército ni Armada, v 



POESÍAS. I 59 



— « j De legislación civil ? » 

— » Más entiende un alguacil 
» No lo tomes á chacota : 

— » JVí una jota» » 



— « ¡ El diablo que te comprenda ! 
» Y ¿ quién te hace hablar de Hacienda, 
» De Ejército, Tribunales, 
» Y reformas colosales, 
» Con que ya tienes seco ? » 

— « ¿ Quién ? — El Eco, » 



— « ¿ De ley internacional 
» Estamos bien ? » — « No : muy mal. » 

— « ¿ Y cómo andamos de Historia? 

— « Sé lo que un macho de noria. » 

— « I Hombre ! ¿ni noción remota ? 

— ti Ni una jota. » 



» 



» 



— « Y ¿ quién te sopló, orador, 
Tu política exterior 
Y aquel discurso gallardo 
Do ensartaste al Longobardo 
Sin saber si es Turco ó Sueco ? » 
— « 6 Q^ién? — El Eco. » 



— « Pues no confundas los nombres ; 
» Y no engañes á los hombres. 



I 6o FELIPE PARDO. 

» Y no tu mérito alabes ; 
» Ya que en todo eso no sabes, 
D Como cualquiera lo nota, 
— » Ni una jota. » 



» No digas que tu eco es 
» Tu gaceta. Di al revés, 

» Que tú eres en verdad neta, 4 

» El eco de tu gaceta ; 
» Y haz de tus títulos trueco » 
« Con El Eco. » 



XVI 

EL DOCTOR EN SUS DÍAS. 

LA IDEA FO»DAMENTAL ES DE BERANGER. 

Del amable Doctor, hoy es el día ; 
Hoy cumple cincuenta años ; y cualquiera. 
Que aun está, contemplándolo diría, 
De su edad en la verde primavera. 

i Qué membrudo ! ¡qué activo ! 

¡ Qué mejilla tan tersa ! 

¡ Qué rollizo I ¡ Qué vivo ! 

I Con qué gracia conversa ! 
¡ Con qué sublimidad el mal explica ! 
¡ Cuánto da que ganar á la botica 1 

Las copas apuremos, 
Y del Doctor d la salud brindemos. 



POESÍAS. :6i 



Ni la lluvia, ni el sol, nada le arredra : 
Más que el alba, madruga como el gallo ; 
Y las calles de Lima desempiedra 
Hasta la media noche su caballo. 

En todas partes entra ; 

Largo y corto visita ; 

Es largo, donde encuentra 

Una chica bonita, 
Ó un nervioso á charlar aficionado; 
Corto, donde hay enfermo de cuidado : 

Brindad d copas llenas^ 
Que cumple hoy el Doctor cinco decenas. 



Una beata, dulce de toronjas 
Le ha mandado ; un inglés rica cerveza ; 
Manjares sabrosísimos las monjas ; 
Una. fresquera (i), helados de cereza ; 
Plátanos un frutero, 
Melón, guayabas, tunas (2) ; 
Bartolini el pulpero, 
Seis tarros de aceitunas ; 
Y con tan varia y general remesa, 
Hoy reúne á sus amigos en su mesa. 
Brindad y por que á Dios plegué 
Que d completar un siglo el Doctor llegue. 



Dosis de otros regalos hay muy buena ; 
Pues cosas de comer no fueron todas : 



(i) Provincial. Vendedora de sorbetes y otras bebidas frescas. (Autor). — La 
Academia consigna la voz fresquería y le da el mismo significado. (Ed.) 
(2) Así se llaman los higos chumbos en el Perú. (Ed.) 



FELIPE PARDO. 

bio reloj y una cadena ; 
uas docenas de onzas goda! 
mantés soberanos ; 
bastón muy bonito ; 
( ó tres mil habanos 
lo más exquisito; 
;ro de plata giganteo, 
□tigüedad para un museo, 
irisa ! i El tiempo vuela ! 
^or tan magnífica dientela. 



no : — « Que se muere Don Gustavo : 
le ha vuelto... n — i. j Qué diablura !... 
lada se come con el pavo : a 
Dr, muévase usted, la cosa apura ! « 
Qué almorzó ? ¡ Sin duda hizo 
Igún gran disparate ! » 
Magras, huevos, chorizo, 
amal y chocolate, u 
I : que aguante si la culpa es suya, 
led que allá iré cuando concluya. » 
iVoí, alegr:a, 
estro Doctor hoy es el d.a. 



par a! Doctor empieza e! vino. 
< De parto está Doña Jacoba. a 
ni santo parir? ¡ qué desatino ! 
n : que no se mueva de su alcoba. 

i Pero si usted quisiera?... « 

Que tome una tisana, n 



fW^^' 



POESÍAS. 1 63 



— « Doctor, si usted viniera... » 

— « Allá estaré mañana. » 

— « Pero está en gran peligro la señora. » 

— « ¿ Y por qué vienen á avisarme ahora ? 

Otra copa al coleto 
Por que salga la enferma de su aprieto. 



— « Don Gil está muy malo y necesita... » 

— « ¿ Parió ya ? » — « ¿ Quién, Doctor ? » — Pastel, seño- 

— «La fiebre le ha crecido. » — « Otra copita. [res. »] 
» Somos muy desgraciados los Doctores. » 

— fl Casi á nadie conoce, 
Pues perdió la cabeza 
Poco antes de las doce. » 

— « Un vaso de cerveza. » 

— «¿Que le demos cerveza? » — « ¡ Habrá estafermo! 
» No me fastidies más, tú ni tu enfermo ! » 

Amigos y copa y copa ; 
Hasta quedar cada uno hecho una sopa. 



XVII 

LA LAVANDERA. 

« i Me trajo, por piedad, la lavandera 

» Una muda siquiera ? » 
« Ninguna trajo. » — « Y ¿ que esto se tolere ? 

» ¡ Oh ! I qué temeridad ! 
» Cada uno hace en mi tierra lo que quiere. » 

; Viva la libertad 1 






164 FELIPE PA'RDO. 

Un trimestre completo ya del año 
Corrió, si no me engaño ; 

Y no puedo lograr que una camisa 
Me dé, por caridad. 

¡ El bienestar de Lima causa risa ! 
; Viva la libertad ! 



Mi ropa, con la de unos pobres gringos, 
Se alquila los domingos 

A aguadores, lacayos y cocheros, 
En pro de la igualdad, 

Que así lo ei^igen sus sagrados fueros. 
/ Viva la libertad ! 



Y mientras con mi ropa se pasean, 

La sudan y estropean, 
Yo por no revelar lo que me pasa, 
Finjo una enfermedad, 

Y me condeno á no salir de casa. 

; Viva la libertad ! 



Mas, mi pleito ven hoy ¿ qué hacer en ello ? 

Me abotono hasta el cuello ; 
Y empaquetado, salgo en el estío 

Con tanta gravedad, 
Gomo pudiera en el rigor del frío. 

/ Viva la libertad! 



Llegó el día por fin : la ropa vino : 
¡ Venturoso destino ! 



POESÍAS. 1 65 

Mas, « Faltan seis camisas. » — « Cuente, cuente, 

«No faltan ; no es verdad. » 
— « Treinta dice el papel. » — « j El papel miente ! » 

; Viva la libertad! 



— « j Mujer ! y ¿ esta camisa ? i horrible mancha ! » 

— « Se me ensució la plancha. » 

— « Y ¿ tres camisas más hechas jirones ? » 

— « Fué una casualidad. » 

— « Y ¿ seis pares de medias sin talones ?... » 

/ Viva la libertad ! 



« ¡ Paga lo que estropeaste y que perdiste ! » 
— « ¿ Que pague ? — j fuera chiste I 

)) Busque usted quien le lave ; no soy zonza. 
)) ¡ Jesús ! ¡ qué mezquindad ! » 

Y se me va debiendo más de una onza. 
; Viva la libertad! 



Acudo á un Juez : le manda hacer el pago. — 

Y ella dice : « No lo hago. » 
Y por más que me afane y vocifere, 

Ley es su voluntad : 
Cada uno hace en mi tierra lo que quiere. 

; Viva la libertad ! \i) 

(i) Todas estas letrillas, aunque sin fecha, son indudablemente de los años 1830 
á 43. (Ed.) 



ce de tus ojuelos es la llama; 
tu hablar, tu aliento j 
leí jardín la perfumada brisa 
1 atmósfera templa y embalsama. 

s que te ofende, ángel de amor, quien 

alma encantadora la divisa 
tu frente hapas ver clara y precisa, 
el carmín que lu mejilla inflama. 

! ¡ Pepa hermosa! ¡Solo á lí te adoro! 
i otro más feliz supo agradarte 
a gand el tesoro. 



que haré yo ? me bastará el amarte 

B á mi amor corresponder no puedes... 

10 se lo digas á Mercedes. 



Virgen, de puras vírgenes ejemplo, 
or delicada entre escogidas ñores, 
yeme grata, si al cantar de amores, 
1 ya olvidada lira n^ destemplo. 



-TB^ 



POESÍAS. 167 

Cuando escucho tu voz, cuando contemplo 
De tu ojos los lánguidos fulgores 
Que revelan una alma, encantadores, 
De la dulzura y la inocencia templo; 

Entonce á ti, Mercedes, sólo admiro, 
Sólo tú endulzas mi destino adusto, 
Sólo vivo por ti, por ti suspiro, 

Y mi amor te declaro, porque es justo 
Que la beldad que lo inspiró, lo sepa... 
Pero no se lo digas á la Pepa. 



A MIS AMIGOS. 



La pasión que devórame insensata, 
Voy á decirla de primer envite : 
Fuego de amor mi corazón derrite, 
Fuego de amor mi espíritu arrebata. 

¡Amigos! no juzguéis que es patarata, 
Ni hagáis mofa de mí, porque me irrite, 
Viéndome en este juego sin desquite, 
Sin tener ¡ ay ! ni á quien llamar ingrata : 



Que en tal hoguera, en tan ardiente pira, 
En tan estrechas é invencibles redes, 
En tal amor, lo que me da más ira, 




I 68 FELIPE PARDO. 

Es no poderles explicar á Ustedes : 
Si es Pepa ó es Mercedes quien lo inspira, 
Ó lo inspiran las dos, Pepa y Mercedes. 



Á JOAQUÍN CON MOTIVO DE SU MATRIMONIO (l), 

{De consonantes forjados.) 

No te alumbró, Joaquín, cristiana Iu:j[ 
En el Sena, en el Tajo, ni en Po, 
Pero en el Rímac te dijeron : « ¡So! 
Para soltero; » y cargas con la cru!(. 

Algunos temen más que á un arcabu^, 
Al gasto en coche, en palco, en tul, y en gró, 
Amén del riesgo, á lo que entiendo j^o, 
A que exponer recelan su testu:^. 

Tú no temas : si no eres libre pe:[; 
Si alegre concurrió con su trastrds 
A tu nupcial banquete el almire;^; 

Aunque vales muchísimo, qui^ds^ 
Crea de mi deber, llamado ájue![y 
Declarar que tu esposa vale 77ids, 



(i) D. José Joaquín de Osma, limeño, por muchos aflos ministro del Perú en 
Europa , después marqués de la Puente y Sotomayor y suegro del Excmo. 
Señor D. Antonio Cánovas del Castillo. (Ed.) 



"i 

J 



POESÍAS. 169 



EL ÁLBUM. 

Dice en cada hoja tu álbum, que eres bella,... 
(No soy voto en materia de pintura,) 

Y que eres, para colmo de ventura, 
De talento y saber fúlgida estrella. 

¿Talento i^ sí; mas no del que descuella 
En gobierno casero ni en costura. 
I Saber ? la virginal literatura 
De Eugenio Sué marcada con la huella. 

Quema ese álbum, mujer, con que te esponjas, 
Donde, por que tu ruego no la hostigue, 
La urbanidad estampa sus lisonjas. 

Que jamás novio encontrarás tan bestia, 
Que en el álbum tu mérito investigue, 

Y no en tu corazón y en tu modestia. 

PARA EL ÁLBUM DE ROSA. 

¿Versos, á oscuro trovador de América 
Pides desde la Corte napoleónica. 
Para un álbum feliz que ilustra armónica 
Tanta trova pindárica y homérica? 

En situación me pones climatérica, 
Rosa, porque no hay ya pildora tónica 
Que aliviar pueda la dolencia crónica 
Con que mi inspiración se ha hecho quimérica, 

10 



I 70 FELIPE PARDO. 

¿Cómo ser, pues, de tus cantores émulo? 
Pero ¿negarme?... no. . cojo mi báculo, 
Y á colocarme en tu álbum marcho trémulo, 

Pidiendo á Apolo que me dé su brújula 
Para ofrecerme en público espectáculo. 
Con un pobre soneto en rima esdrújula. 



\ 



-f^r• 



FRAGMENTO DE UN POEMA. 



ISIDORA (i) 



CANTO I. 

Disputen los Doctores que á mí, lego, 
No me atañe meterme en tal hondura, 
Si desde su nacer al hombre ciego 
Se da ó se niega la eternal ventura : 
Si el que demuestra á la maldad apego 
La maldad tuvo por nodriza impura ; 
Y si al que justo los delitos odia 
Le fué en su cuna la virtud custodia : 



Si existe libertad en los humanos 
Para hacer obras buenas y obras viles : 
Si hemos de apechugarnos los cristianos 
Con la fatalidad de los gentiles : 
Si unos, la gloria tienen en sus manos 
Antes de abrir los ojos infantiles; 

(i) El auto^ no llegó á escribir más que el canto i' de este poema, porque lo 
interrumpieron en su tarea, las atenciones de su carrera pública ; y desconfiando 
siempre de tener la tranquilidad necesaria para desenvolver el asunto con la ex- 
tensión que se había propuesto, jamás volvió á ponerle mano. 




172 FELIPE PARDO. 

Y si á otros les da juntos el Eterno 
El lecho de la infancia y el infierno ; 



Mi osada discusión yo no dirijo 
Nunca á tan climatéricos asuntos; 
Como hombre, como padre, como hijo,. 
Llenar me basta mis deberes juntos: 
« Temer á Dios, » como Racine dijo, 

Y á nadie más, ni á vivos ni á difuntos,. 

Y no dejar que la ignorancia mía 
Suelte una necedad ó una herejía. 



Mi predestinación es otra cosa : 
Es aquel cierto inalterable giro 
Que la divina mano poderosa 
Nos presta al dar nuestro primer suspiro-^ 
Es^ la organización maravillosa 
Que, sin saber en qué consiste, admiro : 
Sello que nos marcó claro y profundo 
Por lema : Sed tal cosa en este mundo. 



Esto, para explicarme claramente. 
No es más que ingenio ó genio, si se admite 
De voz francesa la adopción reciente. 
Sea uno ú otro, impórtame un ardite 
Semejante cuestión : es el agente 
Que de inmortalidad cédula emite. 
El que sobre su siglo al hombre eleva,. 
Y á la posteridad fácil lo lleva. 



POESÍAS. I ji 

Él díó al gran Newton la invención aquella 
Del imán que en su centro el globo esconde; 
Y al célebre Copérnico la huella 
Mostró, que á los planetas corresponde ; 
Él de Bolívar alumbró la estrella; 

9 

El la carrera demarcó, por donde 
Marchó el Emperador de los Franceses, 
Grande en su gloria, grande en sus reveses. 



Él á Homero creó : pof Él Virgilio 
Se eternizó con el llorón de Eneas : 

Y Teócrito por Él creó el idilio : 

Y tú, al héroe manchego, España creas : 

Y Calderón y Lope por su auxilio 
Del Parnaso español, ricas preseas, 
Tienen, — donde hombres haya y no vestiglos, 
Por patria el mundo, por edad los siglos. 



En vano es que resista á sus decretos 
Y no la senda siga que El nos marca, 
Quien un nombre dejar quiera á sus nietos 
Guando sucumba al golpe de la Parca. 
Jamás podrá salir de sus aprietos 
Quien en desconocida mar se embarca. 
Byron, bajo la toga de Jovino, 
Tal vez hubiera sido un gran pollino. 



En vano agita la rebelde lira 
Quien sin pasión ardiente y generosa 



i(». 



1 



174 FELIPE PARDO. 

En la vulgar atmósfera respira, 
Ó quien nació para escribir en prosa ; 
Y en vano prosa á producir aspira 
Elegante, castiza y armoniosa, 
Quien á ganar su pan fué condenado, 
Con pedimentos en papel sellado. 



Y si estuviese yo de chirinola, 
Citara varios casos verdaderos 
De autores mil que nunca han dado en bo^a 
Por dejar de su ingenio los senderos : 
Necia manía, que ha hecho por sí sola. 
De grandes hombres grandes majaderos. 
Pero, á más que de ejemplos hay gran copia, 
También lo sé por experiencia propia. 



Aquí frunces el gesto, lector mío, 
Y piensas ver escrita por mi pluma, 
Propia alabanza que te cause hastío. 
No, no insensata vanidad me abruma : 
Jamás cometeré tal extravío. 
Pues tan sólo decirte quiero en suma : 
Que si en mis versos soy de poco precio. 
En cualquiera otra cosa soy un necio. 



Sólo en los versos mi placer existe. 
Cuando observas que vuelvo de este clima (i) 

(i) El autor estaba emigrado en Chile cuando escribió este canto (1839). 



POESÍAS. 1/5 

Los ojos que el destierro agobia triste, 

A la cara ciudad que baña el Rima, 

Y que mi anhelo en contemplar insiste 

A la antes rica y seductora Lima, 

I Cuál de mi rumbo piensas que es la aguja? 

¿ Qué juzgas tú que mi ambición empuja ? 



¿ Imaginas tal vez que estudio el modo 
De arrojar de su trono al tiranuelo, 
Que osado quiso suceder al godo. 
En el dominio de mi patrio suelo ? 
Yo lo quisiera y lo arriesgara todo 
Por obtener tan alto don del cielo. 
Mas no hallo el medio ; que aunque sude el hopo. 
Soy en cosas políticas un topo. 



¿Crees que me ocupo en ver cómo el desorden, 
Vencido el extranjero, cede y calla ? 
¿ Cómo vivan los hombres, cómo engorden, 
Donde el furor de libertad estalla ? 
¿ Cómo se empalman con el bien del orden 
Los derechos de indómita canalla ? 
Mi musa en tal cuestión se muestra lerda : 
Pero yo lo conozco : no es mi cuerda. 



Lector, si así calculas, te equivocas. 
Lo que yo al contemplar á Lima busco ; 
Por más que j oh patriotismo ! tú me embocas 
En cosas graves con empuje brusco ; 



176 FELIPE PARDO. 

Lo que busco, no son empresas locas, 
Sino un hecho algo serio y algo chusco, 
Que fácil se presente en sus contornos 
Para vestir poéticos adornos. 



No busco un héroe, no, porque mis cascos 
Nunca se romperán por los varones. 
Ya tienen ellos harto con los Vascos 
Los Aquiles, Tancredos y Jasones. 
No busco tempestades ni chubascos, 
Ni lides de impertérritos campeones. 
Eso á mi ingenio familiar no gusta : 
La sangre me da horror y el mar me asusta^ 



No quiero presentar ni un personaje 
De vestido marcial, con el engorro : 
Chupa y no cota han de tener por traje, 

Y en vez de casco, peluquín y gorro. 

Y si entra algún caballo en un pasaje 
Ardor y brincos bélicos ahorro, 

Y lo pienso pintar manso y sin lacra. 
Como uno en que mi abuelo iba á su chacra^ 



Busco, para que adorne, encantadora, 
Mi doméstico plan, una heroína. 
¡Ah! si mi musa alcanza de Isodora 
Pintarte la belleza peregrina 
Y el candor virginal, tan seductora 
Parecerá á tus ojos, tan divina. 



poesías. i ']^ 



Que sin consuelo llorarás la estrella 

De haber nacido un siglo después que ella, 



Al monstruo horrendo de avaricia odiosa 
Permitiráme retratar mi tema; 
Y en ese cuadro brillará mi hermosa 
De amables gracias y virtud emblema : 
Al caso, pues; pero ante toda cosa, 
Observaré que tiene mi poema 
El principio más raro de este mundo : 
Empiezo por un hombre moribundo. 



Cualquiera lo sabrá, cuando en cuclillas 
De negros un enjambre inmenso vea. 
Que los codos fijando en las rodillas 

Y murmurando jerga de Guinea, 
Oprimen con sus manos sus mejillas; 

Y que con palidez lóbrega y fea, 
Desde el zaguán anuncian al que pasa, 
Que un amo compasivo expira en casa. 



n/ 



En el patio hay tres mulos corpulentos. 
Cada uno de los cuales un tirano, 
Transporta, que con pildoras y ungüentos 
Es el azote del linaje humano. 
Y en los bastante incómodos asientos 
Del corredor, un lego franciscano 
Ya tose, ya estornuda ó cabecea, 
Ya un responso entre dientes tararea (i). 

(i) Cuadro exacto de las costumbres limeñas en la época á que el autor se re- 
fiere. (Ed.) 



L 



178 FELIPE PARDO. 

Este cuadro presenta lastimoso 
En su exterior la casa de Don Diego 
Zarate y Alvarado de Moscoso, 
Cuyo linaje claro y solariego 
Forma de su ascendencia árbol honroso : 
Quien del dibujo observe el vasto pliego, 
Leerá en el tronco á la primera vista 
Nombres que ha eternizado la conquista. 



Pero ¿ qué hiciera con su alcurnia clara 
Que su nombre distingue de la plebe ? 
¿ Qué, con la mezcla de familias, rara 
Que el erudito en el blasón se embebe 
En explicar menudo? ¿Qué lograra 
Con esos pergaminos, en que debe, 
Triunfante de los tiempos destructores. 
El puro honor brillar de sus mayores? 



; Qué sirviera de ese árbol el ramaje 
Que con mil nombres célebres empalma 
La pureza' de su ínclito linaje. 
Si de Don Diego no tuviera el alma 
Otro^árbol de bellísimo follaje, 
Árbol que da del mérito la palma, 
Árbol que en delicioso fruto abunda 
En el terreno que virtud fecunda ? 



¿ Qué lograra Don Diego, si la historia 
De la bondad que en su alma reconcentra, 



1 






k 



poesías. i 79 

No le diera quietud consolatoria 

En el fatal conflicto que se encuentra ? 

I Si en Lima no causase su memoria 

Hondo dolor ? ¿ Si no lloraran, mientra 

En el ocaso toca de sus años, 

Amigos y domésticos y extraños ? 5 



¿ Si el huérfano no alzase por su vida 
Al Eterno sus palmas inocentes ? 
¿ Si en el templo la viuda desvalida 
No mezclase con lágrimas ardientes 
Oraciones que reza dolorida? 

Si millares de enfermos indigentes 
No olvidasen en tristes hospitales 
Por los del bienhechor sus propios males ? 



¿ Si no hubiese ilustrado su talento 
Con nociones en Lima extraordinarias ? 
¿ Si no lo hiciesen ellas un portento, 
Gomo sus viajes en regiones varias? 
Aprendió lenguas : se versó en un cuento 
De obras para aquel tiempo estrafalarias : 
A Portugal y á España vio en su infancia; 
Y al célebre Boileau conoció en Francia. 



Sin tan pr^eciosas y envidiables dotes, 
¿Qué supusiera Zarate el hidalgo ? 
Nada. — Mas no se piense que estos brotes 
De odio á la aristocracia envuelven algo. 



L. 



Wr- 



POESÍAS. J 8< 



Escrupuloso, lleva la alta y baja 
De los enfermos ricos que hay en Lima. 
En cada alcoba pertinaz se encaja : 
A cada lecho de dolor se arrima : 
Hasta que no le visten la mortaja, 
Cada enfermo infeliz lo tiene encima, 
Con más ardor y obstinación más recia 
Que Troya tuvo á la irritada Grecia. 



Pone primero el punto á los humanos 
Oficios de albacea ; y es lo mismo 
Ver la masa de bienes en sus manos, 
Que eliminarla en mágico embolismo. 
Es un naufragio en piélagos lejanos 
Que lo hunde todo en insondable abismo, 
Sin que aparezca tabla en la ribera 
De do la suerte del bajel se infiera. 



Si no logra pillar la sinecura 
Que ansia, de ejecutor testamentario. 
Hombre rico no irá á la sepultura 
Sin hacerlo, á lo menos, legatario. 
Un inocente huérfano se apura 
Por arrancarle el fundo hereditario : 
Una viuda lo trae al estricote 
Por cuarta marital : otra por dote. 



A todos impertérrito hace frente 
De doble cota armando su conciencia; 



1 1 



FELIPE PARDO. 

omra la caterva impertinente, 
3ge ya al alcalde, ya á la Audiencia. 

. abogado : pero está al corriente 
s hondos arcanos de la ciencia ; 
]ue es más, para engañt 



I, la frente angosta y arrugada. 

:omponen la ceja gris poblada : 

lariz descomunal domina 

giún de la boca dilatada, 

ílo guarda ya rara ruina; 

:ido está en acción la barba aguda, 

) nariz afable se saluda. 



ojos que este rostro enjuto y serio 
m, son pequeños; los guarnecen 
is ojeras : pérfido misterio, 

intención indican : resplandecen 
amparas en triste cementerio; 
;u siniestro giro, copia ofrecen, 

lo halló mi observación diuturna, 
nuoso volar de a 



: es del rostro pálido el trasunto. 
I atento : en él, de las internas 
aciones formarás barrunto : 
¡ene grietas, senos y cavernas, 



POESÍAS. 1 83 



Su corazón, no dudarás un punto : 
Que es corazón para afecciones tiernas 
De bronce, y no lo ofenda la lisonja, 
Para maldades, corazón de esponja. 



Volvamos pues á nuestro asunto. Asoman 
Los hijos de Esculapio por la sala : 
Y ni sonríen al salir, ni embroman : 
No hay ya resquicio á la esperanza. Escala 
Su mulo cada cual : pero antes toman 
La pitanza que el uso les señala, 
No sin examinarla al simple tacto. 
Para ver si el pagano ha sido exacto. 



Los tres van taciturnos, cabizbajos, 
¿Qué causa su aflicción? ¿ El poco fruto 
Que esta vez han dejado sus trabajos? 
¿De la familia de Don Diego el luto ? 
No : sus pesares tétricos son gajos 
De otro racimo : son del absoluto 
Convencimiento que á los tres apunta. 
Que han celebrado ya la última junta. 



En las mangas ocultas ambas manos, 
Gravedoso pasea por la cuadra (i), 
El jefe de los frailes franciscanos. 
Que con todos los nobles encompadra : 

(i) Nombre que invariablemente se da en Lima á la sala de recibir. 



184 FELIPE PARDO. 

Encargos hace sobre el orden, vanos : 
Riñe al negrillo que tal vez baladra ; 
Y está, para acudir pronto, dispuesto, 
Guando digan : « Ya es hora. Fray Modesto. » 



Entapizado de damasco grana, 
Sigue inmediato el vasto dormitorio, 
Donde recuerda la familia ufana 
Que la cuna y el lecho mortuorio 
Fueron de sus abuelo*. Fé cristiana 
Allí su auxilio da consolatorio, 
A Don Diego de Zarate que aguarda 
Una muerte infalible pero tarda. 



¿Ves caminante que cansado viaja 
Del duro estío en la estación molesta, 

Y contra el sol que sus facciones raja, 
Encuentra venturoso una floresta ? 

¿ Qae allí, agobiado de fatiga, baja : 
Que va cerrando el párpado en la siesta, 

Y poco á poco el céfiro risueño 

Le embriaga con los néctares del sueño ? 



¿Ves la nave que, al soplo de la brisa. 
Ancoras leva y en la rada flota 
Presta á surcar la superficie lisa 
Que blanda mar ofrece á su derrota? 
¿ Que se aleja insensible, y se divisa 
Cada vez más pequeña y más remota, 






POESÍAS. 1 85 

■ 

Hasta que, cual si en medio alzara un monte, 
A tu vista la roba el horizonte ? 



Así tranquilo Zarate en su cama 
Consume su existencia. La agonía 
Es para él, la moribunda llama 
De lámpara que suave y dulce ardía : 
No es incendio que lidia y que se inflama 
Con el agua que á ríos se le envía, 
Y que libra, al ceder á este elemento, 
De humo columnas fétidas al viento. 



En su ancha frente, de pavor, vislumbre 
No se verá, ni de inquietud la huella : 
Paz, y conformidad y mansedumbre 
Fijar quisieron su mansión en ella : 
Un ángel de bondad que á la alma lumbre 
Del cielo va á guiarlo : esta es la bella 
Consoladora imagen de la muerte, 
Que el noble anciano junto al lecho advierte. 



No así en su lecho, el criminal de abrojos 
La vé, cuando ios últimos destellos 
Lanzando de su luz, saltan sus ojos, 

Y se erizan, cual flechas, sus cabellos; 
Sino como dragón que con enojos 
Aterradores quiere asirlo de ellos, 
Arrancarlo á los goces terrenales, 

Y entregarlo á las furias infernales : 



I 86 FELIPE PARDO. 

* 

Está á la cabecera Don Marcelo, 
A mano izquierda, la cabeza gacha 
Sentado en un sillón de terciopelo. 
— « ¿Viene Isidora ya? — ¡Pobre muchacha ! 
¡ Cuan atroz no será su desconsuelo ! » 
Don Diego exclama así. — « Chica, despacha, » 
Añade el otro, yendo hacia la puerta, 
Do más que viva está Isidora muerta. 



Cubre su pecho de celeste albura, 
Suelto el cabello, rizo, negro, undoso, 
Bien así, cual de un bosque la espesura 
£1 rostro oculta de la luna hermoso. 
Ostenta vivo su mejilla pura 
De la inocencia el fuego candoroso; 
Y es con el llanto en que se vé inundada, 
Flor en rocío matinal bañada. 



En vano intenta reprimirlo, en vano 
De serenar su agitación se encarga. 
Por que no observe el moribundo anciano, 
Que despedaza á su hija pena amarga. 
Va tres veces á entrar : pero la mano 
Del dolor la sujeta; y tal la embarga 
Su repugnancia á traspasar el quicio, 
Cual si hubiera en la puerta un precipicio. 



Se resuelve por fin al duro trance : 
De su atroz turbación se hace señora ; 



POESÍAS. 187 



Para que por el llanto no se alcance, 
El llanto amargó, en su interior devora : 
Con la fría razón, porque no lance — 
Indicios de la pena roedora, 
Comprime el corazón tierno y ansioso. 
Cual mina con peñasco ponderoso. 



Llega á la cama : ocupa la derecha : 
Con las ebúrneas manos virginales. 
La cara mano de su padre estrecha. 
— « ¡ Hija! dice él : conozco bien tus males : 
» Te considero en lágrimas deshecha; 
» Mas perdona á las ansias paternales ; 
» Que aunque sé que tu herida hago más honda, 
» Quiero que aun á mi voz tu voz responda. » 



Romper quiso ella su silencio mudo 
A esta ternura que en su pecho labra 
Respeto y gratitud : pero no pudo 
Articular siquiera una palabra, 
Cual si tuviera en la garganta un nudo. 
Mejor le está : que, por el paso que abra 
A sus afectos, solo un ¡ ay I vehementes. 
El acerbo dolor saldrá á torrentes. 



— «Mi último instante es este » continúa : 
« P.esto de su prisión mi alma se libra, 
» Pues siento que mi fuerza se extenúa. 
» No porque deja el mundo, inquieto vibra 



b88 FELIPE PARDO. 

» Mi corazón, que en nada lo valúa. 

» Por ti la muerte, sí, vence mi fibra ; 

w Porque este amor que el alma me conforta, 

» Es el más fuerte vínculo que corta. 



» Pero un consuelo mi amargura calma : 
V Coriozco el prematuro desarrollo 
>) De tu talento, la virtud de tu alma. 
» Sé que hallarás difícilmente escollo, 
» Sin que obtengas sobre él triunfante palma ; 
i> Y que aunque eres aún tierno pimpollo, 



» 
» 



En educarte mi amoroso ahinco, 
Ha hecho de catorce años veinticinco. 



» Isidora, con todo, el celo mío, 
» Solo se ocupa en la hija que yo adoro. 
» Mucho, es verdad, en tu razón confío • 
» Mas por tu edad, tu sexo y tu decoro, 
» Te encomiendo á la guarda de tu tío. 
» Sobre este caro y singular tesoro 
» Que entrego á la confianza que él me inspira, 
)» Mi testamento casi todo gira. » 



¡ Golpe mortal á la infeliz doncella ! 
Se hubiera resistido sin embozo. 
Quizá en otra ocasión : pero en aquella, 
No la dejó el dolor. Tan grande gozo 
Recibe el tío del silencio de ella. 
Que el corazón le salta de alborozo, 



►1 




POESÍAS. 189 



1 



Ya sin temer que su misión peligre. 
Como á la vista de su presa el tigre. 



— « Le encargo pues que siendo suficientes 
» Los bienes que tu herencia constituyen, 
» Te permita los goces inocentes, 
9 Que las penas humanas disminuyen. » 
— ¡ Bueno es que de esperanza te alimentes, 
Si así, Don Diego, tus pesares huyen. 
Por que tranquilo á tu sepulcro bajes : 
Pero, allá loyeredeSy dijo Agrajes! 



— « También le encargo. ¡ Hermano I y que no muera 
» Conmigo este mi ruego postrimero; 
» No violentes á mi hija cuando quiera 
» Elegir de su vida el compañero. 
» Al hacer este encargo, considera 
» Que exterior tan vivaz y zalamero, 
» Nunca intenciones, ni aun remotas, palia, 
» De vestir jerga ni calzar sandalia. 



» Sin libertad, la maldición del cielo 
» Verá en el yugo que las almas unce. 
» Honor y cuna en su marido anhelo : 
» Ella los buscará, sin que la punce 
» La voluntad ajena. » — Don Marcelo 
Baja la frente y el hocico frunce 
En ademán de aprobación grotesco : 
Mas dice en su interior : « Sí, ya estás fresco : » 

1 1. 



190 FBU?E PARDO. 

f 

— « I Ah! nunca... nunca... sé muy bien que asila 
» Al pundonor su pecho... Yo no aspiro... » 
Aquí su escasa fuerza se aniquila : 
Quiere en vano exhalar hondo suspiro : 
En el párpado esconde la pupila, 
Vagando el ojo con incierto giro : 
£1 cruel parasismo que padece, 
La palidez de su semblante acrece. 



Por hablar á sus deudos aun se inquieta. 
¡ Padre infeliz I ¡Tu esfuerzo es impotente ! 
El vigor ya sus miembros no sujeta : 
Otro calor no guardan que el que siente 
La mano que Isodora amante aprieta. 
En que quisiera de su labio ardiente 

r 

A besos estampar la huella roja, 
Y que con lloro más ardiente moja. 



La hija, sobresaltado el tierno pecho, 
Levanta el rostro ; el de su padre mira : 
Lanza un agudo grito, cae en el lecho, 
Y con horrible convulsión delira. 
Sácanla al punto. De placer deshecho, 
A un lado y á otro Don Marcelo gira, 
Cual si estuviera previniendo un baile. 
Sale, entra, á salir vuelve, llama al fraile. 



Al lado de Don Diego lo coloca : 
Corre á la habitación do la sobrina 



POESÍAS. igi 



Está, perdida la razón. La toca. 
Como quien sus dolencias examina. 
Mas las tales dolencias son de poca 
Monta para él : lo que lo desatina, 
Es la argolla de llaves seductora 
Que está colgada al cinto de Isidora. 



Busca ansioso su presa : desaliña 
Á la muchacha ; hasta que al ñn la argolla 
Se presenta á sus ojos. Escudriña 
De desatarla el modo : mas se atolla 
En un aán inútil, que la niña 
Fuerte nudo había echádole. Su cholla 
No le ofrece otro medio por lo pronto, 
Que los colmillos aplicar. El tonto, — 



Por poco logra derribar con esto. 
Los pc|^tes carcomidos, vacilantes, 
De un arrasado pueblo único resto : 
Pero llama en su auxilio los cortantes 
Filos de una tijera, y logra presto. 
Coronar sus esfuerzos anhelantes. 
I Llaves, cambiasteis vuestro asiento caro, 
Por el yermo bolsillo de un avaro ! 



Corre toda la casa á largo tranco : 
Por los oscuros cuartos do se inquieta, 
Se vé la ondulación del gorro blanco, 
Como la cola de fatal cometa. 



dejar á raterías flanco, 

o todo en un lugar decreta ; 

. en trasladar con seis gandules, 

s y baúles. 



estamento armado allí, prolijo, 
que contiene está completo; 
!Ja en los muebles escondrijo 
menudo examen no haga objeto. 
el caudal, do el pensamiento fijo, 
irto tiempo; y sí á su anhelo inquieto 
9 de un centavo se presenta, 
mil veces á empezar la cuenta. 



nto el accidente de Isidora 
n día. Sus ojos pesarosos 
itraron su luz encantadora 
is siete de la noche ; ansiosos 
ilación recorren; y á deshora, 
éndola, exhala lastimosos 
os gemidos la cuitada, y dice : 
)ónde mi padre está?. ..¿dónde?... 



de? — Un estrepitoso Miserere 
ne responde á esta pregunta... 
into aterrador! , Canto que hiere 
corazón, como la punta 
unal! *íQuéoigo?¡OhDios!porqui 
líenla hija infeliz, y no se junta 



POESÍAS. 193 

» Con su padre en la tumba? » Así prorrumpe, 
Y un torrente de llanto la interrumpe. 



Dejémosla llorar : que el llanto vierta 
Más justo que derraman los mortales, 
Llanto que sólo encuentra copia cierta 
En el sudor que derramó á raudales 
El tío avaro, por cerrar la puerta 
A gastos mil, en caso tal, usuales ; 
Y llenar tanta y tanta ceremonia^ 
Sin violar su jurada parsimonia. 



Por supuesto en lo que es depura pompa, 
Que ceder tuvo, aunque con gran violencia ; 
Pues de la fama asusta más la trompa. 
Que el grito aterrador de la conciencia. 
Mas como de que el uso en misas rompa 
Sólo en el otro mundo hay evidencia. 
Fué tal su economía en este punto. 
Que no tuvo una el alma del difunto. 



I Misas?... Para fíjar las dimensiones 
Del fúnebre ataúd, hubo quimera. 
— « ^ Cuánto, por él, llevarme te propones ? » 
Al carpintero dijo : — «La madera 
» Está cara, señor... Cuatro tablones... 
j» Clavos... cola... jornal... Si usted me diera 
» Seis doblas, consultando todo ahorro, 
j) Lo pudiera entregar hasta con forro. » — 



"I « ■ ■ ' J ■ -I - ^V^PWV ■ |i 1^ ^1 



194 FELIPE PARDO. 

« ¿ Seis doblas? » — « ¡ Barato es por vida mía! 
— « ¡ Barato !... Mide el muerto en el instante. 
» ¿Seis doblas? \ Espantosa pillería!... 
» ¡ Qué modo de medir! Para un gigante 
» Un ataúd tan largo serviría... 
)> Dame esa vara, dámela bergante. » 
Y el miserable con su propia mano 
Mide el cadáver de su pobre hermano. 



Observa de criados el conjunto 
Esta escena de horror que los admira. 
Se entrega cada cual sobre el asunto, 
A comentarios mil. Gime y suspira 
No tanto por el alma del difunto, 
Cuanto por el terror que el vivo inspira ; 
Porque estos procederes infernales, 
Del triste porvenir les dan señales. 



Este viejo cree hallar al amo sordo 
A la indulgencia que la edad merece, 
Ese, que más que un cerdo se vé gordo, 
Piensa ya que el trabajo lo enflaquece 
Ó tal vez lo revienta. Aquel vilordo 
La última vez bosteza y se estremece. 
Viendo que en adelante, ó anda al trote, 
Ó le abre las espaldas el azote. 



También negros presagios Isidora 
Se contrista en formar sobre su suerte. 



poesías. 19 

La hermosa vista que el dolor azora, 
Vuelve hacia atrás, é inconsolable advierte 
Todos los bienes que perdió á deshora. 
Sólo recuerdos quedan ya ; y la muerte 
Oscuro velo en derredor les ciñe, 
Que en color melancólico los tiñe. 



Vé el porvenir, y súbito la asaltan 
Mil pesares y mil que en él se encierran, 
Que su imaginación ardiente exaltan, 
Y su inocente corazón aterran. 
Personas piadosísimas no faltan, 
Que quieren consolarla. ¡Cuánto yerran! 
Cada inútil razón que le dirigen, 
Es un nuevo dogal con que la afligen. 



— « Si no hay remedio, Isidorita, dime ; 
« ¿ Por qué ese llanto? Tu dolor acalla. » — 
Por eso es cabalmente por que gime; 
Porque remedio la infeliz no halla * 

Al infortunio horrendo que la oprime : 
Porque ha alzado la muerte una muralla 
Entre ella y el placer, y vé en el mundo, 
Sólo un abismo de dolor profundo. 



Cómo quedó Isidora en este infierno 
Que al lado de su tío era seguro : 
Cómo su padre, que la amaba tierno 
No consultó su bienestar futuro : 
Ya que aun era temprano para yerno, 
Cómo no buscó un hombre menos duro, 



FELIPE PARDO. 



Y más ñel en guardar ese tesoro; 
Si la verdad he de decir, lo ignoro. 



Si en Don Diego, respecto de su hermano 
El amor fraternal cegá el criterio; 
Si ponfo creyó que más humano 
Fuera en desempeñar su ministerio ; 
Si por temor al qué dirán mundano 
No dio el cargo á un extraño; es un misterio 
Para mi ; pero sea lo que sea. 
Ello es que él fué tutor y fué albacea. 

Si fué de vituperio ó fué de aplauso 
Digno en estas funciones el buen tío. 
Lo dirá, si fastidio no te causo. 
El resto de mi historia, lector mío. 
Pero será otro día, porque hoy pauso. 
Para que cobre el canto nuevo brío ; 

Y porque en producciones tan difusas. 
Fieras destruyen mi salud las musas. 

Y no pienso en la prosa. Y no hay remedio : 
Ó prosa ó ayunar; si no me soplas 
Para comer con versos algún medio, 

Y con la utilidad el gusto acoplas. 
Inútil de buscarlo será el tedio : 
No se vive en América de coplas. 

No excite pues, mi pausa tus reproches, 

Y vamos á otra cosa, r Buenas nochesl 



r 



i 



SÁTIRAS políticas 

É INSPIRACIONES DE LOS ÚLTIMOS ANOS DEL POETA 

(i85o Á i865). 



i 



SONETOS 



DEDICATORIA 

A. S. E. EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

Os dedico, Señor muy excelente 
(Que vale en buena cuenta lo mismísimo 
Que deciros Señor Excelentísimo), 
Os dedico mi libro, ¡ oh Presidente! 

¿Qué Mecenas hallar más eminente? 
Patriota y liberal ardorosísimo, 
Justiciero, económico, purísimo, 
Sabio, inflexible, enérgico y valiente. 

Aquí no ensalzo al que hoy nos acaudilla, 
Que eso en verdad me aprovechara poco, 
Sino al que ocupe la suprema silla 

Cuando salga mi libro : á él se lo emboco 
— ¿Y quién será esa octava maravilla ? — 
¿ No lo sabes, lector ? Pues yo tampoco. 

PARA SERVIR DE ADVERTENCIA Á MIS COMPOSICIONES 

POLÍTICAS. I 

i 

Poner no quiero á mi franqueza dique, J 

Aunque mi escasa fuerza en ello agoto, ] 



I FELIPE PARDO. 

Cuando ya el miedo al qué dirán he roto, 
Ni tengo empleo que se vaya á pique, 

e de leer lo que de mí publique 
id escritora en alboroto, 
le solicitar, humilde, el voto 
ítores de Angola y Mozambique. 

Itdo, extenuado, moribundo, 

aé he de respetar las falsedades 

1 desconcierto atroz ponen al mundo ? 

or, los males de la patria apuran, 
ar es fuerza. Si arden mis verdades, 
én arden los cáusticos y curan. 



ación de estrambótico artificio, 
un rey que por las calles vaga : 
: aguardiente, de tabaco y daga, 
lencia y al motfn propicio : 



o autócrata, que oficio 
n la tierra, de ominosa plaga : 
)e de memoria tan aciaga, 
nuestro Redentor llevó al suplicio : 

in que el freno de la ley no sufre 
aya injusticia no hay reintegro; 
T Luzbel ungido con azufre ; 



f 



poesías. 201 



Czar de tres tintas, indio, blanco y negro. 
Que rige el continente americano, 
Y que se llama — Pueblo Soberano. 



TRISTE REALIDAD. 

Aunque temo no baste mi talento 
Por afanoso que en la empresa incube, 
El Sanhedrín bosquejaré, do estuve, 
Costándome el reloj, mi atrevimiento. 

Hierve tráfico torpe y fraudulento : 
Llueven puñadas y empellones : sube 
De cigarros y alcohol en densa nube 
Diabólica algazara al firmamento. 

¿Son tunantes? ¿Son locos? ¿Son muchachos ? 
¿ Son acaso borrachos ? Hay de todo : 
Niños, locos, tunantes y borrachos. 

Que cumplen con la ley; pues de ese modo 
Constituyendo electoral Colegio, 
Ejerce el Pueblo-Rey su poder regio. 



A UN POETASTRO ADULADOR DE UN PODEROSO. 

[Conque de Don Jinés construyes aras 
A las virtudes, rebosando en gozo ! 
¡ Conque pueblos fundó, y hasta es buen mozo, i 

Puesto que al sol brillante lo comparas I . J 



202 FELIPE PARDO. 

Permita Dios, por que te cuesten caras 
Las frases que te arranca el alborozo, 
Que te veje y humille sin embozo, 
Tu Don Jinés el de las prendas raras. 

Que no tengas más sol que te caliente ; 
Ni otro hogar que los pueblos que ha fundado; 

Que su yugo te agobie eternamente ; 

« 
I 
Y que si abrazas á tu objeto amado, 

La Filis bella en cuyo amor te escaldas, 

Se te convierta en Don Jinés con faldas. 



i 



EL PERÚ. 



¿Qué es esto? | Oh Dios ! ¿Qué vértigo satánico, 
A numerosos pueblos rapidísimo, 
Cual movidos por ímpetu mecánico, 
Lleva á hundirse en abismo profundísimo? 
¿Es hechizo funesto? ¿ Es vicio orgánico? 
Ó ¿ el desorden por mira del Altísimo 
Atrinchera sus reales, estratégico, 
Desde los Patagones hasta Méjico ? 



No, no es mira de Dios ; nunca lo fuera, 
En sus miras es Dios todo armonía; 
¿Cuando presenta súbito en la esfera 
Un mundo su eternal sabiduría 
Ala fé ardiente de Isabel primera, 
Será para que el mal su saña impía, 
Cebe en naciones que arrancó el bautismo 
A la garra infernal del paganismo ? 



¿ Será para tener desposeída 
Del goce angelical de la concordia 
La ignorada región que con su egida 
Cubrió su paternal misericordia ? 



■"'1 



204 FELIPE PARDO. 

¿Será para que América afligida 
Sufra, á merced de bárbara discordia, 
Bajo la Iglesia plagas más crueles 
Que bajo la impiedad de los infieles? 



Noj no es mira de Dios : que un continente 
De riquezas sin fin no hizo venero, 
Para que objeto fuese eternamente 
De compasión al universo entero. 
Y si en predilección tan evidente 
Vé el mundo de Colón dichoso agüero, 
¿Qué, la nación verá que fundó Manco, 
Con quién fué el cielo en dádivas más franco ? 



De Dios la mira es otra. Dios piadoso 
Muchedumbre nos dio mansa y sencilla, 
Que así al imperio justo y generoso, 
Gomo al ruin y bárbaro se humilla. 
Tesoro inesperado y portentoso 
De nuestro mar improvisó en la orilla; 
Y ríos nos creó que de canales 
Crucen nuestros ardientes arenales. 



J 



Dios puertos nos abrió, donde violenta 
Nunca su furia el huracán ensaya, 
Donde triste naufragio no amedrenta 
Al morador de la tranquila playa ; 
Donde, al abrigo de feroz tormenta, 
Ser rehusa el barómetro atalaya, 



j 



> 



POESÍAS. 2o5 

Gomo exigiendo, al verse en mar tan manso, 
Su vigilante actividad descanso (i). 



¿Qué queréis ? ¿ Perdurables monumentos 
Que arranque á los cinceles la escultura, 
O eleve sobre sólidos cimientos 
A las nubes la osada arquitectura i 
Ébanos, robles, cedros corpulentos, 
De las selvas pedid á la espesura; 

Y bronces á las minas, y granito, 

Y mármol del albor más exquisito. 



¿Quizá industria pedís? Igual riqueza 
También al artesano laborioso 
£1 patrio suelo brinda con largueza, 
De cuanto vario, y útil y copioso 
Puede ofrecer conforte á la pobreza, 
Pasto á la vanidad del poderoso, 
Severa majestad á los altares, 
Esplendor á las pompas militares. 



¿No veis, no veis ese uniforme grana. 
En que lucen, rivales de la seda. 
La suavidad y el lustre de su lana. 
Con que apuesto bretón guarda la rueda 
Del coche de su augusta soberana (2)? 
Pues quizás todo del Perú proceda, 

(i) Sabido es que el barómetro apenas marca las variaciones del tiempo en las 
latitudes bajas de la costa meridional del Pacífico. 
(2) Alude á la esposa de Napoleón III. (Ed.) 

12 



206 



FELIPE PARDO. 



Y á él deban su finura y su decoro, 
El paño, el tinte y los galones de oro. 



Dios, en climas nos dio vario elemento. 
Con que á las producciones más extrañas 
El Perú ofrece hospitalario asiento. 
Dios, del Perú crear en las entrañas 
Quiso el carbón, con que humillar el viento 
Logra el vapor, y el mar y las montañas ; 
Y en fin, para encerrar nuestros caudales, ' 
Dios, los Andes alzó monumentales. 



Mas de sus altos dones la riqueza 
En nada más espléndida resulta, 
Que en la varia y gentil naturaleza 
Que en el oriente nuestro linde esmalta : 
Rapto de admiración y de grandeza , 
Los más tibios espíritus exalta, 
Al contemplar el cuadro portentoso 
Que desenvuelve aquel Edén suntuoso. 



Arboles de titánica estatura, 
Dosel cada uno de una tribu entera, 
Que no encuentran rival en la hermosura 
Del variado matiz de su madera : 
Plantas y flores mil, en que natura 
Su caprichosa ostentación esmera, 
Y que ciñen riquísimas coronas 
A la sien imperial del Amazonas. 



'¿^. 



POESÍAS. 207 



Morera, que da vida al laborioso 
Gusano, en sus talleres naturales, 
Para vestir al procer ostentoso 

Y adornar los alcázares reales : 
Algodón, que el inglés acopia ansioso. 
En su sed de victorias industriales : 

Y caucho, que es impenetrable egida 
De la salud y de la humana vida : 



Dulce caña, jugosa y gigantea, 
Que veloz se propaga y veloz crece, 
Dejando por raquítica y pigmea, 
La que en Asia y en Cuba el aura mece 
Tintes con que la Europa se recrea, 
Y su industria matiza y enriquece. 
Satisfaciendo con su activo influjo, 
Los caprichos fantásticos del lujo : 



Vasta copia en raíces y animales 
Al sustento y al gusto provechosa; 
Cocoteros, almendros, cafetales : 
En tamaño, á la almendra sustanciosa. 
El fruto nutridor de los maizales 
Haciendo competencia victoriosa; 
Y tú, rey de los néctares, cacao. 
Delicia del almuerzo y del sarao : 



La vid que dos montañas entapiza 
Hallando en ellas protector arrimo, 



208 FELIPE PARDO. 

• 

Y en variado festón que el sol matiza, 
Luce con esplendor su áureo racimo ; 
Mientras entre ambos cerros se dezliza 
El manso rey de aquel estado opimo, 
Que, sumiso á más alto soberano, 
Va fiel á acompañarlo al océano : 



Y apacibles las auras tropicales 
Refrescan la carrera ya adornada 
Por las valiosas galas vegetales ; 
Y la alegra con plácida alborada. 
De forma y de colores ideales. 
Muchedumbre de pájaros variada ; 
Rindiendo así en sus pompas la comarca 
Respetuoso homenaje á su monarca : 



La tuna á quien tranquilas posesiones 
No bastan en los campos dilatados, 
É invade las ruidosas poblaciones. 
Para arraigarse en torres y tejados (i); 
Sandías y aromáticos melones, 
Para fácil transporte tan pesados, 
Que ya los reconecen las florestas 
Como los anfitriones de sus fiestas : 



La palta que da al pan, su compañero, 
Gusto mejor que la batida nata : 

(i) No hay nada en esto de exageración. Cualquiera que haya viajado por el 
interior, habrá visto en muchas poblaciones nacer los tunales (ó nopales) en los 
techos, en los campanarios, y hasta en las cornisas de los edificios. (Autor). — 
Esto es exacto, y lo hemos visto nosotros, al recorrer la región andina del Penü, 
principalmente en Ayacucho y sus inmediaciones. (Ed.) 



POESÍAS. 209 



La lúcuma que de hábil repostero 
La más feliz inspiración retrata ; 
La frutilla esparcida en el otero 
Cual perfumada alfombra de escarlata 
El pldtanOy á que dan retrete umbroso, 
Fajas de raso en pabellón vistoso : 



Odorífera pina que arrogante 
En follajes simétricos se asienta; 
Naranja que su humor refrigerante 
Y su dorada redondez ostenta ; 
Del clima tropical blasón fragante 
Chirimoya exquisita, que presenta 
Ufana en nuestros huertos á Pomona, 
El más rico florón de su corona; 



La guayaba, que lejos, altanera 
Se anuncia en los aromas que derrama : 
La fresca granadilla que ligera 
Por árboíes y riscos se encarama 

Y miles más de frutas, que arduo fuera 
Recomendarlas todas á la fama, 

Y celebrar en tonos dignos de ellas 
Su fragancia, sabor y tintas bellas : 



De especies, en corteza y en resina 
Inmenso acopio. Saludable aceite; 
Perfumes en que fácil se combina 
De olfato y paladar amplio el deleite; 



[2. 



2IO FELIPE PARDO. 

Cuanto para triunfar la medicina, 
El femenil orgullo para afeite ; 
Cuanto para reinar en todas partes 
El comercio, las ciencias y las artes ; 



Cuanto para sustento y embeleso 
La humanidad; cuanto en su sed violenta 
Puede el siglo pedir para el progreso ; 
Cuanto el afán emprendedor fomenta; 
Cuanto con noble y maternal exceso 
En su vegetación la tierra ostenta, 
Sin que el arado sus entrañas rompa, 
Todo allí resplandece en regia pompa. 



La civilización está en la infancia.... 
Cierto, ¡ oh dolor ! mas genios hay incultos 
Que roban, á pesar de su ignorancia, 
.Al arte sus misterios más ocultos ; 
Y por los que, humillada su jactancia, 
Algún día verán pueblos más cultos, 
Si del cultivo al refulgente lampo, 
Solícito el poder les abre el campo. 



Tal profusión de dones, tal riqueza, 
¿ La volundad de Dios no hacen patente. 
Que siglos de ventura y de grandeza 
Guarda al Perú y al vasto continente ? 
Mas, para combatir nuestra tibieza, 
El fin de su obra reservó prudente ; 



i * 



■ 



•»- 



poesías. 211 



Y del mortal encomendó al anhelo, 
El fruto cosechar que formó- el cielo. 



I Encomendó al mortal ! ¡ Difícil cargo. 
Para el mortal que entre tinieblas gime, 
Si de la oscuridad y del letargo 
Inteligente acción no lo redime! 
¡ Ah ! ¡ Cese ya destino tan amargo, 
Y la infeliz nación, á quien oprime 
De la ignorancia el hórrido vestiglo, 
Marche en la senda que ilumina el siglo ! 



Industria, activo cambio, agricultura, 
Sólo de sabia dirección carecen ; 

Y el celo ardiente, buena fé y cordura. 
Cuanto en sus escogidos apetecen. 

No pide más la nacional. cultura, 

Y puéblanse los yermos y florecen, 
A impulso del vapor y de la fragua, 

Y al refrigerio creador del agua. 



Cultura el pueblo, sí : la turba ociosa 
Que en la inacción y crápula vegeta. 
Es tiempo ya que en servidumbre honrosa 
De la razón al yugo se someta ; 
Es tiempo ya que activa y ardorosa. 
Se afane por su bien, cual bulle inquieta : 
Cuando al influjo de anarquista aleve, 
A trastornar la sociedad se mueve. 



212 FELIPE PARDO. 

I Y así de la ambición á la artería 
También no. prostituyese insensata, 
Del sufragio en la torpe granjeria? 
Y ¿ así también la autoridad no acata, 
Cuando la autoridad, dura é impía, 
Á esposa, hijos y hogares la arrebata, 
Para comprar, á precio de su vida, 
El laurel de contienda fratricida? 



Pues si obedece, que en su pro obedezca : 

Y que á labrar su dicha se le enseñe, 

Y Qon la suya, la común acrezca ; 

Y en el progreso nacional se empeñe ; 

Y en la honrada labor no desfallezca ; 

Y sólo en ella su ventura sueñe; 

Y rompa de la tierra las entrañas; 

Y allane las altísimas montañas. 



A los que al proletario en bienandanza 
Aventajáis, y en clara inteligencia, 
A vosotros, tan útil enseñanza, 
Ciudadanos, confió la Providencia, 
Realizar tan magnífica esperanza : 
Y del ejemplo y de la voz la influencia, 
Dé savia, y íronda, y juvenil verdura, 
Al árbol de la pública ventura. 



Cumplid vuestros patrióticos deberes ; 
Ennobleced un pueblo desidioso; 



^\ 



poesías. 

Grabadle con eternos caracteres, 
Que de la libertad el bien precioso, 
Lo dan : la actividad de los talleres, 

Y el seno de la tierra generoso, 

Y la virtud; no el ocio ni los vicios. 

Ni el tumultuoso ardor de los comicios. 



2l3 



jAh! cien hombres de noble sentimiento 
Bastan, de la Divina Providencia 
Las miras á llenar. No más que ciento.... 
¿Dónde están? ¿Los sumerge la indolencia 
En torpe sueño?... y ¿ ceden, sin aliento, 
El campo á la atrevida turbulencia ? 
¡ Qué ! ¿ No veis que ese sueño es tan siniestro, 
Como al provecho de la patria, al vuestro ? 



Y si el progreso público y el orden 
Os deben sólo indiferencia fría, 
¿No os estremece, al menos, que el desorden 
Hondamente arraigándose, haga un día 
Que pasiones famélicas desborden, 
Y que abra el azadón de la anarquía 
A vuestro caro bienestar la tumba. 
Antes, quizá, que la nación sucumba ? 



¿Dónde está de los proceres peruanos 
El celo que proclaman y enaltecen. 
Si de lástima ó queja, acentos vanos. 
Sólo en las aras de la patria ofrecen ? 



I De intrépidos y activos ciudadanos 
Las funciones augustas aborrecen. 
Porque interrumpen la feliz holganza 
Eo que los mece, efímera bonanza? 



¡Patricios I Cuerdos sois. En cosas fútiles, 
No fatiguéis vuestro civismo irónico; 
No malgastéis vuestros servicios útiles : 
Del egoísmo al dulce arrullo armónico, 
En plácida embriaguez, dormís inútiles ; 
Y con un gesto de desdén sardónico. 
Del Perú respondéis al grito unánime. 
Que vuesirp, compasión implora exánime . 



1856 (í 



LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA 



DEL PERÚ. 



POEMA satírico. 



ADVERTENCIA. 



Lectores : 



En un país, en donde raros son los que no se creen capaces 
de vaciar en veinticuatro horas el mejor código fundamental 
que pueda salir de molde legislativo, decidiendo magistral- 
mente las más intrincadas cuestiones de la ciencia administra- 
tiva; no se podrá negar sin injusticia al Espejo de mi Tierra (i) 
el permiso de echar su cuarto á espadas sobre tópico tan vulgar, 
particularmente, cuando su ingenuidad y la pureza de sus in- 
tenciones deben ofrecer menos dudas que nunca, al conside- 
rarse que resucita en i^Sg, después de haber habitado por más 
de diez y ocho años el mundo de la verdad. Y para no andarnos 
con metáforas : yo, que soy una misma cosa con el Espejo de 
mi Tterrdy aunque no he considerado á nuestra sociedad, en 
mis primeros ensayos, sino en sus relaciones familiares y pri- 
vadas, me atrevo hoy á penetrar en la región de la política, 
porque una situación excepcional, que, por cierto nada tiene de 
envidiable, me pone á cubierto de cualquiera inputación que 

i 

(i) Célebre periódico eventual, en que el autor criticaba las antigiias costim- 
bres de Lima, publicado en 1840, (Ed.) « 



i '> 



2l6 FELIPE PARDO. 

pudiera suscitar contra mi buena fé y mi desinterés la amar- 
gura de mis verdades ; y debo aprovecharme de la única ven- 
taja que esa situación me ofrece, para presentar francamente 
mi sentir á mis lectores, en el punto que afecta sus intereses 
más vitales. Un escritor que no puede ser Ministro, ni Repre- 
sentante, ni Celador de barrio, es un ente privilegiado, en cuyo 
candor se puede descansar con ilimitada confianza. . 

No se diga que las lucubraciones políticas son asuntos de- 
masiado serios para someterse á la jurisdicción de un festivo 
periódico de costumbres. Nada más serio que la mansión de los 
difuntos ; cuando la mayoría de los cristianos corre á bandadas 
al Cementerio general el día de Todos-Santos, menos á rogar 
por los muertos que á procurarse un alegre pasatiempo, no 
temo ser acreedor á muy severa censura, al hacer en las altas 
regiones constitucionales una incursión semejante, por ejemplo, 
á mi Paseo de Amancaes, 

Mi sentir en materia constitucional, es : que las diversas 
constituciones que han regido al Perú podrán ser, cada una de 
ellas en su especie, como obra de fantasía, los dijes más pre- 
ciosos que ha creado taller legislativo ; pero en cuanto á sus 
relaciones con la cara patria, así las considero yo emblemas de 
la sociedad peruana como de la sociedad japonesa ; y digo de 
todas ellas, lo que decía el poeta del blanco y sonrosado rostro 
de Doña Elvira : 

« lástima grande 

Que no sea verdad tanta belleza. » 

Ni puede ser de otra manera, cuando se pretende constituir 
una nación, entresacando principios de las constituciones y de 
los libros de otras naciones, y cuando se olvida : que la consti- 
tución del Perú no está en esos libros, ni en esas consti- 
tuciones, sino en el mismo Perú ; porque la constitución de 
un pueblo no es la manera caprichosa y ficticia con que un 
sistema político quiera hacerlo existir, sino la obra primitiva 
de la naturaleza, perfeccionada paulatinamente por la observa- 
ción y por el estudio, y sujeta á principios análogos á los de la 
constitución de un individuo. 

Un país bien constituido es, en el orden político, lo que en el 
orden físico, moral é intelectual, el hombre, que desde su más 



poesías. 



217 



tierna infancia ha ido desenvolviendo por una cuerda educa- 
ción, sus facultades físicas, morales é intelectuales, sin anticipar 
las épocas, sin precipitar los períodos, sin adelantarse á lo que 
la edad va permitiendo y exigiendo, hasta ponerse en estado 
de arrojarse, sin peligro, á todos los trabajos y á todas las vici- 
situdes de la vida, á todos los ejercicios del cuerpo v del espí- 
ritu. Como la mejor constitución de un individuo es la que 
más resiste á los soles, á los aguaceros, á la fatiga, al hambre, 
á la mala calidad de los alimentos, así, la mejor constitución 
de un pueblo, no es la más engalanada con el falso relumbrón 
de doctrinas fantásticas, sino la que le permite caminar con más 
desenvoltura y con más seguridad por la senda del progreso; 
la que le habilita para resistir mejor á las tropelías de la anar- 
quía, á los atentados de la ambición, á las pretensiones del 
egoísmo y á los abusos de la tiranía. 

Para descubrir la verdadera constitución del paciente, el mé- 
dico tiene que empezar por despojarle de la ropa : esto es lo 
que he hecho yo al proponerme examinar la constitución del 
Perú ; y mi examen produce un resultado, que, si es raro é 
incomprensible en el mundo del buen sentido, es obvio y natu- 
ral, y fruta indígena en el suelo de los Incas, en donde todo 
sucede al revés de lo que en el resto del universo : este resul- 
tado es : que la Constitución-poema es la verdad, y las Consti- 
tucioneS'CÓdigoSj son la fábula. 

Acoged, pues, benévolos lectores míos, la Constitución de la 
República, despojada de la engañifa de los cosméticos, de la 
crinolina y del corsé; y no creáis que me he propuesto en mi 
tarea desacreditar tal ó cual de los diferentes disfraces con que 
sa ha vestido nuestra patria, en la gran danza de energúmenos 
á que sirve de teatro el mundo de Colón ; ó hablando de ma- 
nera que me entiendan todos, no he aludido determinadamente 
en mis pobres octavas, á tal ó cual constitución de las diversas 
que por breves períodos nos han regido : he procurado tan sólo 
hacer palpable la exageración de muchos principios constitu- 
cionales que están cada día más en boga, y que se han adop- 
tado en casi todas ellas ; y manifestar el ridículo contraste que 
ha formado siempre entre nosotros, la letra de las instituciones 
con la vergonzosa y miserable evidencia de nuestra estructura 
social; exageración y contraste de funestísima trascendencia, 

i3 



V T' .. P . II I. ■ — ■■■ « ■ ■ y l^T-^ — ' ■ ■ ■ '■ ■ ■ ' ' ■ ' > ■- ■-'■■ ' — I < '■ '■ ' >"f i»> » ■ ■» . .-í. ■■!■ < I i»t iigC 



21 8 FELIPE PARDO. 

que convierten nuestra pobre patria en presa incesantemente 
disputada entre la opresión y la anarquía. Si la fascinación en 
que las teorías seductoras envuelven los espíritus, forma una 
cojraza impenetrable á las verdades que presento con los colo- 
res más vivos que me ha sugerido mi humilde fantasía, desoid 
en buenahora la voz del patriotismo que las dicta ; pero haced 
á lo menos justicia á la pura intención con que me esfuerzo por 
llenar religiosamente los deberes del que escribe para el pú- 
blico. Hacedme justicia y no os amostacéis, ni me convirtáis 
en blanco de vuestro encono ; que si blasonáis de ciegos admi- 
radores de nuestros códigos políticos, debéis, por el contrario, 
mirar con indulgencia y hasta con lástima mi error, para pro- 
ceder no sólo del modo más piadoso, sino también del modo 
más constitucional ; porque declarando nuestra constitución 
que todos somos iguales ante la ley, no tengo yo menos dere- 
cho de disparatar que el más encopetado de mis ilustres com- 
patriotas ; y tranquilizaos, á mayor abundamiento, con la idea 
consoladora de que este inocente disparate mío, este inofen- 
sivo juguete, aunque no marcado todavía en nuestro mapa 
hidrográfico, no ha de ser el escollo fatal en que venga á es- 
trellarse la nave pública, á quien ha permitido la misericordia 
divina navegar tantos años, sin zozobrar, en un mar erizado de 
disparates y bellaquerías. 



CONSTITUCIÓN POLÍTICA, (i) 



TÍTULO I. 

RELIGIÓN. 

La Católica Romana 
La profesa el Estado y la protege : 
Pero sin que su egida soberana 
Pueda arredrar al más cobarde hereje. 
Que se difunda ó no la fe cristiana. 
Que la Imprenta la ensalce ó la moteje, 
Eso al Estado no dará quebranto : 
La oficial protección no alcanza á tanto. 



Lo extraoficial : audaces mozalbetes 
Que festejan cual farsas de histriones, 
Con guiñadas y dimes y diretes 
De la Iglesia las clásicas funciones. 
Repiques, tamboriles y cohetes, 
Chirimías, buñuelos, camarones^ 

(i) Este pequeño poema, con la advertencia que le precede, fué publicado en 
1859, como número 3» de El Espejo de mi Tierra ; pero por ser una composición 
poética, me ha parecido preferible colocarla en este lugar. Los lectores que hayan 
leído la primera edición, conocerán que la presente está aumentada en algunas oc- 
tavas. (Autor.) 



^ ■ 



ir 



^s y:^ 



2 20 FELIPE PARDO. 



Y en pueblo de indios, quiere nuestra dicha, 
Que el culto nade en piélagos de chicha. 



TITULO II. 

SOBERANÍA. 

Goce atributivo 
Del pueblo, quien divide en tres poderes ^ 

Que son Legislativo, Ejecutivo, 
Y Judicial, sus altos procederes. 
A cada poder de éstos, decisivo, 
El código señala sus quehaceres, 
Mandándoles obrar con tal recato, 
Que no saquen jamás los pies del plato. 



\ 



Por lo cual el poder Legislativo 
A más de dictar leyes, no rehusa 

Meter la hoz en mies ajena altivo, | 

Sin más rubor que la autocracia rusa ; I 

Y si ve que al Poder Ejecutivo j 

No le hace gracia la invasión, lo acusa J 

Por que dijo entre dientes, — « ¡ Voto al chápiro ! » 
De infractor de la Carta y de gaznápiro. 



Mientra el Legislativo no se atasca 
En ejercer sin límites su imperio, 
Mudo el Ejecutivo el freno tasca, 
Hecho blanco de torpe vituperio ; 



1 



POESÍAS. 221 



Hasta que al ñn conjura la borrasca 
Con una Legación ó un Ministerio, 
O algún otro agasajo misterioso, 
Más nutritivo y menos bullicioso. 



Pero llegada la hora del receso, 
Toma á su antojo, ufano, la revancha. 
Y como en el pensil, choto travieso. 
Trisca en la esfera del poder más ancha : 
La ley que le cuadró, tiene por eso, 
Puntual ejecución : brilla sin mancha : 
La que no, con su cúmplase pomposo, 
Yace empolvada en eternal reposo. 



No en parte, pues, que en todo es soberano 
Cada uno de los dos, reinando alterno : 
El uno en el Otoño y el Verano, 
El otro en Primavera y en Invierno ; 
Y al Judicial, que nunca mete mano, 
Aunque poder se llama, en el Gobierno, 
Sólo aplicar atáñele obediente. 
La cataplasma á la Nación paciente. 



• TITULO III. 

GOBIERNO. 



Democrático electivo. 
Fundado en la unidad, republicano, 
Temporal, responsable, alternativo. 
Emanación del Pueblo Soberano ; 



^ T^rTv 



1 



222 FELIPE PARDO. 



Y en final resultado, es lo efectivo 
De este calificar pomposo y vano : 

Que el Gobierno de intriga ó fuerza emana, 

Y hace después cuanto le da la gana. 



TITULO IV. 

CIUDADANÍA . 

Gózala el peruano 
A la edad de ayunar. La cortapisa 
De oficio ó instrucción es lujo vano : 
La propiedad no es condición precisa, 
No obstante, se aconseja al ciudadano 
Tener un pantalón y una camisa, 
Que aunque no es ilegal votar en cueros, 
Guardar conviene al qué dirán sus fueros. 



También el manumiso (y allá va eso) 
Ejerce en el Perú ciudadanía, 
Y por supuesto silla en el Congreso 
Ocupará, si se le antoja, un día. 
La ley que vé del nacional progreso 
Turbia la fuente y sucia en demasía, 
El mal remedia de excelente modo : 
La purifica echándole más lodo. 



i 

I 
■í 



i 



TITULO V. 

DERECHOS. 

Libertad de la persona 
Para todos los hijos de Adán y Eva, 
De los que por supuesto se excepciona 
A los apercollados por la leva. 
La propiedad, según la ley sanciona, 
También el sello de inviolable lleva. 
Salvo, si un militar manda echar mano 
A la res y á la muía del paisano. 



Justa además, la Carta, y entendida. 
Para siempre declara inexorable 
Que la pena de muerte está abolida 
Como una institución vituperable. 
Muy bien lográis del picaro la vida 
Asegurar con ley tan saludable : 
¿ Pero ¡ legisladores ! por ventura, 
La del hombre de bien no se asegura? 



1 



POESÍAS. 223 



También sanciona que la Imprenta es libre, 
Y esto es lo saneado de la Carta : 
Tan sabroso manjar no probó el Tibre, 
Ni se cató en Atenas ni en Esparta. 
Torpezas publicar de gran calibre. 
Sin que de injurias la insolente sarta 
Perdone fama, edad, ni jerarquía, 
Es nuestra más preciosa garantía. 



224 FELIPE PARDO. 

Con todo, á fin de precaver errores, 
Debo advertir como veraz y exacto, 
Que el oficio de públicos censores, 
Requiere mucha maña y mucho tacto; 
Pues no han faltado necios escritores 
Que á buen viaje embarcándose en el Pacto, 
Con el Poder metiéronse en contiendas 
Y atraparon palizas estupendas. 



TITULO VI. 

PODER LEGISLATIVO. 

Cien varones 
Que dan á luz las complacientes urnas, 
Previas electorales transacciones, 
Ó violencias, ó cabalas nocturnas. 
La Patria por charlar en las sesiones, 
Les da ocho pesos como dietas diurnas *, 
Menos cuando se charla en el Chorrillo, 
Que entonces entran doce en el bolsillo. 



Sí : por charlar les paga, y yo reputo 
La remuneración tan merecida. 
Que mientras más se charla y más sin fruto 
Se encuentra la Nación mejor servida. 
Del Congreso además como atributo, 
Es la conversación reconocida, 
Y por eso el Inglés, con gran talento, 
A sus Cámaras llama Parlamento. 



ri 



poesías. 22 :> 

De los Representantes Honorables, 
Parte son de elocuencia peregrina, 
Parte por su callar recomendables, 
Representantes son á la sordina : 
Quién con hostilidades incansables, 
Le arma al Gobierno eterna chamusquina : 
Quién^ de ministerial se matricula 
Antes.de hacer desensillar su muía. 



De todos ellos es el alto oficio, 
Labrar de nuestra Patria la ventura, 
Sin apelar para ello á otro artificio 
Que al de la democracia neta y pura : 
Y expresa es condición que el edificio 
Sea de democrática estructura; 

Porque felicidad sin democracia 

...¡Jesús!.... ¡ Líbrenos Dios de tal desgracia! 



TITULO VIL 

FORMACIÓN DE LAS LEYES. 

Facultado 
Para cualquier moción en su Asamblea 
Estará un Senador ó un Diputado 
Aunque jamás saliera de su aldea. 
Á nadie cause irritación ni enfado^ 
Que la moción desatinada sea : 
Si la adoptan cincuenta, no hay remedio, 
Ha de ser ley para millón y medio. 



i3, 



226 FELIPE PARDO. 

Si el Gobierno se opone; muy rendido 
Elevará á las Cámaras sus preces, 
Y quedará el negocio decidido 
Según quieran dos tercios de los Jueces, 
Conviene que el lector no eche en olvido 
Que mayoría pueden ser mil veces, 
(Circunstancia que no es de poco peso) 
Los dos tercios más tontos del Congreso. 



TITULO VIH. 

PODER EJECUTIVO. 

El que consiga 
En el Perú ocupar puesto tan alto, 
Jefe es legal, si sube por intriga, 
Usurpador, si sube por asalto; 
Pero d^a la Carta lo que diga. 
Bien con legalidad, bien de ella falto, 
Con tal que diestro asegurarse pueda, 
El que logró subir, arriba queda. 



Y para asegurarse, no es forzoso 
Ser sumiso á las leyes, justiciero. 
Magnánimo, inflexible, laborioso, 

Y consagrarse á la Nación entero. ¿ 

Todo esto, en el problema misterioso 
De la firmeza del Poder, es cero : 
Si el soldado no vuelve la tortilla, 
El que logró subir, queda en la siüa. 



poesías. 227 

Y ¿ qué hace la Nación ? Modesta y blanda, 
Encuentra más holgado jr más ligero, 
A los pies prosternarse del que manda, 
Que la ira provocar de un granadero ; 
Y ella misma tal vez cruza la banda 
Al pecho del soldado, que altanero. 
Dijo al dar complemento á su tramoya ; 
« ¡ Aquí mando yo solo, y arda Troya ! » 



Turba de atribuciones le encomienda 
La Carta, con prolijos pormenores 
Sobre Instrucción, Marina, Guerra, Hacienda, 
Justicia y Relaciones Exteriores ; 
Pero, siga el Gobierno ó no la senda 
Que trazaron políticos Doctores, 
Lo que de positivo hay en el caso, 
Es que el Perú no sale de su paso. 



Yo, á un buen Ejecutivo, le daría 
Por toda atribución : « Coge un garrote ; 
» Y cuidando, sin vil hipocresía, 
» Que tu celo ejemplar el mundo note, 
» Tu justicia, honradez y economía, 
)) Y que nadie esté ocioso, ni alborote ; 
» Haz al pueblo el mejor de los regalos: 

» Dale cultura y bienestar á palos. » 



a28 



FELIPE PABDO. 



TÍTULO IX. 
MINISTROS DEL DESPACHO. 

Aquel que adusto 
En este empleo á su opinión se aferra, 

Y á lo desacordado y á lo injusto 

Se opone franco y sin ardides, yerra. 
Para conciliar pues lo útil y justo, 
Con su interés, y no venir á tierra, 
El Ministro ha de ser de índole elástica, 

Y de no poca habilidad gimnástica. 



Así que, en todo asunto malo ó bueno, 
O da gusto, ó embauca á su Excelencia; 

Y cuando inevitable entrar de lleno 
Llega á ser en cuestión de trascendencia, 
Si el Gobierno navega en mar sereno, 
Le rinde al Presidente su conciencia ; 

Y si borrasca el horizonte anuncia. 
Hace valientemente su renuncia. 



Si con franqueza alguno le censura 
Un decreto, de injusto é imprudente, 
Exclama con gentil desenvoltura : 
« ¿ No sabe V. lo que es el Presidente? « 
Y si le alaba otro, por ventura, 
Dice, no más urbano y reverente, 
Que sólo pudo, á fuerza de paciencia, 
Vencer la obstinación de su Excelencia. 



k 



POESÍAS. 229 



De sus colegas á los actos niega, 
Patriotismo, honradez, tino y criterio, 
Tratando á los demás, cada colega, 
A su vez con el mismo vituperio. 
Y nada pone ñn á la refriega, 
Ni da armónica acción á un ministerio, 
Porque un Ministro suelto se somete 
Con más docilidad que un Gabinete. 



TÍTULO X. 

DEL CONSEJO DE ESTADO. 

Cuerpo egregio. 
Constituido por quince ilustres socios. 
Que aunque jamás pisado hayan colegio, 
Jovellanos serán, Blackstones, Grocios; 
Pues gozarán del raro privilegio 
De fallar con acierto en los negocios 
Más graves, más difíciles y extraños, 
Con sólo haber cumplido cuarenta años. 



Dos sesiones tendrán semanalmente : 
Concurrirán á la hora que se indica, 
Puntuales cuando puedan buenamente : 
Se lee el diario, se fuma, se platica ; 
Y cuando acude el quorum competente, 
Hasta una hora á veces se dedica 
Á algún negocio de notoria urgencia. 
Para tranquilidad de la conciencia. 



23o FELIPE PARDO. 

J 

Mitras, magistraturas, embajadas, 
Piden por requisito indispensable, 
Para ser legalmente adjudicadas, 
Del Consejo el acuerdo favorable : 
Y á la mano teniendo unas tajadas 
De estimación tan alta, es indudable 
Que á no ser un solemne majadero, 
Alguna ha de atrapar el Consejero. 

i 



TITULO XI. 

DEL PODER JUDICIAL 

Casi lo mismo 
Subsiste hoy en su forma y en su esencia, 
Que bajo el cacareado despotismo 
De los Corregidores y la Audiencia. 
Si abismo entonces era, hoy es abismo, 
Aunque con la importante diferencia. 
De que hoy con frac humilde el Juez despacha, 
Y entonces con jerárquica garnacha. 



Turnarán los empleos judiciales 
Entre letrados de cualquier ralea, 
Porque la ley que á todos hace iguales 
Quiere que el cargo alternativo sea. 
A todos, pues, los patrios tribunales. 
Abra indulgente y popular Astrea ; 

Y si lumbreras no hay, habrá candiles 

Y se verán de Jueces alguaciles. 



POESÍAS. 23 1 

Un Juez que se eterniza en un Juzgado, 
Es la imagen más fiel del egoísmo. 
¿Elector, Periodista, Diputado 
El premio no optarán del patriotismo? 
El sueldo es lo esencial del magistrado; 
Y en cuanto á la aptitud, vale Jo mismo 
Ser leguleyo, mazorral é intonso, 
Que ser tan sabio como el Rey Alfonso. 



TITULO XII. 

RÉGIMEN INTERIOR. 

Esta incumbencia 
A los Prefectos señalada ha sido. ' 
En sacar al Gobierno está su ciencia 
Siempre en la gresca electoral lucido : 
Honran toda función con su presencia. 
Firman las notas, que, como es sabido. 
El Secretario les presenta escritas, 
Y los domingos hacen sus visitas. 



Además de la gran Legislatura 
También vendrá visiblemente á pelo 
Dar importancia á cada Prefectura 
Con otra Asambleilla ó Gongresueló. 
Así tendrán ocupación segura 
Las notabilidades de este suelo. 
Que en la inacción consúmense y el vicio 
Por no tener ni haber tenido oficio. 



_ VK.* • I 



232 FELIPE PARDO. 

De esta manera, empleos naturales 
También tendrá la producción del guano, 
En cambio de la cual, ricos metales 
El Francés nos regala y el Britano^ 
En obras consumir estos caudales, 
De utilidad durable, fuera insano. 
Lo que el vientre nos dio de las gaviotas, 
Debe el vientre llenar de los patriotas. 



i 



TITULO XIIL 

EJÉRCITO. 

El soldado es obediente, 

Y jamás ha de ser deliberante, 

A menos que ocurriere el caso urgente 
De algún pronunciamiento interesante. 
Ser le incumbe además constantemente, 
De los derechos públicos garante; 

Y como tal enseña, sable en mano, 
A votar con acierto al ciudadano. 



Para usar de la acción pronunciativa 
Contra el Gobierno, si éste lo molesta, 
Dará á la autoridad ejecutiva 
Un empellón, y se acabó la fiesta. 
Y si la potestad legislativa 
Fuese para el soldado la indigesta, 
El soldado echará por la ventana 
Á la Legislatura Soberana. 



POESÍAS. 233 

ítem, para cualquier pronunciamiento, 
Es requisito que se extienda una acta, 
En que de los motivos y el intento, 
Se dará con vigor razón exacta ; 

Y el pomposo y solemne documento 
Dejará la honra del soldado intacta, 

Y afianzará á los pueblos satisfechos 
La inviolabilidad de sus derechos. 






Cuanto la Carta que precede encierra, 
En lo posible se ajustó á la moda. 
Si á otras constituciones de mi tierra 
En su ingenua dicción no se acomoda, 
No es la desigualdad caso de guerra; 
Puesto que está la diferencia toda 
En que ésas visten al Perú de máscara, 
Y ésta lo deja con su propia cascara. 



Sí ; que fiesta de máscaras exóticas 
Es adaptar con afanosa táctica 
Trajes franceses á costumbres góticas, 

Y así ponerlas á danzar en práctica; 
Como si empalmaduras estrambóticas 
Dé temas de política didáctica, 
Bastaran á curar dolencias públicas 

Y á convertir colonias en repúblicas. 



¿ En repúblicas? sí, ya estamos frescos. 
Obra es esa que tiene tres bemoles. 



234 FELIPE PARDO. 

Aunque hicieran esfuerzos gigantescos 
Los antiguos colonos, españoles. 
No con Peruanos más que con Tudescos, 
Si de honor y virtud no son crisoles, 
Por más que diga enfática la Carta, 
Se fundará una Atenas ni una Esparta. 



¿República, con pueblos á los cuales 
£1 bienestar social no ofrece hechizos, 
Ni lograrán ardientes pastorales 
En sentido común hacer rollizos ? 
¿ República con razas desiguales 
De blancos, indios, negros y mestizos. 
Que uso de siglos á vivir condena 
Eslabonados en servil cadena ? 



Respúblicay del Lacio en el idioma, 
Perdió la 5 en el nuestro ; y yo lo siento : 
Porque tal vez aquí mejor que en Roma, 
La palabra con S viene á cuento ; 
Puen signifíca, aunque parezca broma. 
Pública res, que con furor hambriento, 
De la ambición reclaman lonja á lonja, 
La perñdia, el descaro y la lisonja. 



Mas no hace al caso el nombre, niel ropaje. 
Cuando hacedera y útil es la cosa. 
Si el pueblo que salió del coloniaje 
Se convierte en nación culta y dichosa ; 



POESÍAS, a35 



Si libre de injusticias y de ultraje 
El hombre vé su dignidad preciosa; 
Si se respetan de la misma suerte 
Los derechos del débil y del fuerte; 



Si su mérito eleva al ciudadano, 
No espíritu mezquino de pandilla; 
Si el desorden fatal no reina insano : 
Si ante la ley la autoridad se humilla; 
Si un patrio porvenir diviso ufano, 
En que prosperidad eterna brilla ; 
Si esto con la República consigo, 
Mil veces la República bendigo. 



Mas no fué así; que el pueblo sigue esclavo 

Y aínda mais, vive en convulsión constante; 

Y aínda mais, pronto no tendrá un ochavo, 
En la necesidad más apremiante. 

Con todo, desde Bering hasta el Cabo, 
Quien no es republicano es un tunante : 
Sin acatar que dicha más notoria, 
Daá sus gringos el cetro de Victoria. 



El mundo nuevo, es joven y robusto : 
El viejo mundo, débil y menguado : 
Hiela el frío del orden al vetusto : 
El nuevo en libertad está inflamado : 
Por eso tienen diferente gusto ; 
Y en la inquietud que al orbe el siglo ha dado. 



i 



2 36 FELIPE PARDO. 

El viejo mundo avanza sin cansarse, 
Y el nuevo se entretiene en devorarse. 



El que tache este cuadro de hiperbólico. 
Diga si admiten expresión numérica, 
Los achaques que espíritu diabólico, 
Propaga en todo el ámbito de América. 
Todo á la vez ; encefalitis, cólico, A 

Cólera, llagas, convulsión histérica, 
Y ¡qué sé yo qué más!... ¡Ah! y moral trémula, 
De las dolencias físicas digna émula. 



Da horror y pena ver atormentando 
Con fantasmas y ensalmos y embelecos, 
A vasallos imbeles de Fernando, 
Para hacerlos latino-franco-grecos ; 
Y que con sólo publicar por bando 
Artículos estériles y huecos, 
Sin más preparación ni ceremonia, 
A República asciende una colonia. 



Ya se vé : el que demócrata se muestre, 
Se hace el Legislador más sabiondo. 
Que después de gritar todo un semestre, 
A un código pondrá punto redondo ; 
Y acreedor en su juicio, á estatua ecuestre, 
Exclamará muy hueco y muy orondo. 
Lleno de inepcia y vanidad insana : 
« Ya he constituido la Nación Peruana. » 



I 
-í 



POESÍAS. 237 

Y ¿esa constitución tendrá firmeza ? 
Sí; porque tú lo quieres, mentecato ; 
Tú que no sospechaste en tu simpleza, 
Que das á la Nación por liebre gato. 
i Facililla, por <:ierto, es la proeza 
De hacer que un pueblo se acomode grató 
A una ley que con su índole está en pugna 
Y que á intereses prácticos repugna! 



¿Qué será de esa que tu libro encierra 
Cuando la ley del Dios de mansedumbre 
No alcanzó á propagarse por la tierra, 
Luego que del Sinai se oyó en la cumbre ; 
Y siguieron venganza, y odio, y guerra, 
Prostitución y robo y servidumbre, 
Hasta que un Hombre Dios mandó el Eterno, 
A quebrantar las puertas del infierno? 



Sí : adalid de esa Ley hermosa y pura, 
El Redentor la aseguró en el Templo 
Con su excelsa virtud, con su dulzura. 
Con sus milagros, con su santo ejemplo. 
¿Presumes que gozar igual ventura 
Podrá tu ley? Difícil lo contemplo. 
Ley que no es la verdad, perece pronto : 
Es ley para el hipócrita y el tonto. 



¿ Proclamas libertad? muy en buenhora : 
También, cual tú, de amarla hago yo alarde ; 



I 



' '.I 



238 FELIPE PARDO. 

Mas libertad sin orden, nadie ignora 
Que nunca se hunde en el sepulcro tarde. 
¿ Libertad en la tierra pecadora, 
Sin un poder robusto que la guarde, 
Poder presidencial ó poder regio'? 
¡Esas son necedades de colegio! 



¿ Qué la libertad es, si no la fía 
Ese fuerte poder ? De la ira eterna 
Es maldición terrible : es anarquía, 
Chusma, que sin moral ni ley gobierna : 
La libertad brutal que conducía 
Víctimas en Paris á la linterna : 
La libertad estéril y quimérica 
Que agosta en flor la juventud de América, 



¿Quieres dar libertad? Da garantías 
En realidad palpable, no en papeles : 
Da justicia severa y no teorías : 
Gobierno firme y fácil, no pasteles : 
Danos paz, danos orden y no orgías : 
Danos á su deber empleados fieles : 
Danos educación y no doctrina. 
Como la que en tu ley se nos propina. 



Comenten esa ley los tiempos turbios 
En que las populares elecciones 
Ponen la capital y los suburbios 
A la disposición de los ladrones. 



POESÍAS. 239 



Coméntenla igualmente los disturbios 
Con que desenfrenadas ambiciones 
A este desventurado pueblo azotan, 
Vierten su sangre, y su tesoro agotan. 



Coméntela otro sí, cada Asamblea 
Que se instala impertérrita y ardiente,- 
Para aplicar consumidora tea 
A cuanto sancionó la precedente ; 
Y con celosa actividad se emplea. 
En darle á todo, giro diferente. 
Hasta que, con afán más ilustrado. 
Viene otra á hacernos desandar lo andado. 



Vense hoy las libertades, como impuro. 
Aborto de las furias del Averno ; 

Y mañana todo es rojismo puro, 

Y el rojo más terrible, es el Gobierno. 

Mas no admira en República, aunque es duro^ 
Este trajín, peloteador eterno; 
Pues la que por más célebre se nota. 
Tuvo por cuna el « Juego de pelota ». 



Para esto \ qué mociones ! j qué certámenes ! 
¡ Qué barra! ¡ qué ovaciones al demócrata 1 
¡ Cuánto anatema lanzan los dictámenes 
A la Iglesia, al Gobierno, al aristócrato ! 
Ya se cree que, al furor de los vejámenes, 
En la sesión siguiente cae el autócrata... 



■r •/- yv-^ 



240 FELIPE PARDO. 

Mas la falta de quorum, pone obstáculo 
A la realización del espectáculo. 



Un día más... Lo mismo : bancos yermos 
Avisos de unos cuantos Diputados, 
Que indispuestos están. Los estafermos 
De la barra se van desconcertados, 
Corren los días : sanan los enfermos : 
Calman su agitación los exaltados ; 
Y otra cuestión ocupa los debates, 
Con sólo bonancibles disparates. 



Coméntela también el indio rudo, 
Que proclamado libre, vive abyecto. 
Los puntapiés sufriendo humilde y mudo, 
Con que lo favorece el Subprefecto. 
¡ Oh escarnecida libertad ! ¡Tu escudo 
Es para el indio de pasmoso efecto ! 
¿Trotar á pie le mandan ? — Calla y trota : 
I Votar? — Recibe su papel y vota. 



Y vota seducido ó violentado; 

Y en vil manejo la Provincia bulle ; 

Y ese voto á otros tales asociado, 
En la ánfora electiva se zambulle, 

Y sale un Senador ó un Diputado ; 

Y la buena República se engulle 
El engendro ilegítimo y burlesco : 
Como si se engullera un huevo fresco. 



POESÍAS. 241 

He aquí lo que los sesos me machuca, 
Y el corazón me seca. Si á Dios plugo 
•Otorgarnos un pueblo, que la nuca 
Humilde y espontáneo ofrece al yugo, 
^Por qué su mansedumbre no se educa? 
^ Por qué de Su humildad no sacar jugo 
Dándole cuerdamente una molestia 
Útil, á un tiempo, al amo y á la bestia ? 



Juzga la educación del proletario, 
El alto vulgo, artículo de lujo ; 
Y á f é que hasta es un mal, si mercenario 
Instrumento ha de ser de ajeno influjo ; 
Pues siempre que el pastel eleccionario 
Exija una impostura, ó un tapujo, 
O la guerra civil pida un recluta, 
Vale más un salvaje, sin disputa. 



Y ya que lo aplicamos á pasteles; 
Ya que recibe su papel y vota 
El indio sin chistar, ¿ de esos papeles, 
Por qué fruto benéfico no brota? 
¿ Por qué no son las urnas escabeles, 
Sólo para elevar hombres de nota 
Por su moral, costumbres y cultura, 
-Que nos den porvenir de honra y ventura? 



Fuera excusable de violencia el uso. 
Si lo inspirase sentimiento hidalgo ; 



14 



FELIPE PARDO. 

ildón que el fuerte les impuso, 
nos pueblos reportasen algo. 
- dicha, ; ventaja del abuso 
la Nación?... sí; echarle un galj 
en el nefando trampauíojo, 
.os y desastres y sonrojo. 



es el colmo del delirio humano 
huya nadie del fatal coiitagio? 

en su patria el mísero peruano 
[agarse con feliz presagio? 
día del pueblo soberano : 
mes del popular sufragio : 

sin producción, fisco sin renta, 
plebe, y licenciosa imprenta. 



Ita plebe !... sí, vuelvo á la caí 
:>etición halle indulgencia, 
lera mi discurso alarga; 
es vituperable la insistencia, 
nsura demasiado amarga, 
tion de tan grave trascenderle 
:o de tener plebe tan roma, 
'erú la más fatal c 



a plebe, sí : que el ciudadano 
tutores de la patria elige, 
.llasdel mar habite el llano, 
5 los Andes su morada fíje. 



POESÍAS. 24! 

Aunque fracción del pueblo soberano 
Que los destinos del Perú dirige, 
Nada sabe, ni tiene más negocio 
Que adormecerse estéril en el ocio : 



Pues aunque en otras tierras acontece 
Que el populacho de ínfima ralea 
Si no le dan trabajo se enfurece, 

Y á su furor el orden bambolea ; 
La plebe aquí otras dichas apetece ; 

Y se amostaza, y chilla y corcovea, 
Si á combatir alguno se arremanga 
La torpe ociosidad en que se enfanga. 



¡ Imprenta licenciosa !... agrio y adusto 
Aquí frunce el lector el entrecejo, 
Y me sindica de hombre de mal gusto, 
De servil, de retrógrado y de añejo : 
Pero no soy contra la imprenta injusto; 
Ni cuando cumple su misión me quejo : 
Ni prentendo, por tirria, hacerla esclava : 
Voy á explicarme en la siguiente octava : 



Cuando á sus santos fines satisfaga 
La imprenta, razón es que libre sea : 
Cuando verdades útiles propaga, 
Y en resistir á la opresión se emplea : 
Pero la imprenta libre es fatal plaga, 
Cuando falaz por el error campea, 
Cuando la ley de la decencia rompe. 
Cuando del pueblo el corazón corrompe. 



244 FELIPE PARDO. 

Atravesad los Andes encumbrados 

Y encontraréis, para este siglo, asombros; 
Atroz miseria, pueblos incendiados, 
Aterradora soledad y escombros : 
Caminos tan estrechos y escarpados, 
Que es preciso llevar la carga en hombros, 

Y de una peña atados á otra peña, 
Puentes \ qué horror! de sogas y de leña. 



Así es y así será, porque los miles 
Que en nuestras arcas Chincha ha derramado,. 
En vez de producir ferrocarriles, 
Puentes, canales, honra, sólo han dado 
A la anarquía pólvora y fusiles, 
Muerte al instinto noble y elevado. 
Y á torpe multitud sedienta de oro, 
Abrevadero en el Fiscal Tesoro. 



¿ Qué será del Perú, cuando agotada 
Esa mina, agonice en la pobreza, 
Porque su población no está enseñada 
A producir la pública riqueza? 
¡ Por senda natural subir honrada, 
Joven nación, pudiste á la grandeza, 
Y vino el guano, y te dejó por gaje : 
Vejez precoz de vil libertinaje ! 



Si esta invención de amoniacal esencia 
En vez de hacer al hombre laborioso 



POESÍAS. 245 



Lo ha hecho aspirar á súbita opulencia, 

Y degradado vegetar y ocioso ; 

Si á ella debemos sangre y turbulencia 

Y un porvenir menguado y tenebroso, 

Y en el honor peruano manchas feas : 
j Invención infernal, maldita seas ! 



Y á la vista de tanta desventura, 
I Diremos que es verjel lo que es abismo ? 
¿ Vale más nuestra pérfida cultura 
Que el candor del antiguo fanatismo? 
¿i^ué nuestra suerte más adversa y dura 
Cuando nos agobiaba el despotismo 
Del monarca español?... — Los que esto asienten. 
Con el perdón de mis lectores, mienten. 



El soldado bajo esa armazón rancia 
Mucho menos propenso era al abuso : 
Era menos común la petulancia, 

Y estaba la vergüenza más en uso : 

No era injuriado el hombre de importancia, 
Ni era hombre de importancia el volantuso .* (i) 

Y en todo el continente americano 
No circulaba un cuatro boliviano (2). 



(i) Por si alguno de los ejemplares de este número merece los honores de la 
exportación, advertiré á mis lectores extranjeros qne volantuso es una voz provin- 
cial, equivalente, poco más ó menos, á badulaque. El diccionario de Salva, á pesar 
de su riqueza en voces provinciales americanas, no se acordó de dar á conocer al 
mundo el volantuso. (Autor.) 

(2) El cuatro boliviano era una moneda feble de Bolivia, que valía dos pese- 
tas, ó cuatro reales fuertes. 



14. 



FELIPE PARDO. 

>aces muy tranquilo y sosegado 
la cada cual su chocolate, 
e le acibarase el buea bocado 
ín de cualquiera botarate : 
para que un nuevo Magistrado 
le disparate á disparate, 
e salgamos nunca del establo 
i nos quiso emparedar el diablo. 



penas tienen del motín barrunto, 
los ciudadanos : n Cierrapuertas, " 
s vense y plazas en un punto, 
por golpe eléctrico desiertas. 
xtraño, pues, que el mandarín presunto 
ertas halle del poder abiertas, 
lunciarse el criminal empeño 
Tanca las suyas el limeño? 



alázase el drama, y luego, luego, 
<a en la ciudad hierve animosa, 
indiendo con ardiente fuego, 
denando la traición odiosa; 
]ue un húsar, portador de un pliego, 

i galope y pies en polvorosa 

les otra vez quedan desiertas, 
grito marcial de : s Cierrapuertas. « 



s Aristarcos, 
s tiempos que dan grim 



1 



POESÍAS. 247 

Aquellos tiempos en barullo parcos, 

En que tan sólo se agitaba Lima 

Cuando elegía su Rector San Marcos. 

Ó votaba una Cátedra de prima, . 

Sin que sacase, cual los de hoy, la Imprenta, 

Aquellos candidatos á la afrenta. 



Y á fé, y á fé, que en tales votaciones, 
Hechas por capirotes de alta guisa, 
No fué como hoy, ritual en elecciones, 
Pedir al cielo con solemne misa : 
Que sobre tramoyistas y matones 
Y aguadores en mangas de camisa. 
Baje del Santo Espíritu la llama, 
A iluminar la abominable trama. 



Entonces, sin la unción edificante 
De dulce y democrática homilía, 
Sin igualdad, ni pueblo sufragante, 
Ni constitucional algarabía, 

Y con negrofilismo más galante, 

Y menos peligroso que el de hoy día, 
Viéronse mil matronas abrir gratas 
Sus salones á bailes de mulatas. 



¡Doctrinarios! quedárades absortos 
De que, cuando ni hidalgos ni pecheros 
Lograban escuchar vuestros exhortos, 
Marmitones, lacayos y cocheros, 



VV-X 



248 FELIPE PARDO. 

Unos con fraques largos y otros cortos^ 
Bailasen como ilustres caballeros 
Con cuarteronas hechas grandes damas. 
Con los ricos diamantes de sus amas. 



j Oh! ¡ Cómo un negro en el minué sabía. 
El zapato arrastrar de terciopelo, 
Con gentileza que ofrecer podría 
A un petimetre de París modelo ! 
I Oh! jcon qué urbanidad se relamía, 
Cortesano al hablar cada mochuelo, 
Sin la deshonestísima metralla 
Con que hoy atruena Lima la canalla ! 



Y ¿porqué? porque entonces no existía. 
Este nivel tirano y repugnante 
Que aplasta al hombre de mayor valía 
Hasta ponerlo igual con el bergante; 
Y el negro, por ejemplo, que quería 
Mejorar de su suerte lo humillante, 
En su buen proceder, justo reintegro, 
Lograba hallar de haber nacido negro. 



La igualdad del progreso protectora. 
La que ardorosa el mérito promueve,. 
La que con buena educación mejora 
Los dañados instintos de la plebe, 



poesías. 249 



La que da y engrandece, es bienhechora, 
Santa igualdad á que aspirar se debe : 
La que- para igualar quita y rebaja, 
Es igualdad que á la justicia ultraja. 



No había manumisos ciudadanos, 
Ni de chinos feísimas legiones, 
Ni acreedores franceses ni britanos, 
Ni peste de Licurgos y Solones, 
Ni incesantes discordias entre hermanes, 
Ni cambio cada mes de instituciones, 
Ni medio centenar de generales, 
IVi de crédito público tamales 



¡Ay! arránqueme alguno un canto lírico 
Que en el Polo resuene y en el Trópico, 
Ora sea un doctor, ora un empírico, 
Que para nuestro mal descubra un tópico ! 
Ó cese al menos el furor satírico 
De que me tiene el patrio amor hidrópico, 
Y ocúltenme benévolas las piérides, 
Nuestras calamitosas efemérides. 



Sí; que afligir no quiero la memoria, 
Con otras plagas de mayor tamaño 
Que á esta administrativa pepitoria 
Más descrédito causan y más daño : 



FELIPE PARDO. 

¿qué me importa á mí la tal historjai 
>a la barahunda año tras año, 
e si la Patria en eüo se complace, 

tiene edad para saber lo que hace. 



« ¡VAYA UNA REPÚBLICA! » 



/ 



epístola a delio. 



Quam rempublicafn habemus. 

ClCER. 



ADVERTENCIA. 

En principios de i856 la fiebre amarilla desolaba la capital, de 
una manera espantosa, y la Convención Nacional decretó su 
traslación al pueblo de Chorillos, para ponerse á cubierto de 
tan terrible azote. Esta providencia, adoptada, poco más ó me- 
nos, en la misma época en que el joven Pedro V Rey de Portu- 
gal, hallándose la capital de su reino en circunstancias iguales á 
las nuestras, arrostraba denodado los peligros del contagio, 
visitando diariamente los hopitales, aun en las altas horas de 
la noche ; y en la misma e'poca también en que el Emperador 
de los Franceses exponía, con no menos valor, su vida en la 
inundación de León, para socorrer personalmente á los desgra- 
ciados, á quienes aprisionaba en sus casas el tremendo cata- 
clismo. Esta providencia.produciendo tan repugnante contraste, 
arrancó la presente composición á mi pobre musa ; sin embargo 
de que, ya á causa de las agitaciones de la vida pública, ya de 
mi penosa enfermedad, yacía de tiempo atrás en profundísimo 
letargo. 

Mi ánimo fué publicarla, como el número 3° del Espejo de 
mi Tierra; y ya estaban formadas las páginas, cuando los ru- 
mores de una próxima revolución me retrajeron del propósito 
de darlas á luz, por el temor de que el franco é inocente des- 
ahogo del patriotismo pudiese ser sospechado de cooperación 
á un proyecto revolucionario. Muy pocas semanas después, la 
revolución del i5 de agosto justificó los referidos rumores; y 
me complací en mi arrepentimiento, con tanta más razór, 
cuanto que estando tan recientes los sucesos, no hubiera sico 



252 FELIPE PABDO. 

prudente arrojar este combustible en la hoguera de las pa- 
siones, exponiéndome á ser calumniado en la generalidad de 
mis pensamientos y de mis cuadros, en los que no he tenido ni 
la mis remota ¡mención de herir personalmente á ningtln 
miembro determinado de la Convención, ni de ningún otro 
Congreso del Perii. 

Por este motivo, la composición titulada Constitución polí- 
tica, sin embargo de ser de fecha posterior, ocupó en el Espejo 
de mi Tierra el lugar destinado primitivamente á la Epístola 
á Delio. 

Los personajes que pinio en la segunda parte de la . epís- 
tola, son puramente una creación de la fantasía, que no ha 
sido tomada de ningún modelo individual. 

Concluiré advirtiendo, que lo que se dice en ella de las boti- 
cas, de los médicos, de tas dietas y del local escogido para las 
sesiones, no tiene nada de licción. Son todos hechos auténti- 
cos, consignados en actos .iiiciales y en las public: 
aquella época. 



I 

LA PESTE (l). 

{ Delio I la furibunda 
Fiebre amarilla, 

A otros varios azotes 
Junta en gavilla, 
Con ira insana, 

Nuestros míseros pueblos 
Diezma tirana. 



A extranjeros ataca 
Y á nacionales : 

Que ante la ley podremos 
No ser iguales 
En el mundo este ; 

Mas en cambio lo somos 
Ante la peste. 



Es con los extranjeros 

Mayor su encono : 
Sí, y en esto la fiebre, 

Para su abono. 

La prueba encierra 

{'i) La fiebre amarilla, que hizo grandes estragos en Lima en 1856, )>or lo que 
los representantes del pueblo resolvieron celebrar sus sesiones en la vecina villa 
veraniega de Chorrillos. (Ed.) 

i5 



:-.'^'"-P 



T----^*"' 



254 FELIPE PARDO. 

De que es patriota — al uso 
De nuestra tierra. 



En la amplitud del mundo, 

Son los Vapores 
De grandes adelantos 

Introductores. 

j Oh maravilla 1 
Y aquí sólo han traído 

Fiebre amarilla. 



Decretos es forzoso 

Dictar estrictos, 
Para librar al pueblo 

De estos conflictos : 

Es necesario, 
Que á nadie falte médico 

Ni boticario. 



Pero como ocasiona 

Fatiga y tedio, 
Socorrer de vivientes 

Millón y medio ; 

£1 fín precioso 
Se obtiene por arbitrio 

Muy compendioso. 



Socórrese á los miembros 
De la Asamblea 



.J 



POESÍAS. 255 



Y asi del pueblo calman, 

Sin gran tarea, 

Las agonías : 
Pues son el pueblo mismo, 

Sus Señorías. 



No : no es esto una burla, 

No es un sarcasmo.... 
Que ardiendo pues los pueblos 

En entusiasmo. 

Salvos se sientan 
En los que legalmente 

Los representan. 



Nunca tendrán en su uso 

Más efícacia 
Los dogmas que aderezan 

La democracia : 

Dogmas sagrados, 
Para los que consiguen 

Ser Diputados. 



Así del pueblo escudo 
Siendo el derecho ; 

Si, hay fé republicana 
¿ Qué importa el hecho 
Para nosotros ?.... 

Salvad, padres conscriptos, 
Salvad vosotros. 



FELIPE PARDO. 

Y salvarán : las árdenes 
Están escritas : 

Serán tratados como 
Niñas bonitas : 
Reunirá el trato 

Lo tierno y confortante. 
Con lo barato. 



Cuatro boticas tienen 

Esos señores 
Gratis; y también gratis 

Cuatro Doctores.... 

Y en ley discreta, 
Á doce pesos diarios 



Tendrán... cómo c 
Los Diputados = 

Mas siempre lloraremos 
Desconsolados, 
Que aun no se vea 

Quien emprenda la cura 
De la Asamblea. 



Cuidar no basta, empero. 
De sus bolsillos ; 

Urge además, que emigren 
Á los Chorrillos, 
En cuyo clima, 



POESÍAS. 2D7 



Vivirán más lozanos 
Que en el de Lima. 



Seguro : y el caletre 
Tendrá más brío : 

Allí tanto sus fuerzas 
Recobró el mío, 
Que enfermo y viejo, 

Resuello á los quince años 
Con el Espejo, 



Ya que en mis males físicos 

Nada mejoro, 
Algo es que aun pueda mi alma 

Llamar al toro, 

Y en seguidillas 
Clavarle algunos pares 

De banderillas. 



Al grano : ya en los ómnibtis 

No hay un asiento 
Los ha tomado todos 

El Parlamento. 

Búsquese rancho (i) 
Que á cuerpo tan grandioso 

Venga bien ancho. 

(i) Rancho. — Sinónimo de casa en los pueblos inmediatos á Lima. 



En aldea en que tamos 

Van á instalarse. 
Rancho será difícil 

Pueda encontrarse. 

Que tenga espacio 
Para ser de las leyes 

Digno palacio .... 



¡ Idea salvadora ! 

1 Feliz ! 1 Brillante I 
(Nota al Ejecutivo, 

Muy lerminentel 

Y luego, luego, 
Arriéndese una vasta 

Casa de juego. 



Fdrniese barra de uno 

De los salones : 
Transformen el teatro 

Nuevos telones ; 

Las cosas listas 
Estén, para otros dramas, 

Y otros artistas 



I Tahúres ! ¡ fuera al punto I 
¡ Fuera gandules I 

Tinteros campanilla 

Sillas curuies 

Y suena el pito. 



poesías. 2DQ 



Y ábrense las sesiones 
En un garito. 

II 

EL GARITO. 

La mesa do estuvieron 

Entreverados 
Pan, y queso, y botellas, 

Naipes y dados, 
Ya has visto Delio, 
Que alberga el santo libro 

Del Evangelio. 



Y para sacrilegio 
Más torpe y feo, 

Esa mesa de innoble, 
Sucio bureo. 

También has visto, 

Que sostiene la imagen 
De Jesucristo. 



¡ Lo has visto, y aun tu asombro 

No cesa, amigo!. .. 
Pues si un rato me escuchas, 

Dirás conmigo, 

Que encuentras esto. 
Muy bien imaginado. 

Muy bien dispuesto 



FELIPE PARDO. 

]uí sobre el tapete, 

Sin cumplimientos, 
róceres se desuellan 

Como sargentos ; 

Y hay señoritos, 
je dejan las hermosas 

Por los garitos. 



estudiantes lampinos 

Son jugadores ; 
trasnochan jugando 

Graves Doctores, 

Y ninfas bellas, 
acartonadas madres 

En medio de ellas. 



hay tahúres á guisa 

De potentados, 

Especie de nobleza 
i naipe y dados, 

Con tanto brillo, 
3mo tuvo la antigua 

De horca y cuchillo. 



nadie por el juego. 
Pierde en estima : 

i por tapar, si juega, 
Su vicio en Lima, 
Nadie se apura. 



POESÍAS. 2Ó I 



Ni el alto funcionario, 
Ni el juez, ni el cura. 



En donde asi se juega, 
Contemplo justo, 

Que se convierta en juego, 
Lo más augusto : 
Justo contemplo, 

Que el garito á las leyes 
Sirva de templo. 



Que se vista la mesa 

De paño verde 
Con rayas amarillas 

De gana y pierde ; 

Y la circunden 
Desencajados rostros 

Que miedo infunden ; 



O se envuelva en tapete- 
De terciopelo 
Con rapacejo de oro 
Que llegue al suelo : 
Y ufana ostente, 
Entre dos secretarios. 
Un Presidente : 



Que truhán misionero, 
Con sus sermones 



O. 



262 FELIPE PARDO. 

Celoso catequice 

Sandios garzones, 
Y de la banca 

Los incautos neóñtos 
Salgan sin blanca y 



O con rojas doctrinas 

De los Franceses, 
Enmascare un tribuno 

Sus intereses, 

Y su artificio 
Nos arrastre á la orilla 

De un precipicio : 



Que ducho garitero, 
De arte maligna. 

Cubra, para los bobos, 
La trampa indigna, 
De honrado velo, 

Y más de un mentecato 
Trague el anzuelo ; 



Ó pasen á ser leyes, 

Grandes proyectos. 
En que á fuer de muy sabios 

Y muy provectos 

Legisladores, 
Pesquen truchas astutos 

Reformadores : 



POESÍAS. 263 



Que uno, su mala estrella 
Dé á los infiernos 

Y á pesar de su bilis 
Y de sus ternos, 
Saque, el muy pillo, 

De « cuatros bolivianos, » 
Lleno el bolsillo ; 



U otro á los aspirantes 
Ataque amargo, 

En discurso incorrecto 
Furioso y largo. 
Cuando al fin sale 

Saboreando un bocato 
Di cardinale 



Suspendo aquí el período. 

Para observarte 
Que, atendiendo al origen 

De que esto parte. 

Todo está en orden: 
Su dinero les cuesta, 

Justo es que engorden. 



Dinero, intrigas, palos, 

Suplantaciones, 
Delio, esto es lo que engendra 

Nuestros Solones ; 

Sufragio libre 



FELIPE PARDO. 

amanse fechorías 
De ese calibre. 



i Libre I y el nombre apenas 

De los tribunos, 
Saben los electores. 

¡ Libre ! y algunos, 

Al dar su voto, 
Sacan un ojo menos, 

ó un brazo roto. 



Intriga pues, seduce. 

Gasta; y propicios 
Abrirán á tu suerte 

Nuestros comicios, 

Un 
ro vu 

Que está suspenso. 



Que de su pobre madre. 

Mancebo impío. 
Cobre todos los meses 

£1 montepío, 

Y en dos albures 
Lo abandone á las garras 

De otros tahúres ; 



Ó parlanchín imberbe, 
Que fama anhela, 



1 



POESÍAS. 265 



Se escape á la tribuna 
Desde la escuela, 
Y en amarguras 

Sumerjan á la patria 
Sus travesuras : 



Que allí en ios más ruines. 

Torpes amaños, 
Un baratero cumpla 

Los sesenta años, 

Y, muy gozoso, 
Viva de las limosnas 

Del ganancioso; 



O proponga un pancista 
Leyes de embudo, 

Y los altos deberes 
De concienzudo 
Representante, 

Someta á los mandatos 
Del gobernante : 



Que afanes y bajezas 

El uno arrostre 
Sin que encuentre el gaznápiro 

Al fin y al postre 

De sus desbarros, 
Quien le dé una peseta 

Para cigarros; 



;«-•- *--^ - — «}■" 



266 FELIPE PARDO. 

Ó en SU ambición el otro. 
Siempre burlado, 

De treinta años continuos 
De Diputado, 
Saque en compendio. 

Sólo un nombre cubierto 
De vilipendio; 



Que de los jugadores 
Porción togada 

A mirones ociosos 
Niegue la entrada, 
Cuando se encona 

La lucha, y por más fíera. 
Pide encerrona; 



O el templo de las leyes 
Sus sacras puertas 

Al pueblo impertinente 
No deje abiertas, 
Si está en debate 

De los Legisladores 
El chocolate; 



Que, en ñn, sacrificados 
De oscuro idiota, 

Sean allí los hijos 
En una sota, 
Ó que lo sea 



POESÍAS. 267 



La Nación en un acto 
De la Asamblea. 



Si todo es sacrificio, 
Que el victimario 

Sea un augusto cuerpo 
Ó un perdulario, 
No hace, en conciencia, 

De esa mansión satánica 
Variar la esencia. 



Tampoco, Delio, el nombre 

Cambia la idea ; 
Bien : Si es grande la víctima, 

Díla Asamblea, 

Y el nombre aplica 
Humilde de garito. 

Si acaso es chica. 



Mas, si distingues, antes 

Ten noción plena; 
Porque andarás trocando^ 

Si no se llena 

Tal requisito, 
El nombre de Asamblea 

Y el de garito. 



Y nada arguye en contra 
De mi propósito 



¿68 FELIPE PARDO. 

Que figuren en ese 
Vario depósito, 
Hombres de seso 

Con quienes puede honrarse 
Cualquier Congreso ; 



Porque allí representan 

Esos varones, 
Lo que entre los tahúres 

Simples mirones; 

Pues fiera y loca, 
La exaltación del juego, 

Su voz sofoca. 



Con esto, volver puedes 

De tu sorpresa, 
Si para ambos oficios 

Sirve una mesa ; 

Cuando, en resumen, 
La cuestión sólo gira 

Sobre el volumen. 



Vuelve de tu sorpresa ; 

Despeja el ceño; 
Equivocar lo grande 

Con lo pequeño, 

Propio es del hombre ; 
Y al fin, si bien se mira 

¿ Qué importa el nombre? 



POESÍAS. 269 



Tríada ; y como en tamaño 
Que ofrezca dudas 

Se hacen las distinciones 
Muy peliagudas : 
Use cada uno, 

El nombre que imagine 
Más oportuno. 



Deja, por tanto, á un lado 

Vanas cuestiones : 
No expongas en menudas 
Indigaciones, 
A error tu juicio, 
Al hacer el afoco 
Del sacrificio. 



Y ora cien hecatombes 

Las ofrecidas ; 
Ora sean las aras 

Enrojecidas 

Por un cabrito, 
Si quieres, di Asamblea, 

Si no, garito. 

III 

LOS DESPROPÓSITOS, 

¡ Paciencia si nos cupo 

Signo tan fiero I 
Marchando como vamos, 

Nuestro sendero 



270 FELIPE PARDO. 

Lleva á un abismo ; 
Pero aquí ha sido casi 
Siempre lo mismo. 



De Ayacucho en los campos 

Feliz combate 
Las orgullosas huestes 

Del Rey abate ; 

Y soberana, 
Es la que fué colonia, 

Nación peruana. 



Y unos vienen tras otros, 

Constituyentes 
Que hacen de libertades 

Llover torrentes ; 

Y dictaduras 
Alternan con las sabias 

Legislaturas. 



Dannos instituciones, 

Dannos derechos ; 
I Muy bien I pero elocuentes 

Claman los hechos, 

Contra esa sarta 
De artículos estériles 

Que llaman Carta. 



Para curar, á veces, 

Nuestro mal crónico, 



poesías. 271 

En el Gobierno el método 

Prefieren tónico ; 

Y terror pánico 
Siembran, con un sistema 

Duro y tiránico. 



Más tarde, por antídoto, 
Con tino artístico. 

Nos propinan el Código 
Antíñojístico 
Más hiperbólico ; 

Y el sistema es anárquico, 
Rojo y diabólico. 



Y en continuos vaivenes 
La nave pública, 

Las fuerzas se aniquilan 
De la República, 
Hasta que el cúmulo 

De opuestos empellones. 
La hunda en el túmul \ 



Y allá Van cien empleos 

Cada semana ; 

Y allá van arrojadas 

Por la ventana, 
Fanegas de oro 
Que no verá repuestas 
Nunca el tesoro. 



7 "^ 



•í <í 



2*7 ;2 FELIPE PARDO. 

Ya sa vé ; nuestros bienes, 
Como tú sabes, 

Son seculares islas 

De estiércol de aves ; 

■ 

Y no es locura, 

Que las leyes los traten 

Como basura. 



Ahí está el presupuesto 
Que bienalmente 

Por altas concepciones. 
Honra esplendente 
De nuestros fastos, 

En rentas enflaquece, 
Y engorda en gastos. 



Engorda i Y no hay caminos 1 
I Ca ! ni hacen falta ; 

Anda, donde halles senda, 
Donde no, salta, 
Ó húndete en lodo, 

O rueda cerro abajo 
Con muía y todo. 



j Ni hay leyes contra el ocio ! 

No, que disgustan : 
¡ Ni contra la licencia ! 

No, que se asustan 

Las garantías : 



.J 



POESÍAS. 273 



j Ni escueFas ! ¡ Oh ! ahí tenemos , 
Las pulperías. 



AUí es dónde se educan 

Los industriosos 
De nuestras avenidas 

Guardas celosos. 

Que á los viajeros 
Amablemente dejan, 

A pie y en cueros. 



Y cuando menos piensas, 
Conspiraciones, 

Pagos entorpecidos, 
Levas, prisiones, 
Y sangre y miles. 

Derramados en crudas 
Guerras civiles. 



Y otro al mando ; y tras este, 

Viene otro y otros ; 

Y así corre la vida 

Para nosotros : 
Así crecemos, 

Y nos llenamos de hijos 

Y encanecemos. 



Y si piadoso ej cielo, 
No lo remedia, 



27-* FELIPE PARDO. 

Vendrá á ser desenlace 
De esta comedia, 
Que mande un gringo : 

Ya que quien sube el Jueves 
Baja el Domingo. 



Y mucho de autonomías 
£ independencia, 

Cuando si se amostaza 
Cualquier potencia. 
Nuestro albedrio 

A su antojo subyuga 
Con un navio. 



Sin orden, sin concierto, 
. Virtud, ni luces, 
Habitamos el globo 

Como avestruces ; 

Y muy en ello, 
Juzgamos nuestro estado 

Próspero y bello. 



Y en la senda creyéndonos 

De la cultura, 
Cuando el caos nos cerca, 

De noche oscura, 

Asombra vernos 
Ir por la posta alegres 

A los infiernos. 



POESÍAS. 275 

¿ Quién tan tristes verdades, 

Délio, no alcanza? 
¡ Ay ! pero todos dicen : 

« Siga la danza : » 

i Raro civismo ! 
Y el suelo en que danzamos, 

Cubre un abismo. 



Y no es que ciudadanos 
Nos hagan falta. 

No tal : veinte mil negros 
Se han dado de alta 
No abrevó el Tibre 

En sus mejores días. 
Recua más libre. 



Vengan cuantos frenéticos 
Abortó Francia : 

Vengan cuantos se nutren 
Con la sustancia 
De las- doctrinas 

Que empollan Cicerones 
En las cocinas. 



Vengan, y con nosotros 
Gócense ufanos, 

En este ramillete 
De ciudadanos, 
Y ciudadanas, 



276 FELIPE PARDO. 

Prez de nuestras narices 
Republicanas. 



Son libres; que lo sean; 

Muy bien pensado : 
Aunque está algo crudillo, 

Pasa el bocado 

Quien bien lo masca : 
Mas lo de ciudadanos.... 

Eso se atasca. 



¡Votar! ¡Y á la licencia 

No ponen coto! 
-¡ Votar ! ¡ Quién por un trago 

Vende su voto ! 

I No I no te azores 
Si una noche te asaltan 

Cuatro electores. 



¿Qué hacer? El gorro frigio 
Ya es su tocado; 

Cuando tú, ¡ infeliz patria ! 
Que has prohijado 
Los negros horros, 

¡Necesitas cabezas 
Antes que gorros ! 



Perdona, caro amigo, 1 

Si te molesto : 1 



POESÍAS. 277 



Perdóname : barrunto 
Por tu mal gesto, 
Qué, principista, 

De insufrible, me tachas, 
Absolutista 



No soy absolutista : 
No te disgustes : 

Pero no quiero farsas ; 
No quiero embustes, 
Ni embrollo eterno. 

Quiero libertad y orden ; 
Quiero gobierno. 



No soy absolutista; 

Mas si entusiasta 
Por un par de mostachos 

De buena casta, 

Cual los que peina, 
Verbigracia, el grande hombre, 

Que en Francia reina. 



Mostachos como aquellos, 

Son mi delicia : 
Honor, genio, grandeza, 

Saber, justicia. 

Valor, constancia 

¿Qué le falta al grande hombre 

Que reina en Francia? 



16 



} 



2JÍ> FELIPE PARDO. 

La Francia de hoy, le debe 

Su poderío : 
La de hace cincuenta años 

Lo debió al tío. 

Sus habladores 
¿Qué dieron á la Francia? 

Sangre y horrores. 



¡ Ah ! y si no hace en Diciembre 

De ellos estopa, 
£1 puntapié famoso 

Que salvó á Europa, 

I Qué lindas flores 
Regaran hoy en Francia 

Sus habladores! 



i Dios dé á los Napoleones 

Reinado eterno, 
Ya que quiso otorgarles 

Para el Gobierno, 

Genio fecundo! 
¡Oh! si aprendiera de ellos 

El Nuevo Mundo! 



;0h! j Si más concienzudas 

Los Asambleas, 
No hiciesen en el curso 

De sus tareas, 

Experimentos 



.^ 



poesías. 279 



Que desquician del orden 
Los fundamentos! 



¡Oh! ¡Si ejerciendo fieles 

Su sacerdocio, 
No se afanasen nunca 

Por más negocio, 

Que, con fé pura, 
Labrar tranquilamente 

Nuestra ventura! 



Mas ¡ah! Pueblos que salen 

Del coloniaje. 
Para eso necesitan 

Aprendizaje, 

Que no se alcanza 
De preceptor severo 

Sin la enseñanza. 



El potro á freno y silla 
No acostumbrado 

No es para feliz viaje 
Muy adecuado. 
Que hará que salga 

Pronto por las orejas, 
Quien lo cabalga. 



Si en vez de dar al huérfano 
Tutor prudente. 



1 



28o FELIPE PARDO. 

Imberbe aún le entregas 
Incautamente 
Su patrimonio, 

Con huérfano y herencia 
Carga el demonio. 



Constituirse en congresos 

Pueblos nacientes, 
Es comer viandas duras 

Sin tener dientes ; 

Es, ponerse, antes 
Que camisa y calzones. 

Corbata y guantes. 



¡Ah! no más despropósitos; 

No más locura : 
Tiempo es ya que nos libre 

Nuestra cordura, 

De disparates, 
Y de obrar como niños 

Y botarates. 



No más ; no más azares 

En el garito : 
El tahúr insensato 

Que tan maldito 

Campo barbecha, 
Precoz, infame y pobre 

Vejez cosecha. 



poesías. 



281 



No más, no más al juego 

Sea rifado 
Cuanto producir puede 

Para un Estado 

La bienandanza, 
Y hasta el postrer destello 

De la esperanza. 



No más : y pueda pronto 
Lucir el día 
En que harto escarmentada 
La patria mía, 
Prudente ataje 
El mal que le acarrea 
Llantos y ultraje. 



Y á autoridad se acoja 

Sabia y robusta. 
Que orden y libertades 

Concilie justa ; 

Y firme y franca, 
Promueva nuestra dicha 

Con una tranca. 



Lima, 1856. 



16. 






A LA VIRGEN DE ATOCHA. 



VENERADA EN LA CAPILLA DE LA CASA ^DE EXPÓSITOS 

DE LIMA. 



Nace, y destino inclemente 
Al niño en el mundo deja, 
Sin padre que lo proteja, 
Sin madre que lo sustente. 

Del desvalido inocente, 
Al cielo llega el clamor, 

Y le alivia en su dolor 

Y enjuga su amargo llanto 

Y le cubre con su manto, 
La Madre del Redentor. 



Huérfanos, si os abandona 
La impiedad de los mortales. 
En los coros celestiales 
Tenéis brillante corona. 

Si en la tierra os aprisiona 
Pasajera tiranía, 
Gloria y perenne alegría 
Junto al solio del Eterno 
Os guarda con celo tierno 
La Inmaculada María. 



POESÍAS. 283 

¿ Qué importa que ardiente anhelo, 
De una madre mundanal, 
No os dé en vuestro acerbo mal 
Amparo, alivio y consuelo? 

¿Qué importa, si desde el cielo 
Calma vuestras amarguras, 
Y os brinda con las dulzuras 
De amor, en dichas fecundo, 
La que al Salvador del mundo 
Llevó en sus entrenas puras ? 



Inocentes, elevad 
Vuestra oración candorosa, 
A la Virgen que amorosa 
Acoge vuestra orfandad. 

Rogad por todos, rogad ; 
Y que lleve al pecador 
De vuestro ruego el fervor, 
A la mansión donde brilla 
La pureza sin mancilla 
De la Madre del Señor. 



Lima, 1856, 



^rr^m 



A NAPOLEÓN IIL 



EN LA PAZ DE VILLAFRANCA. 

Provoca Austria orgullosa á la pelea 
Al águila de triunfos coronada ; 
Y del tercer Napoleón la espada 
Salvadora de Italia centellea. 



Cual numen tutelar el héroe llama 
Del tronco dé su estirpe la memoria ; 
Y el genio de la guerra y de la gloria 
Desde el Hotel de Inválidos le inñama. 



Vela con huestes raudo al suelo Hesperio, 
Que con su jefe y su valor se engríen; 
Y de la tumba afables le sonríen 
Los Capitanes del antiguo imperio. 



Y en cada marcha una victoria abruma 
La enemiga legión amedrentada; 
Y apenas seguir puede fatigada 
Su batallar y su vencer la pluma. 



ií 



POESÍAS, 285 



Que el sol ni la mitad de su camino 
En la bella estación marcó en el cielo, 
Y ya triunfó en Turbigo y Montebelo, 
Maleñano, Magenta y Solferino. 



De sus falanges el veloz torrente 
Armaduras, y carros, y cañones, 
Infantes, y jinetes, yjbridones. 
Todo lo arrastra en su raudal hirviente. 



Pero i ah ! designio más grandioso agita 
La mente del caudillo previsora ; 
Y al torrente en su furia asoladora, 
« No más, no más devastación », le grita. 



Confirme brazo su violencia estanca, 
Y noble á par de audaz y de esforzado. 
Ofrece al enemigo atribulado 
La oliva de la paz en Villafranca. 



Basta de sangre : las marciales teas 
Ya satisfecha la justicia apague. 
Antes que el voraz fuego se propague 
Por todas las comarcas europeas. 



Kepose el vencedor; que $e desploma 
Rendida ya la usurpación germana, 



286 FELIPE PARDO. 

Y lajtalia renace soberana, 

Bajo el sagrado príncipe de Roma. 



No más, no más triunfar : cese la guerra. 
Sin que y á favor de su espantable estruendo, 
De la intestina lucha el monstruo horrendo 
Se alce cruel á devastar la tierra. 



¡ Qué ! ¿ £1 gran monarca y sus guerreros fíeles 
Abrirán un abismo á la concordia, 
Y el huracán de la civil discordia. 
Marchitará en Italia sus laureles ? 



¡ Jamás ! Que al conquistarle independencia 
No ha de entregar la Italia emancipada 
A los caprichos de la turba airada 
Y á los horrores de brutal licencia, 



Quien, del patrio furor llena la copa, 
Contra la demagogia se armó un día, 
Y á la garra feroz de la anarquía 
Arrebató la acongojada Europa. 



¡ Suelo que en genios y en valor fecundo 
Brilla en la historia artística y guerrera ! 
¡ Abrigo de la alegre primavera I 
¡ Dominio del placer! ¡ jardin del mundo! 



POESÍAS. 287 



; Italia á par de bella desdichada ! 
¡Mísera esclava de extranjero odioso! 
Si : te arrancó á un monarca poderoso 
Del <Iésar triunfador ^a ardiente espada. 



Para exhumar tu gloria y tus blasones, 
Para dar bienandanza á tu belleza, 
No para que su cínica fíereza, 
Ceben en ti rastreras ambiciones. 



Borre eterno esplendor tu vilipendio : 
Salva como la Francia fué salvada, 
Que cual por arte mágica animada 
Se alzó gloriosa de civil incendio. 



Se alzó gloriosa y libre. La sagrada 
Libertad, alto prez de la cultura, 
No se deleita en bacanal impura, 
Ni á la infame codicia sirve armada ; 



Ni hace de una nación caos inmenso ; 
Ni la destruye con poder infausto : 
Ni acepta la injusticia en holocausto, 
Ni el humo de la sangre por incienso. 



La Libertad eleva, no embrutece; 
La Libertad conserva, no destroza ; 



288 FELIPE PARDO. 

£1 solaz del palacio da á la choza, 
Y bajo el orden y la paz florece. 



Se alzó la Francia, sí, libre y gloriosa 
Del frenesí de libertad mentida ; 
Y segura y feliz bajo la egida 
De su preclaro Emperador reposa. 



Nunca j oh Emperador! tu estrella muera. 
Que rompió, cual la estrella de los Magos^ 
Tinieblas de desórdenes y estragos, 
Y astro de redención hoy reverbera. 



I Rayo que el cielo en su justicia envía 
A castigar con fuerza misteriosa 
Ya el desborde de plebe licenciosa, 
Ya la opresión de osada tiranía I 



¡ Ministro de la gloria, que de inmundo 
Fango, de orgías torpes y sangrientas 
Sacas la patria impávido, y la sientas 
En trono excelso á dirigir el mundo ! 



¡ Iris, que en las postreras agonías 
De la paz y del orden apareces, 
Y, manantial de vida, resplandeces 
Para las moribundas monarquías ! 



POESÍAS, 289 



Genio siempre inspirado y poderoso. 
Ya alces del alma paz bajo el auspicio 
Del patrio bien el sólido ediñcio. 
Ya acaudilles tu ejército animoso! 



I Príncipe, ante quien caimán y enmudecen 
Inertes las pasiones destructoras, 
Y bajo cuyas leyes creadoras 
Poder, riqueza y bienestar florecen ! 



¡De ardor, concierto raro y de prudencia! 
¡ Vastago ilustre de linaje augusto i 
¡Déla justicia antemural robusto! 
: Brazo de la Divina Providencia ! 



Te manda desde el Rímac voz amiga 
Su sentimiento de adhesión profundo. 
Para el progreso y la quietud del mundo, 
¡Tercer Napoleón, Dios te bendiga! (i) 

Lima, 1859. 

(1) Creo que el autor fué presentado, poco antes, al Emperador, en su segundo 
viaje á Europa, por su pariente el Sr Osma, entonces ministro del Perú, y de gran 
influencia en las TuUerías. (£d.) 



»7 



A ISABEL, (i) 



lomo algunos me juzgan 

Trovador diestro, 
ion candor inefable 

Pides á mi estro 

Trovas, que pura 
[uella, en lu álbum impriman, 

De r 



[as Ib fuerza agotaron 

Ya de mi numen, 
lolencias, que mi vida. 
Lentas consumen, 
i Suerte cruel I 
no hallo qué decirte, 
Linda Isabel. 



uardo vivo el recuerdo 
De aquellos días, 

;ue en pronunciar apenas 
Te complacías, 



POESÍAS. 291 



Tergiversados, 
De predilectos seres 
Nombres amados. 



Días en que embriagaste 

Mi alma en delicias, 
Pagando mi cariño 

Con tus caricias ; 

Emblema fiel 
De tu inocencia de ángel, 

Linda Isabel. 



Catorce años de entonces 

Van ya corridos, 
Que afligiendo mis días 

Enfurecidos, 

De sufrir largo, 
Al dar su adiós, me hicieron 

Presente amargo. 



Mientras para ti, ajenos 

De sus rigores. 
Abrieron de tu vida 

Las frescas flores, 

En el verjel 
De juventud lozana, 

Linda Isabel. 



Con su aroma y frescura 
Yo me alborozo ¡ 

Y siento, al contemplarlas, 

Doblado el gozo, 
Que á más de bella, 
De virtud te hizo el cielo, 
Fúlgida estrella. 

¡ Ah ! ¡ que Dios te prodigue 
Sus bendiciones ! 

Y mientras yo, de acerbas 

Tribulaciones 
Cedo al tropel, 
Conságrame un recuerdo, 
Linda Isabel. 



A UN AMIGO 
JOVEN DE SESENTA AÑOS 



De tu edad venturosa el curso sigo, 
Y hoy cumples la docena, caro amigo : 
Bien entendido, á precaución de engaños, 
Que es de lustros, no de años. 



Pero aunque años es cierto son sesenta 
(Que á cinco años por lustro, esa es la cuenta,) 
Mira envidioso tu frescor y aliño 
Cualquier garzón lampiño. 



Sesenta son, y aun tu alma se alboroza 
Al tropezar con una buena moza, 
Y hay contoneo, y tos ala pasada, 
Y arrumaco y guiñada. 



i El cielo quiera, de la saña impía 
De los males guardar tu lozanía, 
Del catarro, del reuma y de la gota 
Con que la edad azota ! 



294 FELIPE PARDO. i 

De rosas coronado, á cien abriles 1 

Marcha de tu vejez en los pensiles. 
Marcha, de tu vejez en las florestas, 
Con tus sesenta á cuestas. 



Marcha, como rapaz de veinticinco, 
De cabriola en cabriola y brinco en brinco, 
Y el parabién acepta y el respeto 
De este tu humilde nieto. 

Chorrillos, 2 de Septiembre de 1863. 



DON LEOCADIO 

o 

EL ANIVERSARIO DE AYAGUGHO ("^ 



COMEDIA EN DOS ACTOS Y EN VERSO 

REPRESENTADA POR PRIMERA VEZ 
EN EL TEATRO DE LIMA, EN EL MES DE OCTUBRE DE I 83 3 



(*) Pudiendo aún disponer de algunas páginas, ofrecemos aquí, como muestra, 
la más corta de las obras dramáticas de Pardo, notable principalmente como 
pintura de las costumbres limeñas y americanas de 1833, ™uy distantes por 
cierto de las de 1898. (Ed.). 



PERSONAJES. 

\D10, amante de 
\, hija de 

rtEDES, hermano de 
.MO, padre de 

3S, Coronel, amante de Doña Rosa. 
Capitán del cuerpo que manda Don Cari-os. 



:1 Cercado, suburbio de Lima, c 



in los de la época : el de Juana es el que usaban las 
convento, que fué cayendo en desusa pocoá poco, 
: la batalla de Ayacucho : faldellín de bayeta, con 
■idherentes, en la parte superior del cuerpo y en el 
sombrero de castor blanco, de copa muy baja, 
ancha y muy tiesa. 



ACTO PRIMERO. 

El teatro representa una sala decentemente amueblada. 



ESCENA I. 

DON CARLOS, DON JUAN. 

Juan. — Eso no es de tu resorte. 
Sabes que á casarte vas, 
Y, Carlos, en lo demás 
Poco ó nada hay que te importe. 

Carlos. — Es extraña la porfía 

Y es la reserva chistosa. 

¿ Es huérfana, acaso, Rosa ? 
Si en este dichoso día 
Debo yo ser su marido, 
¿ Hay cosa más natural 
Que indagar si el paternal 
Consentimiento ha obtenido? 
Juan. — Si fin á tus amarguras 

Mi padre hoy contento da ; 
Si aferraste á Rosa ya, 
¿A qué meterte en honduras? 
¿ A qué averiguar si quiere 
Su padre, ó lo lleva á mal ? 
Bendición matrimonial 

Y venga lo que viniere. 
En esto, dar y cavar 

Es ya delirio extremado, 



17 



FELIPE PARDO. 

Que en el ánimo esforzado 
No cabe de un militar. 
i Motivos de temor halla 
En la impotencia de un viejo. 
Quien ha expuesto su pellejo, 
En los campos de batalla? 
¿ Hablando cobarde escucho 
En las contiendas de amor, 
A quien con tanto valor 
Combatió hoy en Ayacucho? 
Carlos, el laurel honroso 
Que á tus sienes enlazaste, 
Por el brío que mostraste. 
En aquel campo glorioso, 
¿ De qué te sirve, pregunto ? 
I Por qué con él te envaneces 
Si más bien monja pareces 
Que soldado, en este asunto ? 
s. — Aunque de un fuerte al asalta 
Tal vez corra sin temor. 
En esto, Juan, mi valor 
No llega á picar tan alto. 
No : yo no aspiro á esta unión, 
Como debes suponer, 
Sólo por satisfacer 
Ciegamente una pasión 
Insensata y tumultuosa ; 
Y que quiera con locura 
Sacrificar la ventura 
De la que ha de ser mi esposa. 
Amo á tu prima es verdad ; 
Mas á ella no me uniría, 
Si no hiciera con la mía 



POESÍAS. 299 

También su felicidad. 

Y ¡bien! si á Don Nicomedes, 
Su padre, irrita este plan, 

¿ Cómo en nuestro enlace, Juan, 
Presagiarnos dichas puedes ? 
¿ Cómo vivir con mi amada 
Sin el disgusto más negro, 
Viendo en el rostro del suegro 
Fiera enemistad marcada ? 
¿ Cómo podrá ella, dichoso 
Su himeneo imaginar, 
Si de su padre al pesar 
Vé que da origen su esposo ? 
Sabes que de sus favores 
El único dueño soy ; 

Y que ya contamos hoy 
Más de tres años de amores. 
Que aunque tuve de su madre 
Generosa protección. 
Nunca excitó mi pasión 

Sino el enojo del padre : 
Que él solo por contemplarte. 
Desde el punto en que enviudó 
A enviarme no se atrevió 
Con la música á otra parte ; 

Y en fín, que tan mal mirara 
Mi amorosa inclinación, 

Que, antes que su aprobación, 
Diera un ojo de la cara. 
Sin embargo, yo en mi afán. 
Constante; aunque no sabía 
Cuando terminar podría 
La carrera de galán. 



w 




3oo 



FELIPE PARDO. 



Bajo tan bellos auspicios, . 

Parto á la Sierra un año ha : 

¡Cuánto no me admirará 

El ver que sus beneficios, 

Pródigo derrama el cielo, 

A mi vuelta, sobre mí ! 

Llego ha seis días aquí : 

En el mismo instante vuelvo 

A ver el objeto amado : 

No encuentro á tu prima en casa* 

Y sé que unos días pasa 
Con tu tío en el Cercado. 
Vengo, veloz á buscaros : 
Tu buen padre me reitera 
De la amistad más sincera 
Los testimonios más claros. 
De mi ansiado casamiento 
Con su sobrina le trato : 

Él se digna acoger grato, 

Y hasta celebrar mi intento : 
Con interés nunca visto. 
Todo lo arregla y lo allana ; 

Y en menos de una semana 
Tiene el matrimonio listo : 
En términos que él y tú 
Queréis dar fín á esta historia. 
Hoy que celebra la gloria 

De sus armas el Perú. 
Juan. — Y ¿ á quién puede esto, disgusto, 
Señor Coronel, causar? 
¿ Quién es capaz de tachar 
Este proceder de injusto £ 
Si en esa acción que afírmó 



r'" 



POESÍAS. 30I 

De la patria los derechos 
Entre los más bravos pechos 
El tuyo sobresalió ; 
Si en tus años juveniles 
Supiste en esa jornada 
Hacer tremenda tu espada 
Como la lanza de Aquiles ; 
De este día es propio, creo, 
Al regocijo añadir 
El de verte al fin ceñir 
La guirnalda de himeneo. 

Y ¡bien, Garlos! ¿qué te arredra ? 
¿ En qué puedes vacilar ? 

Esto no es más que matar 
Dos aves con una piedra, 
Carlos. — Si tuviera la chaveta 
Tan ligera como tú, 
Por que hubiese Belcebú 
Querido hacerme poeta, 
Nada entonces me arredrara; 

Y sin andar con rodeos 
Realizando mis deseos 
Con tu prima me casara ; 

Y en versos llenos de miel 
Cantara á los dos amantes, 
Desgraciados, mas triunfantes 
De un padre duro y cruel ; 
Aunque después al demonio, 
Por el suegro atormentado, 
Mandase desesperado 

Los versos y el matrimonio. 
Pero yo soy más real 
Que vosotros trovadores; 



FELIPE PABDO. 

no habito en mis amores 
se vuestro mundo ideal, 
uiero en mis cosas marchar 
>r un sendero trillado ; 
como hasta aquí he notado 
le tú has pretendido dar 
1 el asumo préseme 
I señor Don Nicomedes 
mta parte, como puedes 
tu vecino de enfrente... " 
J)ale con Don Nicomedes ! 
>y! ¡ qué machaca! ¡ Dios mío I 
ida receles del tío 
le no dejará que quedes 
al con él, .mi padre. 

Pero... es que... 
a es impertinencia ; 
smbre, él tiene harta prudencia 
ira ser casamentero, 
' El demonio que te entienda. 
¡uién tal prudencia verá 

de todo, ajeno está 

pobre hombre allá en su hacienda' 

la hora esta imagino 
le ya aviso le llegó : 
!ro que lo sepa ó no, 
irlos, importa un comino. 
i tío sin ser poeta 
con medio siglo encima, 
ene más que nadie en Lima 
>s cascos á la jineta. 

en mercantiles proyectos 
esume que le irá bien. 



POESÍAS. 3o3 



Abre al punto un almacén 

Y lo ataruga de efectos ; 

Y en el cargamento* el tercio 

Y el mostrador se recrea, 
Hasta que tiene otra idea 

Y reniega del comercio. 
Con la afición más extraña 
Toma después una hacienda ; 

Y con el buey, la molienda, 
Con el trapiche, la caña, 

Y la miel, nos acribilla : 
Pero al darle la locura. 
Lo aburre la agricultura 

Y el campo lo atabardilla. 
Juzga que de fabricante 
Le será el hado propicio, 

Y levanta un edificio 
Para fábrica, al instante : 
De artesanos se rodea ; 
Trabaja máquinas mil ; 

Y de su ingenio sutil 
En las obras se recrea : 
Gasta sin tino : se empeña : 
Hasta que convierte un día 
La fábrica en lechería, 

Y las máquinas en leña. 
A un hermoso corazón 
Este carácter unido 
Hará al tío, habiendo sido 
Resuelta ya vuestra unión, 
Rendirse á la voluntad 

De un hermano que ama tierno : 

Y echar en olvido eterno 



"VI 



304 FELIPE PARDO. 

Su antigua animosidad, 

Como, según la locura 

De que se halla poseído, 

El comercio da al olvido, 

La industria ó la agricultura. 

Pero aun hay más, ya que quieres 

Que aclare tu inútil duda 

Con explicación menuda : 

En hombres de caracteres 

Tales como el de mi tío. 

Cada pasión que los quema, 

Cada idea, cada tema. 

Tocan siempre en desvarío; 

Pues es cosa natural 

Que, atentos á un solo asunto, 

Reconcentren en un punto 

Todo su vigor moral. 

Sabes que el tío desea 

Con la ansia más inaudita 

Que de mi prima Rosita 

Don Leocadio esposo sea. 

Éste también lo apetece; 

Y sin saber yo por qué, 
Presume de buena fé 
Que de veras lo merece. 

Si á Don Nicomedes, pues, 
De antemano consultamos. 
El proyecto que formamos 
Lo exponemos á un revés; 
Pues damos tiempo de sobra, 
A que su furia desate, 

Y que las manos nos ate 
Para continuar la obra. . 



POESÍAS. 3o5 

Él hasta hoy nada ha sabido : 
Pateará, renegará ; 
Pero ¿qué importa? sabrá 
Que ya todo está concluido ; 
Pues hasta el último paso 
Hemos cuidado de dar : 
Teme un escándalo armar, 

Y que en la ciudad el caso 
Se divulgue con presteza ; 

Ve á su hermano de por medio, 

Y no tiene otro remedio 
Más que bajar la cabeza. 

Garlos. — Y bien : si al contrario estalla 

Su indignación de tal modo. 

Que lo echa por tierra todo... 
Juan. — Déjanos obrar y calla 

Yo satisfecho me hallo 

De que ng sucederá : 

Y la hoja doblemos ya. 
Carlos. — Pues dejóte obrar y callo. 

ESCENA II. 

DON ANSELMO, DON CARLOS, DON JUAN, ROSA. 

Anselmo. — ¡ Pues no ha sido la posdata 

Muy corta, por vida mía, 

Para un hombre que tenía 

Tanta prisa ! 
Juan. — ; Si me mata 

Este Coronel, señor. 

Con el necio desvarío 

De recelar que mi tío 



FELIPE FARDO. 

üé aciago fin á su amor : 
Tanto, que ha sido preciso 
Entrar en explicaciones. 
Sobre las fuertes razones. 
Que para no darle aviso 
De nuestro plan, de antemano, 
Presentes hemos tenido. 
o. — No hay por qué estar compungido 
Pues á esta hora mi hermano 
Algo sabe : luego á fondo 
Se instruirá de tudo aquí : 
Esto está encargado á mí : 
Yo del éxito respondo. 

- Lo mismo que yo le he dicho. 
, — Abrigar ya más temor 

Bajo tan buen protector. 
Fuera extremado capricho. 

- Sí ; que mi tío no ofrece 
Lo que no puede cumplir. 

. — Pues me dejo conducir : 
Pero, ¿justo les parece 
Que á Don Leocadio el aviso 
Retardemos?... 

Por supuesto : 
El no debe saber esto 
Hasta el momento preciso . 
— La cosa es dura, por cierto ; 
Mas ya que se líene á bien. 
Sobre este asunto también 
Me caüaré como un muerto. 
Pero ; ¡ Jesús 1 ¡ qué tarde es I 

(S.C. el »Ii.i.) 

A la formación me voy. 



POESÍAS. 3o7 

Anselmo. — Venir temprano. 
Carlos. ^ Sí : estoy 

Con ustedes á las tres. 

ESCENA III 

DON ANSELMO, DON JUAN, ROSA. 

Anselmo. — Pero, hijos míos, ¿sabéis, 

(Después de una pausa.) 

Que yo al parecer me inclino 

De mi futuro sobrino. 

En esto de que tratéis 

De que el misterio no acabe 

Ya para el huésped ? 
Juan» — ¡ Papá ! 

¿ De nosotros qué será 

Si Don Leocadio lo sabe? 

¿ Verá con indiferencia, 

Después de tanto tesón. 

Que da Rosa á su pasión 

Tan negra correspondencia ? 

¿ No tratará de impedir?... 
Anselmo. — ¡ Qué ha de tratar ! ¡ disparate ! 

Pero, por fin, aunque trate 

¿Qué es lo que ha de conseguir ? 

Vaya, chicos, que se quite 

Ya la máscara es razón. 
Rosa. — Soy de distinta opinión. 

De él, matrimonio y convite 

Es preciso reservarlos : 

Pague así la necedad, 

De haber querido á su edad 



3o8 FELIPE PARDO. 

Rivalizar con Don Carlos. 
Anselmo. — La necedad no es muy rara : 

Porque para otras bellezas 

Tapará con sus riquezas 

Las arrugas de su cara... 

¿ Con un hombre, que viviendo 

Está hace tiempo conmigo, 

Con tan consecuente amigo ?... 

¡ Estoes atroz ! ; es horrendo !... 
Rosa. — No temo que por el chasco 

Con nosotros quede, mal : 

Es poco sentimental. 
Anselmo. — ¡ Hija, aunque fuera un peñasco I 
Rosa. — Reserva ; no nos cansemos. 
Juan. — Sí; si no se lleva á efecto, 

Malogramos el proyecto. 
Rosa. — Todo lo descomponemos. 

Si la función que se apresta 

Y nii matrimonio sabe, 

¿Qué asunto para él más grave ? 

¿ Para qué quiere más fiesta? 

¿ En qué hallará más delicia ? 

Saldrá al punto ; y por la calle, 

Atajará á cuantos halle 

Para darles la noticia. 

El asunto en mil rumores 

Con velocidad no poca. 

Correrá de boca en boca 

Con los más varios colores. 

En el Portal se dirá 

Al momento en una tienda, 

Que ha habido una atroz contienda 

Entre Usted y mi papá. 



.. 'i. .j.'.. 



POESÍAS. 309 



En otro corro inmediato, 
Sentirá alguno bochorno 
En no añadir un adorno ; 

Y afirmará sin recato 

Que de ambos la indignación 
Tan no ha sido de juguete, 
^ Que tiene Usted un cachete 

Hinchado de un bofetón. 
Más distante otra persona 
Se complacerá en pintar 
Nuestra reunión familiar, 
Como una gran comilona ; 
Sin que falten mentecatos 
Que amplifiquen más la historia, 

Y que sepan de memoria 
Hasta el número de platos ; 

Ni otros que investiguen mucho 
La mira particular, 
Que nos mueve á celebrar 
La batalla de Ayacucho. 
Diga Usted, ¿ le hago justicia 
Ó no, en todo esto, señor ? 

Anselmo. — Sí : él es un poco hablador ; 
Pero hablador sin malicia, 

Rosa. — ¡ Ah ! sé que son inocentes 

Sus charlas, que no hace mal ; 

Pero da pasto fatal 

Á ociosos y maldicientes. 

Juan. — Vamos : y ¿ si fastidiarnos 
Intenta de otra manera, 

Y le viene á la mollera 
Querer en todo ayudarnos ? 
Andará moliendo á todos 



3 10 FELIPE PARDO. 

■ 

Con mil investigaciones j 
En todo dará lecciones, 

Y charlará por los codos. 
Ya nos invade el jardín : 
Allí mi invención apoca, 
Echando por esa boca 
Lisonjas propias, sin fín. 
Quiere obrar por si : hace tala 
De rosas y de claveles, 
Hasta dejar los cuarteles 
Tan limpios como esta sala. 
Mas con esta tremolina 

A poco rato se aburre : 
Del jardín se nos escurre, 

Y se mete en la cocina. 
Allí al cocinero apura : 
Todo lo indaga importuno ; 
Los guisos uno por uno 
Destapa, prueba, censura : 
Encuentra el mayor deleite 
En hacer cuestiones graves : 
De si están gordas las aves. 
Si en las salsas hay aceite, 
Ajos, pimienta y cebolla ; 

Si el horno se encendió bien, 
Si es manuable la sartén, 
Si hace buen caldo la olla. 
Si abandona la cocina, 
Es para ir al comedor. 
En donde con más fervor 
Registra, husmea y trajina. 
A reformador se mete, 
Trastorna y deshace todo ; 



] 



POESÍAS. 3 I I 



Vuelve á arreglar á su modo 
Candelabros, ramillete, 
Platos, cubiertos, botellas, 
Servilletas, copas, vasos, 
Dejando en varios fracasos 
De su intervención las huellas. 
Embargados sus sentidos 
Con estático embeleso, 
Prueba vino, y pan y queso. 
Aceitunas y encurtidos : 
Vé si hay diferentes cremas. 
Si son tiernas las toronjas, 
Si ha venido de las monjas 
La mazamorra de yemas. 
En fín^ si no somos cautos. 
Se pierde nuestro proyecto ; 
Pues bajo cualquier aspecto, 
Es un mal ponerlo en autos. 
Hágase todo en reposo 
Que no haya ni aun falta leve, 
Para celebrar el nueve 
De Diciembre venturoso : 
Que quiero, por vida mía. 
Que no falte precaución, 
Que haga digna la función 
De lo clásico del día. 
Anselmo. — Llevad, á vuestro sabor, 
A cabo entonces el plan; 
. A bien que de todo, Juan, 
Te has hecho, tú, director. 
Ya, hijos, á nada replico : 
Muy bien : las órdenes sigan, 
Que á todos en casa obligan 



--J 




>:■ . ""^ ^«Wí pur acá, 
^"n Leocadio .- r» 



Jua-s 



o„^ , {Cómo ra 

, -. vu<í se fiace = 

S,„ 7 "'^'" P"-» »¡li, 
P.., ^ "«cerJe mi 



] 



POESÍAS. 3l3 

Anselmo. — ¿ Con azar no lo notáis? 
Leocadio, aparte. — ¿ Con secreticos andáis? 

i Es de consideración 

La cosa! — Disimulemos. 
Anselmo. — Yo no me expongo, y escampo 

Antes que él explore el campo. 

Yo tengo... 
Juan. — Los dos tenemos, 

Que despachar cierta nota 

De efectos ; y si Usted da 

Permiso... 
Leocadio. — Por dado ya.. 

Rosita, aparte á Don Anselmo y Don Juan. — 

Y¿ á mí me echan la pelota ? 

ESCENA V. 

don LEOCADIO, ROSA. 

Leocadio, aparte. — Habrá en la nota lo que haya. 

(Alto). 

Don Anselmo está atareado. 
Esto ya pasa de raya : 
¿ Ni porque está en el Cercado 
Deja los papeles?... ¡ Vaya I 
Padre é hijo es fuerza estén 
Muy de prisa. 
Rosa. — Sí : hay afán : 

Las cosas no andan muy bien ; 
Porque hace poco que Juan 
Se encargó del almacén. 
Leocadio, aparte. — ¡ Vamos ! es cansarse ya. 
Aquí todos se hacen suecos. 
¡ Señor ! ¿ qué motivo habrá 

i8 



3 14 FELIPE PARDO. 

Para tantos embelecos?... 

En fin, ello saltará. 
Rosa. — Lo noto á Usted pensativo. 
Leocadio. — ¿ Cómo ha de estar quien de un fuerte 

Amor siente el fuego vivo, 

Y hoy espera de su suene 

El momento decisivo? 
Rosa. — ¿ Cómo ? ¿ qué momento es ese ? 
Leocadio. — Y ¿ quieres que una palabra, 

Aunque para ti no pese, 

Cuando ella mi dicha labra, 

Al vuelo no la cogiese? 

j Ay! recuerda, prenda mía. 

Lo que díjisie ayer tarde, 

Al fervor con que pedía 

Que decidieses : " Aguarde, 

» Que mañana será el día. » 

¿ No fué esto lo que salió 

De esa boca de rubí? 

I Me equivoco, Rosa? 
Rosa. — No . 

Leocadio. — Y, habla, i te decides? 
Rosa. — Sí. 

Leocadio. — ¿ Seré feliz f 
Rosa. — ¿Qué sé yo? 

Leocadio. — ¿ Ahora sales con eso? 

I Será justa esa paciencia 

En cosas de tanto peso ? 

jTan helada indiferencia . 

Me tiene, Rosa, sin seso ! 

I Ay 1 [ hijaj si tú me agracias 

Con esa mano : si llegas 

A dar ñn á mis desgracias... 



POESÍAS. 3i5 

Tengo más de cien talegas... 

Todas para ti. 
Rosa. — Mil gracias. 

Leocadio. — ¡ Ahí perdona este lenguaje, 

Y admíteme por favor, 

Antes que me ahogue el coraje, 

Un corazón por tu amor 

Hecho una ascua. 
Rosa. — I Buen potaje ! 

Leocadio. — ¡ Mas, Rosa! ¿ qué es lo que veo? 

¿ Será justo ese rigor ? 

Soy viejo, mas no tan feo, 

Para que pagues mi amor 

Con chanzas. 
Rosa. — Yo no chanceo. 

Desde ayer he dicho ya 

Que mi suerte el día de hoy 

Decidida quedará. 

Don Leocadio, Usted, si soy 

Mujer sincera, sabrá. 
Leocadio. — Pues la palabra te tomo 

Y suspendo mi porfía. 

¡Ay! ¿cómo saldremos? ¿cómo? 
Rosa, para mí este día 
Camina con pies de plomo. 
Mas ya que á ti se te antoja 
Que aún mi dicha no he de ver. 
Hablaré, doblando esta hoja, 
Del gran almuerzo que ayer 
Tuvo en su huerta la coja. 
Hubo tamal de Belén, 
Pasteles, zango con yuyo, 
¡ La cosa salió muy bien! 



i 



' sabré quién es el cuyo 

está pagando ese tren, 
lo estuve convidado : 
extraño, y lo siento á fé ; 
jue soy aficionado 
:as jaranas, y sé 

hubo uD chupe delicado, 
a faltó á la función; 
' buen humor, baile, juego 
al consideración, 

perdió medio talego 
obre Don Hilarión, 
[ó Justa coa Camila : 
1 Luz extrenó un coche 

— Rosa, desfila; 

|ue este hombre hasta la noche 
icaba su retahila. 

$0 que hacer. 

- Son patrañas. 

) me cree Usted? 

¡Pobre diablo! 
Sí : creo que no me engañas, 
no olvides el venablo 
clavaste en mis entrañas. 



'O, tolo. — Nunca del pecho se borre 
nagen de esta muchacha. 

a ! tardanzas ahorra : 



POESÍAS. 3 17 



i Despacha, por Dios, despacha 1 
Que esta es ya mucha pachorra, 
j Si este Coronel habrá 
Retardado mi ventura? 
El amartelado está : 
Tiene labia, su figura 
No es mala .. Mas ¿vencerá? 
¿ Cómo saldré ? pero no : 
Mi corazón es muy fiel, 
Y ya dichas me anunció. 
¿Qué supone el Coronel 
Estando por medio yo? 
Mas la función... ¿Qué razón 
Podrá esta gente tener 
Para tanta precaución? 
¡Oh! ¡qué mágico poder 
Ejerce en mí una función. 

ESCENA VIL 

DON LEOCADIO, JUANA. 

Juana. — « ¡ Ave Madía ! j qué tidada ! 
j Buen haced de cabayedo! 
¡ Vivid aquí! ¡Ya no puedo 
Con mi cuedpo de cansada ! 
Buenisa Súmese, mi amo. 
Leocadio. — Dios muy buenos te los dé. 
Juana. — ¡Ay! cdéame Súmese 

Que, como Juana me yamo, 
; No tengo sano ni un güeso. 

Leocadio, aparte. — ¿Quién será ésta? 
[ Juana. -— ¡ Ay ! ¡ay de mí ! 



r 



18 






3l8 FELIPE PARDO. 

¡Vamos, pues! ya estoy aquí. 
Leocadio. — Y ¿qué me cuentas con eso ? 
Juana. — Cómo ¿qué me cuentas? ¡guá! 

¿A qué habladme de ese modo 

Cuando yo lo tdaigo todo, 

Muy bien sabidito ya? 

La mae Vicadia me ha impuesto 

Pdedicando más de una hoda... 

¡Oh! ¡cómo que es tan dotoda 

Su devedencia y tan esto !... 

Y ¿ que á mí no se me impdima 
Cuadquied cosa que me mande ? 
No : yo nací en casagdande 

Y no soy de jueda é Lima. 
Leocadio. — ¡ Vaya hija ! daja esos dengues 

Y di qué me quieres, pronto. 
Juana. — No se haga Súmese el tonto : 

Yo vengo á haced los medengues. 
Leocadio. — ¿ Qué merengues, ó qué enredos ?.• 
Juana. — Los que Súmese encadgó. 

¡ Jesús ! y los que hago yo, 

Son de chupadse los dedos. 

Los otros dulces vendan. 

Mi amo, dentó de un momento. 

i Ha habido en ese convento 

Pada hacedlos tanto afán ! 

¡ Qué ! la mae Casimida, 

La Docenda, la Solano 

Todas han metido mano : 

Lo que padece mentida 

Me falta : ha compuesto un plato 

La mae Chinquiquidá, 

Que ya de vejez está 




I 
1 



POESÍAS. 319 

Que padece un gadabato. 
Leocadio. — ¡ Mujer, tú me tienes loco ! 

Tú te equivocas, sin duda. 
Juana. — i Ay ! no señó, ¡ qué locuda ! 

Yo en la vida me equivoco. 
Leocadio. — Si no te entiendo, mujer. 
Juana. — ¿ Pada qué disimulad ? 

En mí se puede confíad. 
Leocadio. — Lo que quieras podrá ser; 

Pero eso no habla conmigo. 

Yo soy Don Leocadio Arpecho 

Y Urgarriola y... 

Juana, gritando. — ¿Qué es lo que he hecho ? 
¡Tentación del enemigo! 
¡ Ay ! ¡ qué atuddimiento el mío ! 
[Dadme con él cada á cada ! 
¡Metédselo con cuchada! 

(Retírase á las habitaciones interiores, haciendo aspavientos). 

ESCENA VIH. 

Don Leocadio, solo. — Esto me ha dejado frío. 
¿ Hay cosa que más asombre ? 
Aquí de dulces se trata : 
Grita y huye la mulata, 
Apenas oye mi nombre. 
« Función, » dijo el otro hombre : 
Entro yo, y con precaución 
Mudan de conversación. 
¿Qué es esto? viéndolo estoy; 
Que sospechoso les soy, 

Y que es aquí la función 

(Pausa corta.) 



PE PARDO. 

ierva advierta ! 

motivó ? 

noro yo, 

n es cierta. 

i divierta 

ibrá motivo; 

ts positivo ; 

ais, bribones, 

|ue en las funciones. 



• ¡oh suerte aciaga 1 

eto, paciente, 

oda esta gente 

ne y traga f... 

s I... ¿Que tal paga 

ad devengues? 

fuerza es te vengues : 

las el delito, 

e favorito 

merengues. 



será el mayordomo. 

Usted, Don Fulano, 
1 también, Don Zutaní 
lí su patrón? 
¿Cómo? 
tá aquí su patrón? 
rá bien disimular. 



POESÍAS. 321 

Por si éste viene á tratar 

Algo sobre la función. 
Marinan. — ¿ No responde? 
Leocadio. — i Qué violento 

Es Usted! Encasa está. 

¿ Qué se ofrece por acá ? 
Marinan. — Pues avísele al momento, 

Que el Capitán Marinan 

Está aquí con la respuesta. 
Leocadio. — Sobre el cuento de la fíesta : 

I No es verdad, mi Capitán? 
Marinan. — Por supuesto... ¿Mas nova? 
Leocadio. — No puedo darle el recado, 

Porque está un poco ocupado. 

Cuando acabe... 
Marinan. — Y ¿tardará? 

Leocadio. — No, señor ; pronto despacha. 

Va á ser lucida función : 

¿No es verdad? 
Marinan. — Y con razón : 

Lo merece la muchacha. 
Leocadio, aparte. — Esto va bueno : ya es mío 

El hombre : ya desembucha. 
Marinan. — Dicen que con ella es mucha 

La chochera de su tío. 

¿Me entiende Usted? 
Leocadio. — Sí : á fé mía... 
Marinan. — El hombre... que tiene plata... 

Hoy de divertirse trata... 

Y es muy adecuado el día. 

Según me parece á mí... 

Al fíjar en él la ñesta, 

Don Anselmo manifiesta 



1 



1 

i 

i 



Un corazón... pues... así,.. 
¿ Me comprende Usted? 
Mo. — ¿Pues no? 

Ciertamente mi patrón 
Tiene muy buen corazón : 
Por eso lo quiero yo. 
Gomo hoy, no lo vi jamás : 
¡ Es tan grande su alegría! 
Ya vé Usted... en esie día... 

(Ap.r«.) 

A ver si suelta algo más... 
ÍN. — ¡Hombre! y ¿con motivo tanto 

Extraña Usted su placer? 

j Pues bueno fuera tener 

Hoy cara de Viernes Santo ! 

Oiga Usted, no me verán 

Ni más padre, ni más madre, 

Ni más perro que me ladre, 

Que el sueldo de Capitán. 

Pues si aquí, por un evento, 

Hoy faltara que gastar, 

Yo no hiciera más que dar 

Al instante un libramiento. 

¿Me entiende Usted, Don Aquel? 
DIO. — Sí, señor. 
ÍN. — Pues si me explico 

De este modo, ¿ qué hará un rico. 

Que tiene el oro á granel? 

Que gaste : sí : que derroche : 

Todos se han de divertir; 

Y para eso ha de venir 

La música aquí esta noche. 
>io,iparic. — [Hola! ¡música! j muy seria 



POESÍAS. 323 

Va á ser la cosa, á fé mía ! 
Marinan. — Y cabalmente vem'a 

A tratar de esta materia 

Porque si quieren que asista 

Música para comer, 

A esa hora no ha de poder 

Estar la del cuerpo lista. 

¿ Usted me entiende ? 
Leocadio. — Sí : siga 

Usted... 

(Aparte.) 

Si hablara más claro... 
Marinan. — Eso sí, yo no declaro 
A mi Coronel la intriga. 
¡La música!... ni la aguarda 
Don Garlos... ¡Ah! ¡qué sorpresa! .. 
Pero hombre, yo estoy de prisa 
Y este Don Anselmo tarda. 



ESCENA X. 

DICHOS, UN CRIADO. 

Criado. — Le trae un mozo esta esquela 

Señor Don Leocadio. 
Marinan. — ¡ Vaya ! 

I Que la hice buena ! 
Leocadio. — ¡Mal haya. 

Borrico, tu parentela ! 

Marinan, aparte, dándose una palmada en la frente. 

¡ Ah bárbaro ! 
Leocadio, aparte. — ¡ Pues me gusta 

El papel que haciendo estoy ! 



í 




324 



FELIPE PARDO. 



¡ir- 

t 






íi-i 






Está visto : el día de hoy 
Mi nombre á todos asusta. 
¡ Conque ! ¿decía Usted?... 
Marinan. — ¿Yo? nada. 

¡Ya!... ¡ya! ¡es Usted buena pieza ! 

(Aparte.) 

Felizmente mi torpeza 

A buen tiempo fué cortada, 

(Alto.) 

* 

A ver á Don Juan ; muchacho 
Llévame... 

(Aparte.) 

Nada sabrán 
Por mí de esto, pues dirán, 
Sin duda, que soy un macho. 

Leocadio. — ¿ Dónde va Usted ? 

Marinan. — Hay que hacer. 

Leocadio. — ¡ Hombre ! un instante. 

Marinan. — No puedo. 

Leocadio. — Es que voy... 

Marinan. — Métame el dedo, 

Y verá si sé morder. 

Criado. — ¿ Qué contesto al de la esquela ? 
Leocadio. — Que espere ó se largue, di ; 

Y marcha ¡bruto! de aquí, 
Antes que á palos te muela. 



ESCENA XI. 

Don Leocadio, solo. — ¿ Qué fiesta es la que hay aquí ? 
Por lo visto, no hay sujeto* 
Que la ignore ; y el secreto 
Sólo se me guarda á mí. 



\ 



i 



POESÍAS. 325 

Los alegra, á lo que oí, 

Rosa : mas también se nota 

Que el día los alborota 

De hoy, que diz que es estupendo... 

Lléveme el diablo, si entiendo 

De este embolismo una ¡ota!... 

Discurro, cavilo y sudo 

En vano por descubrir 

La causa, que producir 

Tan rara conducta pudo. 

¿Qué día es hoy?... Mas ¡qué dudo, 

Por la Virgen del Rosario ! 

¡Vamos! j soy un dromedario! 

En romperme la mollera, 

Guando puedo en mi cartera 

Consultar el calendario. 

(Saca una cartera y lee). 

» Diciembre dos.,, Santa Bibiana; treSy cuatro.,, 

» Cinco,,, San Nicolás de Bar i,,, día 

» Nueve... Santa Leocadia.,. » 

¡ Ah! I mi santo ! ¡ voto á sanes ! 

I Qué cabeza de chorlito ! 

Ya indagar no necesito 

La causa de estos afanes. 

i En la que andan los trüanes !... 

Y I yo no percibo... oh, necio!... 

Pero I qué amistad ! ¡qué aprecio! 

¡ Cómo por mí se desviven ! 

No hay duda : aquí me conciben 

La alhaja de mayor precio. 

¡ Hay placer más soberano ! \ 

I Qué tan feliz llegue á verme, 

Que en mi santo sorprenderme 

«9 



320 FELIPE PARDO. 

Quiera Rosa con su mano ! 

Y que este apreciable anciano 
Se dé á celebrarme priesa, 

Y ¡ piense en música, en mesa !.... 

¡ Oh ! ¡ qué bondad!... ¡Cosa atroz! 

Y yo iba con una coz 

Á malograrles la empresa. 
I José Leocadio, sin gota. 
Ni viso de entendimiento I 
¡ José Leocadio, jumento ! 
¡ José Leocadio, marmota ! 
¿ Cómo confundes, idiota. 
La más dulce travesura, 
Con una ofensa acre y dura, 
Sin que te apunte el criterio 
Que el objeto del misterio 
Es realzar tu ventura ? 
Si el día de San José 
Hubiera la farsa sido, 
Yo la habría conocido 
Al instante, bien se vé ; 
Porque aunque es cierto no fué 
El día de mi natal, 
Es el de mi fiesta anual. 
Por privilegio otorgado 
Al primer nombre asignado 
En la pila bautismal. 
Por tal causa siempre infiel 
Á Santa Leocadia fui : 
Y aunque ese día nací, 
Jamás me he acordado de él. 
Mas con su gracia y su aquel, 
Rosa, más que yo prolija. 



POESÍAS. 327 

Cuando mi pasión prohija, 
Obligante y oportuna 
El día de mi fortuna 
£n Santa Leocadia ñja. 
¡ Rosa !... no ¡ por Belcebü ! 
No eres Rosa ; no ; no hay flor 
Tan bella y grata en olor, 
Ni en Lima, ni en el Perú, 
Ni en el Orbe, como tú. 
Siempre de tu gloria estadio, 
Siempre órbita de tu radio. 
Siempre tu escudo y tu adarga, 
Siempre tu bestia de carga 
Será tu José Leocadio. 

ESCENA XH. 

DON LEOCADIO, DON NICOMEDES. 

NicoMEDEs, aparte. — ¿A ver cuál es el pastel? 

I Llamarme con tal presteza ! 

¡Qué hermano ! ¡reniego de él 1... 

i Cuando aquella hacienda empieza 

A ponerse hecha un vergel ! 

Si el matrimonio no va 

Con mis ideas, bien puedes 

Llamar á otra puerta ya. 
Leocadio. — ¡ Oh, señor Don Nicom^desI 

¿Tanto bueno por acá? 

¡ Ah! venga un abrazo. 
NicoMEDES. — ¡ Hacer 

Que de mi hacienda hoy emigre!... 

Y ¡ Usted nadando en placer, 

Mientras yo estoy hecho un tigre ! 



328 FELIPE PARDO. 

i Cierto que es cosa de ver ! 
Leocadio. — Vaya : ¿ qué es lo que ha pasado ? 
NicoMEDEs. — i Qué me ha de pasar ? que estaba 

Allá en mi hacienda atareado ; 

Y en dirigir me ocupaba 

Un trapiche que he inventado... 
¡ Oh ! ¡ para eso no hay otro hombre 
Como yo I... va á ser, amigo, 
Un trapiche aquel que asombre : 
Si acabarlo bien consigo. 
Va á darme eterno renombre. 

Leocadio, — Pero, hombre, si no se trata... 

NicoMEDEs — Si dos años más consagro 
A esa hacienda... no es bravata, 
La hago, ¿orno por milagro, 
La mejor mina de plata. 

Leocadio. — En suma, ¡ por Santa Rita! 

¿ Que es lo que á Usted le incomoda? 

Nicomedes — ¡ Ah! ya... una carta maldita, 
En que mi hermano, la boda 
Me anuncia ya de Rosita... 
Toda ella no es un renglón : 
« Que venga y no se dilate, 
« Pues hoy de mi hija es la unión. » 
Ya habrá hecho algún disparate 
Ese gran calaverón. 
¡ No decir, ni por asomo, 
Siendo mío el interés, 
Con quién es la boda y cómo!... 

Leocadio. -^ j Si este Don Anselmo es 
Un tuno de tomo y lomo ! 

Y ¡ la chica no es mal bicho ! 
De sorprender les entró 



^ 



POESÍAS. 329 

El endiablado capricho... 
¿ Qué mas ? el novio soy yo, 

Y ni chus ni mus me han dicho. 
¿ Puede haber diablura igual ? 

NicoMEDEs. — ¡ Oh! i amigo I i cuánto me alegro ! 

¡ Qué prueba de amor filial ! 

Reciba Usted de su suegro, 

El abrazo paternal. 

¿ Conque lo que he apetecido 

Tanto, hoy se ha logrado al fin ? 
Leocadio. — Sí : mas se les ha ocurrido 

Convertirme en arlequín, 

Antes de hacerme marido. 

Pero esto me manifiesta 

Que está pagado mi amor. 

Ayer, Rosa me protesta 

Que hoy sentenciará mi ardor, 

Y hoy preparan una fiesta : 

¿ Sabe Usted por qué razón ? 
Porque hoy es mi santo : y ella, 
A mi ardorosa pasión. 
Quiere con su mano bella 
Dar el dulce galardón. 

(Saca el calendario y le lee á Don Nicomedes : Diciembre día 

nueve : Santa Leocadia Virgen y Mdrtir), 
Nicomedes. — | De contento desvarío ! 

Voy á abrazarla al instante : 

Voy á abrazar á su tío : 

\ Oh qué hermano tan amante ! 

i Oh qué fortuna, Dios mío ! 
Leocadio. — Que yo la trama comprendo 

No les debe Usted decir. 
Nicomedes. — ¿ Pero he de estar encubriendo i 




33o 



FELIPE PARDO. 



Leocadio. — Yo quiero verlos venir. 

Déjeme Usted : yo me entiendo. 
NicoMF.DES. — ¿ Cómo mi cariño tierno 

Será dable que resista ? 

¿ Cómo el júbilo paterno 

No ha de estallar, á la vista 

De los méritos del yerno ! 

Mi pecho que hasta hoy se halló 

Cargado de peso grave 

¿ Podrá disimular ?.. no. 
Leocadio. — Bien : diga usted que lo sabe, 

Pero no que lo sé yo. 
NicoMEDEs. — Pues bien, guardaré secreto. 

(Vase.) 

Leocadio. — Sí^ señor, que me interesa. 

ESCENA XIII 

Don LEOCADIO, solo. — I Pensarán que me estoy quieto • 
Pues les juro que es sorpresa 
Mejor la que les prometo. 



É- 




ACTO SEGUNDO. 

El teatro representa un jardín, con un cenador en medio, cuya 
entrada está cubierta por una cortina. Desde el cenador 
parten á un lado y á otro, paralelas al proscenio, dos enra- 
madas, cuya espesura impida ver la parte del jardín que está 
del otro lado de ellas. Delante de la entraaa del cenador, 
habrá una mesa puesta para comer, y estatuas y bancos de 
mármol, simétricamente colocados en toda la extensión del 
jardín. 

ESCENA I 

DON JUAN, EL CAPITÁN MARINAN. 

Marinan. — Se conoce, amigo mío, 

Que es Usted hombre de pro : 






I 



I 



POESÍAS. 33 1 

Nunca pude esperar yo 

Menos del primo y del tío. 

Cuando sepa el Coronel 

Cuan grande ha sido el afán, 

Que Don Anselmo y Don Juan 

Han tenido aquí por él, 

I Vaya ! se nos vuelve loco... 
Juan. — Más tiempo hubiera deseado 

Para haberlo festejado. 
Marinan. — ¡ Toma ! y ¿ aun cree Usted que es poco ? 

Primores de alta cocina, 

Gran profusión de botellas, 

Las invenciones aquellas 

Tapadas con la cortina... 

¿ Quién más que un amigo, quién 

Puede andar en tal trajín ? 

Y la^voluntad al fin... 

¿ Usted me entiende? 
Juan. — Muy bien. 

Sí : no hay más merecimiento 

En nosotros, en verdad, 

Que la buena voluntad. 
Marinan. — Pues en eso no consiento 

Que nadie me exceda á mí ; 

Porque amigo, en este día... 

¿Me entiende Usted?... gastaría 

Las minas del Potosí. 

; Mi Coronel ! ¡ pues no es mucho 

Lo que quiero á ese hombre yo !... 

i Cáspita ! i si se portó 
• Como un tigre en Ayacucho ! 

Cuando soldados sin fin 

Caer al rededor miraba. 



V 



332 FELIPE PARDO. 

Por momentos esperaba 
Cada cual su San Martín. 
Pues, amigo, el Coronel 
Estaba en medio del fuego, 
Con tal calma y tal sosiego, 
Cual si no fuese con él. 
¿ Me comprende Usted ? No era 
Más que Capitán aún. 
Un valor nada común, 
Una estampa tan guerrera, 
Al soldado en la batalla 
Animo tal infundía. 
Que estaba esa compañía 
Firme como una muralla, 

Y que cada hombre, Don Juan 
En tanto entusiasmo ardía, 
Que más bien morir quería 
Que perder al Capitán. 

Más la batalla se enciende 

Y más su valor se muestra : 
Blandiendo fiero en su diestra 

La espada; ¿ Usted me comprende ? 
Llueven balas : no hace caso, 

Y á los suyos acaudilla : 

Le hace frente una guerrilla ; 
Por entre ella se abre paso. 
Trepa, con una palabra 
Sola inflamando su gente, 
Por donde difícilmente 
Puede trepar una cabra. 
No hay nada que lo reporte ; 

Y ya bien puede tener 
Quien se le quiera oponer. 



r 



POESÍAS. 333 



Prevenido el pasaporte. 
¿ Usted me entiende ? 
Juan. — Sí, amigo : 

Eso y cuanto Usted refiera, 
Lo sabe todo el que fuera 
De esa batalla testigo. 
Tantos y tan verdaderos 
Ejemplos de valentía 
Que dieron en aquel día 
Nuestros jóvenes guerreros, 

Y que llevaran su gloria 
A la más remota edad, 
Si, cual fué en la antigüedad. 
Hoy fuera justa la historia ; 
Los de Carlos no ofuscaron, 
Si llena de ardor el alma 
Tantos Peruanos la palma 
Del valor se disputaron ; 
No fué Garlos el segundo. 

Marinan. — j Uf ! lidió como una fiera, 
Lidió, como si tuviera 
Vara alta en el otro mundo. 

Y en cuantas grescas se halla. 
Riñe con igual ardor... 
I Amigo ! i hoy fué hecho Mayor 
En el campo de batalla ! 

Y no crea Usted que un hombre 
Anduvo tan descuidado 
Que dejase mal sentado 
En aquella acción su nombre. 
¿ Me entiende Usted ? 

Juan. — Bien lo sé : 

Sé que Usted peleó valiente : 



ig. 



L 



334 FELIPE PARDO. 

Sé que el grado de Teniente 
Premio de su arrojo fué ; 

Y que muy claro derecho 
Su acreditado valor, 

Le dio á esa insignia de honor 
Que lleva Usted en el pecho. 
Tiempo hace que el Coronel 
De todo esto me instruyó. 
Marinan. — Donde él iba, allí iba yo : 
Si él muere, muero con él. 
Con tanto y tanto recuerdo, 
I Puede ser extraordinario. 
Que un día de aniversario. 
Pierda su juicio el más cuerdo ? 
¿ Me entiende U:>ted ? 

ESCENA II 

DICHOS, JUANA. 

Juana, á Don Juan. — Ya está 

Hecho aqueyo. Me detido. 

Juan. — No, Juana ; hemos decidido 
Que te quedes por acá, 
Porque eres muy necesaria. 

Juana. — Y ¿ la Vicadia, señó ? 

Juan. — Si te necesito yo, 

¿ Qué supone la Vicaria ? 

J UANÁ. — Pedo si me espeda, pues ; 

Y como su Devedencia 
Tiene tan poca paciencia... 

Juan. — Bien, hija : te irás después. 
A tu ama en este momento 






I POESÍAS. 335 

t 

I A avisarle de aquí irán. 

Juana. — Sí, señó ; podque estadán 

Con cuidado en el convento."^ 
Marinan. — Hoy es día de atenciones 

Para Usted, Don Juan : me voy 

Adentro. 
Juan. — Bien. 

^ ESCENA III . 

DON JUAN, JUANA. 

Juana. — Yo no estoy 

Más que hasta las odaciones. 
Si pod una tentación 
Dudmieda una noche jueda ; 
¡ Jesús I ; cómo se pusieda 
La made Cidcunsisión ! 
Yo, que soy su ojo dedecho... 
Como quien dice... ¡ Ay mi Dios !... 
Fijo : la ahogaba la tos : 
La pobde es mádtid del pecho. 
Juan. — Bien : encargo á tu cuidado 
p« Todas las operaciones. 

Toma tus disposiciones : 
Haz que esté todo arreglado. 
i Vaya I á la cocina : advierte 
Que ya van á dar las tres, 

Y me buscarás después, 

Que hay otro encargo que hacerte. r 

Y con el hombre, chitón. ), 
Juana. — Ya sé muy bien ese cuento. 

No podque soy de convento, 



\ 



*S3 



336 ' FELIPE PARDO. 

Me falta penetración. 

(Vase.) 

ESCENA IV 

Don JUAN, solo. — ¡ Qué tarde tan lisonjera 
Don Leocadio nos prepara ! 
¿ Mas quién reirse en su cara, 
Gomo nosotros pudiera, 
Y hacerle esta burla ; quién ; 
Si en su amable corazón. 
No curara una función, 
Las heridas del desdén ? 

ESCENA V 

DON CARLOS, DON JUAN. 

Juan. — Carlos, más que tú puntual, 

De la formación volvió 

Nuestro Marinan... ¿ Quién vio 

En novio una flema tal ? 
Carlos. — Esa flema, amigo mío. 

Ha sido mal de mi grado... 

¿ Mas qué hay ? que me han informado 

De que ya vino tu tío. 
Juan. — Y al instante se marchó. 
Carlos. — i Hombre ! ¡ por Dios ! ¿ qué ha ocurrido ? 
¿ Acaso se habrá ofendido 

De nuestro proyecto ? 
Juan. — No. 

Se alegró, y mucho. 
Carlos. — ¡ Qué pasmo ! 



j 



POESÍAS. 337 

Juan. — ¡ Oh ! ¡ no ha sabido qué hacer ! 

Carlos. — ; Qué dices ? 

Juan. — Que su placer, 

No fué placer ; fué entusiasmo. 
Carlos. — ¿ Conque ya de esta manera 

Puedo casarme seguro ? 
Juan. — Y ya del suegro futuro 

Dejarás la moledera. 
Carlos. — ¡ La conducta es misteriosa ! 

Si este hombre me detestaba : 

Si á Don Leocadio intentaba 

Hacer marido de Rosa ; 

¿ De qué modo explicar puedes 

Tal mudanza? 
Juan. — ; De qué modo ? 

¡ Qué pregunta ! como todo 

Se explica en Don Nicomedes : 

Que conforme la manía 

Pudo darle por reñir, 

Le ha dado por recibir 

La nueva con alegría ; 

Y como es hombre que apura 
Todo hasta el último grado. 
La alegría no ha parado 
Hasta llegar á locura. 
Todavía no sé yo 

Quién le pudo noticiar, 
Vuestro enlace antes de entrar. 
El hecho es que cuando entró, 
Ya de él enterado estaba ; 

Y que tan lleno íi^^usto 
Venia, que ly^dió un susto 
Con las voces que nos daba. 



FELIPE PARDO. 

Acudimos á sus gritos : 
Voló ai instante á abrazarnos, 

Y comenzó á regalarnos 
Con requiebros infinitos. 

¡ Cuántas frases se le ahogaron 
Entre sollozo y sollozo ! 
¡ Cuántas lágrimas de gozo 
Sus mejillas inundaron ! 

Y allí cada uno hecho un poste, 
Sin saber qui 
Dejándose a 
Sin decir oste nt moste. 
Después que con sus abrazos 
Nos estrujó á su sabor, 

Y victimas de su amor 
Casi nos hizo pedazos; 

Su flujo de hablar despierta, 

Y á borbollones vomita 
Palabras, como quien quita 
A un manantial la compuerta. 

« Sobrino, liermano, hija mía, a 

Enajenado exclamó, 

n I No sé cómo podre yo 

» Sobrevivir á este dia! » 

t Pero papá .> — « Nádame hables, 

n Que estoy loco de placer, 

o Viéndote un hombre escoger 

» De prendas tan apreciables. 

a Ya te miro venturosa : 

» Ya ha terminado mi afán. » 

a Pero, tío. » ~ « Tú, mi Juan, 

■> Que, con alma tan hermosa, 

» No puedo esperar que quedes 



1 



POESÍAS. 339 



» 



Impasible á tal ventura ; 

Acompaña en su locura 
» Á tu tío Nicomedes. » 
« Pero, hermano. » — « ¡ Pierdo el juicio 
)> Anselmo I No sé lo que hago, 
» Qué digo, ni cómo pago 
)) Tan singular beneficio. 
» ; Si escucharás ? » — « Tengo informe 
» De todo : sé ya esta unión. 
» Sé que tú á mi corazón 
» Libras hoy de un peso enorme : 
» Que has colmado mi deseo : 
» Que mil dichas me preparas, 
» Llevando á Rosa á las aras 
» De un venturoso himeneo : 
» Que tanto se manifiesta 
» Tu ansia por mi bienestar, 
» Que quieres solemnizar 
)> Esta unión con una fiesta ; 
» Que es tu cariño tan tierno, 
» Que realizarla dispones 
» En el día que supones 
» Más grato para mi yerno : 
» En suma, que mi quietud 

» Eterna con esto labras ; j 

» Y no puedo con palabras 1 

» Expresar mi gratitud. » 

Mezcla esta descarga horrenda \ 

Con pinturas seductoras^ ¡ 

De las inmensas mejoras ¡ 

Que piensa hacer en su hacienda ; j 

Y con tan vivo interés j| 

A un tiempo todo est3 abraza, ^ 




340 FELIPE PARDO. 

Que no deja meter baza 
A ninguno de los tres. 
Que sus efusiones raras 
Interrumpir no pudimos 

Y que nada más hicimos, 
Que mirarnos á las caras, 
Pues nadie atajar consigue 
El espantoso torrente. 
Saca el reloj de repente 

Y : « ¡ Jesús ! ¡ Jesús ! » prosigue. 
« i Qué tarde es ! y tengo de ir 

» A la hacienda es precisión, 

» Porque quiero á la función 

» Por mi parte contribuir 

» Con un carnero, que á bordo 

» Conseguí de un barco ingle's, 

» Y que, más que carnero, es 

» Un buey en lo grande y gordo : 

n) Cuatro gallinas que son 

)) La flor de mi gallinero : 

» Un cóndor es, no exagero, 

» Junto á cada una, un gorrión ; 

» Y un pavo... eso es un portento. 

» ¡ Qué pavo tan singular ! 

» Con él solo hay para dar 

» De comer á un regimiento. 

» Ya veréis si son exactos 

« Mis informes ; vuelvo presto, a 

Vuelve la espalda con esto, 

Y nos deja estupefactos. 
Pero ven, Carlos, á dar 

La anhorabuena á tu Rosa. 
Carlos. — Vamos, sí, porque esta es cosa 



I 



POESÍAS. 341 

Que debemos celebrar. 

(Fija la vista en la cortina.) 

¿Qué es aquello ?... ¿ con qué intento 
Han puesto ese cortinaje? 
Juan. — Nada : por aquel paraje 

Suele soplar mucho viento. 

ESCENA VI 

Don LEOCADIO, que asoma la cabeza antes de que se hayan 
retirado Don Carlos y Don Juan. 

¡ Hola ! Hay Moros en campaña ! 
I Mas se retiran ! Entremos ; 

Y todo lo registremos 

Con precaución y con maña. 
¿ Puede haber mayor cucaña ? 
Esta es fortuna, esta, sí : 
Pues á mi edad, pruebo aquí, 
Con lo que Rosa me quiere, 
Que cuando para otros muere. 
Nace el amor para mí. 

Y ¡ yo, amigo inconsecuente, 
Canalla, infame, ruin, 
Estaba hecho un puerco espín 
Contra esta bendita gente ! 

Y ¿ atribuir pude imprudente 
A injuria un ardid tan grato ? 
Felizmente con recato 
Cubrí mi resentimiento ; 
Que si no, la plaza siento 
De solemne mentecato. 

(Pausa. 



K' 



342 FELIPE PARDO. 

¡ Vaya ! ¡ que el laace es curioso ! 
¡ Estar su santo ignorando 
Quien el año pasa dando 
Días á roso y belloso ! 
Confieso que estoy ansioso 
Ya de rasgar este manto... 
Pero malogro afán tanto : 
No : es mejor estarme quieto : 
Que sigan con su secreto 

Y me casen en mi santo. 

(Pasa á registrar la mesa.) 

¡ Oh ! ¡ la mesa es soberana ! 

(Registrando la mesa, y haciendo lo que indica el soliloquio.) 

¡ Aceitunas ! á ellas voy. 
¡ Estas gentes echan hoy 
La casa por la ventana ! 
Se me va abriendo la gana : 
I Vaya un pedazo de pan 

Y un trago !... mas notarán... 
No : la cantidad es corta, 

Y que noten : poco importa : 
A un criado culparán. 

(Come y bebe como indican ios versos.) 

Y ¿ qué hace aquí esta cortina ? 
Veamos detrás lo que han puesto. 

(Levanta la cortina lo necesario para ver él solo lo que hay dentro.) 

¡ Santa Bárbara ! ; qué es esto ! 
i Qué invención tan peregrina I 
¿Qué será? Ya lo adivina 
Mi talento. No me escapo : 
Es para mí. Pero tapo, 
Ya que con tanta presteza 
Lo sé todo... ¡Qué cabeza! 



POESÍAS, 343 

I Cada golpe es un gazapo ! 
ESCENA VII 

DON LEOCADIO, JUANA. 

Juana, gritando. — ¡ Válgame el santo sudadio ! 

Leocadio. — Mujer, calla. 

Juana, gritando. — No, no, no. 

Mis amos, ya se encajó 

En el jaddín Don Leocadio. 
Leocadio. — ; Ah ! ¡ lo echas á perder todo ! 

Toma un peso. 
Juana. — Se equivoca 

Usted : no tapa mi boca 

Nadie ni con onzas de odo. 
Leocadio. — Si tengo, Juana, por Dios 

De todo instrucción prolija. 
Juana, gritando. — ¡Señodes! 
Leocadio. — No grites, hija. 

No es un peso : ya son dos. 

Es inútil tu porfía : 

El misterio importa un bledo. 
Juana. — Entonces, venga el dinedo. 
Leocadio. — Ahí tienes : tu gritería 

Nos trajo aquí al Capitán, 

Y ya todo lo perdí. 

ESCENA VIII 
dichos, marinan. 

1 

f 
I 

Marinan. — ¿ Qué diantres ha habido aquí ? 



i Porqué tales gritos dan ? 
DIO. —Simplezas... 
ÁN. — ¡Vaya I no trate 

Usted de andar con rodeos. 

Le ha dicho usted chicoleos, 

Y ella tal vez... 

DIO, — ¡ Disparate ! 

jChicoteos!... ¡pues me gusta! 

Y ¡ hoy cabalmente !... j por Dios ¡ 
ln. — Como están solos los dos ; 

Ella grita, Usted se asusta : 
Blanca y migada... j qué talí'... 
¿Usted me entiende? 
DIO. — Dejemos 

Bromas A un lado, y tratemos 
De un asunto más formal. 
Cierta cosa tenia yo 
A Juanita que encargar, 

Y aquí la vine á buscar. 
Usted nos interrumpió. 
Mas como conozco... pues... 
Que Usted es mozo completo, 
Puedo esperar que el secreto 
No saldrá de entre los tres. 
En opinión semejante 

¿ En cuanto á Usted me equivoco ? 
ÁN. — No. 

Dio, i Ju.n.. - V ¿ en cuanto á ti ? 
, — Tampoco. 

DIO, í Miriñin. — Pues pasemos adelante ; 

Y sepamos si el error 
Cometió Usted allá adentro 
De hablar sobre n 



1 



POESÍAS. 345 

¿Lo saben ya? 
Marinan. — No, señor. 

Leocadio, á Juana. — Y ¿el nuestro? 
Juana. — Yo ni desueyo. 

No : ¿ cómo á decidlo voy? 

Didán entonces que soy 

Tan... pues... así... tan aqueyo. 

No : no lo sabdán tan ainas. 
Marinan. — Pero... 
Leocadio. — No pregunto en vano 

Todo esto. 
Marinan. — Vamos al grano 

Y no andar con garambainas : 

Que no estoy de humor de bromas. 
Leocadio. — Bien .''allá voy. Cuanto pasa 

El día de hoy en esta casa 

Sé con sus puntos y comas. 
Marinan, con soma. — ¿ Lo sabe Usted ? 
Leocadio. — Si» mi amigo. 

Juana, lo mismo. — ¿ Usted? 
Leocadio. — ¿No he dicho que sí? 

Marinan. — ¿Armarme trampas á mí ? 
Juana. — ¡Vaya ! ¿Echadizas conmigo? 
Marinan. — ¿Engañarme á mí pretende 

Cual se engaña á los muchachos? 

¡Hombre ! ¿con estos mostachos 

Será dable ?... ¿ Usted me entiende? 
Juana. — No uso conmigo lisonjas : 

Mas pelo de mentecata 

No tengo... No es la mulata 

Boba, aunque vive entde monjas. 
Leocadio. — ¿ Qué echadizas, qué mostachos, 

Qué monjas, ni qué invención? 



346 FELIPE PARDO. 

Ustedes, ustedes son 

Los que parecen muchachos. 
Marinan. — | Ya! 
Juana. — ¡ Pues ! 

Leocadio. — ¿Vuelven con la tema? 

Juana. — ¡Todo lo sabe! ¡qué gdacia! 
Marinan. — Es mucha su perspicacia. 
Leocadio. — ¡ Esto la sangre me quema ! 

¡ No me creen! ¡ voto á sanes! 

¿Juzgan Ustedes que miento? 

¿ No sabré yo el casamiento ? 

¿ No sabré que los afanes, 

(señalando al cenador) 

Y que el aparato aquel 
Es sólo por celebrarlo ; 

Y que quieren ocultarlo 
Por sorprenderme con él? 

¿ Imaginan ¡ por San Roque! 

Que ignoro el día que es hoy? 

¿ Ustedes piensan que soy 

Sin duda algún alcornoque ? 
Marinan . — ¡ Vaya' ! i muchacha ! ¿ qué dices ? i 

Juana. — Lo sabe. 

Marinan. — No hay que dudar. 

Leocadio. — ¿Cómo se me iba á escapar? 

¡ Estas son muchas narices I 

Procedo ahora á revelar 

Á Ustedes mis intenciones, 

Respecto de esos bribones 

Que me la quieren pegar. 

Realizarlas me interesa ; 

Y la cosa es muy sencilla. 

Marinan. — ¿Qué es? 

i 

j 



L 



POESÍAS. 347 

Leocadio. Volverles la tortilla : 

Darles á ellos la sorpresa. 
Marinan. — Y ¿cómo ? 
Leocadio. — Contribuyendo 

Con mi dinero al festín. 
Marinan. — Muy bien pensado. 
Leocadio. — A este fin, 

Me he estado ya disponiendo ; 

Y mientras que muy oronda 
Cree esta gente mi ignorancia, 
Yo he mandado en abundancia 
Traer comida de la fonda. 
Tengo dulces infinitos, 

Y de los más afamados : 
Postres los más delicados, 
Vinos los más exquisitos. 
De todo esto, Juana mía, 
Mi cuarto lo tienes harto ; 
De modo que está ese cuarto, 
Hecho una repostería. 
Ahora bien : abres y tratas 
De sacar cosa por cosa. 
Reservada y cautelosa, 

Sin que te sientan las ratas. 

La mesa que se destina 

A postres has de escoger ; 

Que imagino que ha de ser 

La que está tras la cortina. 
Juana. — La misma. 
Leocadio. — En ella pondrás 

Todas las cosas muy bien... 

Juana. — De modo que cuando den 
Aquí la palmada ; zas, 



fr. 






^'j^ 



348 FELIPE PARDO. 

La codtina descodemos; 

Y se quedan, estoy ciedta, 
Con tamaña boca abiedta. 

Leocadio, aparte. ¡ Buen hallazgo! ya tenemos 
Un nuevo descubrimiento. 
No lo echaré en saco roto. 

Juana. — ¡ Santa Tecla! ¡qué albodoto 
u Van á admad ! 

Marinan. — ¡ Buen pensamiento! 

Y cuando á mi aprobación 
Vé Usted que tiene derecho, 
Puede estar muy satisfecho : 
I Me entiende Usted ? 

Leocadio. — La invención 

Es más de lo que se piensa. 
Déjeme Usted que prosiga. 
Con estas gentes me liga 
Una gratitud inmensa, 
Que me oprime, que me agobia ; 

Y he creído que era también 
Muy necesario un gran tren 
Alistar para la novia : 
Chales, collares, sortijas, 
Cortes de vestido ricos, 
Guantes, peines, abanicos, 

Y otras varias baratijas, 
Con este objeto he comprado. 
Esto me correspondía. 
Si no, la gente diría 
Que era un mezquino, un cuitado. 

Juana. — Y ¿está ahí todo? 
Leocadio. — Estará luego, 

Antes de media hora aquí. 






poesías. 349 

i Cáspita! así como asi, 
Se me ha ido más de un talego. 
Marinan. — ¡ Oh ! ¡ bien gastado dinero! 

¿ Me entiende Usted? porque hoy día, 

¿ Usted me entiende ? sería 

Vergüenza ser cicatero. 

Eso es muy claro y muy obvio ; 

Todos deben hoy gastar : 

A la novia celebrar 

Y más que á la novia, al novio. 
Leocadio, — ¡Qué bondad! 

Marinan. — í Dónde podrán 

Hallar hombre más completo, 

Amable, honrado, discreto, 

Generoso ! 
Leocadio. — ¡ Capitán ! 

Juana. — ¡ Ay! yo no lo conocía. 

Pedo hoy, que lo conocí, 

Ya con ^stos ojos vi 

Que es una pedia. 
Leocadio. — ¡ Hija mía ! 

Marinan. — ¡Hombre que sabe muy bien 

Dónde le aprieta el zapato., 

Y que en dándole un mal rato, 
Aun sea qué sé yo quién, 

, En diciendo : a me incomodo, » 

Le echa los dientes abajo ! 

¿Me entiende? 
Leocadio, aparte. — | Lindo agasajo! 

Cada uno alaba á su modo. 
Juana. — La Vicadia, 1^ Pdioda 

Conocen su padentela 

Y me han dicho que su abuela . 

:o 



35o FELIPE PAKDO. 

Eda una santa señoda : 
Que él no desmiente su casta : 
Que es hombde de fundamento; 
Que es sobedbio el casamiento : 
Que en este tiempo... 

Leocadio. — ¡ Hija! | basta ! 

¿ Conque hasta las Reverendas 
Madres hablan bondadosas? 

Juana. — ¡ Mucho ! 

Leocadio. — ¡ Santas Religiosas ! 

Juan. — Todas alaban sus prendas. 

Marinan. — Como él no se encuentran dos : 
Es patriota, amigo fíel... 
Soy capaz de dar por él 
Hasta la vida. 

Leocadio. — i Por Dios ! 

¡ Para escuchar expresiones 
Tan tiernas, las fuerzas faltan ! 
I Las lágrimas se me saltan 1 
¡ Oh ! ¡ qué bellos corazones ! 
Venid : que os quiero abrazar : 

(Los abraza á un mismo tiempo.) 

Mucho OS honra este manejo. 
Marinan, aparte. ; Sentimental está el viejo ! 

¡ Buena gana de llorar! 
Leocadio. — ¡ Oh, qué ternura! [qué brotes 

De la amistad más sincera ! 
Marinan. — Justicia es. 
Leocadio, aparte. ¿ Quién lo creyera 

Mirándole esos bigotes? 
Marinan. — Su santo puede decirse 

Que es hoy. 
Leocadio. — Ya se vé qu^ si. 



POESÍAS. 35 I 

Marinan. — No es día de estar así ; 

Es día de divertirse. 
Juana. — ;0h! muy gdande es este día. 
Leocadio. — ¡ Oh ! 

Marinan. — De entregarse al placer. 

Leocadio. — ; Buen amigo ! 
Marinan. — De beber, 

De reventar de alegría. 

Día de común contento 

De regocijo cabal. 
Juana. — De gozo tan genedal, 

Que hay baile hasta en mi convento. 
Leocadio. — ¡ Ah ! 
Marinan. — ¡ Día de bendición ! 

Leocadio. — ¿También? 
Marinan. — Día, cuya gloiia 

Guardará eterna la historia. 
Leocadio, aparte. — ¡ Jesús ! ; qué exageración ! 

¡ Cómo me quiere ! i qué pasmo ! 
Marinan. — ¿Pues cómo? ¿hay tal vez quién niega?... 
Leocadio. — ¡No! ¡hijo! nada... 

(Aparte.) 

I Cómo ciega 
A este mozo el entusiasmo ! 
Basta, pues : basta ya, amigo, 
¡Otro abrazo!... ¡qué placer! 

(Los abraza.) 
(A Juana.) 

Tú, haz lo que tienes que hacer. 

No los sorprendan conmigo, 

Y silencio. 
Marinan. — No hay cuidado. 

Leocadio. — Confío en Ustedes dos. 



FELIPE PARDO. 



lucha cautela ¡por Dios! 

— No quedará Usted burlado. 



ESCENA IX. 
■lo. — i Hay formntSn más completo? 



lasta éstos me han de n 
Lmor... ¡ Buen hacerl ¡amar 
1 un desconocido objeto! 
Señor! ¿qué nudo secreto, 
lué atracción, qué simpatía?... 
Vamos! abriendo este día 
¡ampo, á feaómenos vasto, 
io sólo al vientre da pasto 
lino á la ñlosofía. 

¡PauíB.) 

las sin tomarme el afán 

)e averiguar las razones, 

estimo las atenciones 

te Juana y del Capitán. 

)lla me ha indicado el plan 

Lelativo á la cortina, 

)ue, tierna conmigo y ñna 

Ista familia discurre... 

lObre este asunto me ocurre 

Jna idea peregrina. 

:sa farsa, apostaría 

>ue alguna invención ha sido 

lúe á Juanito ha sugerido 

<u fecunda fantasía. 

í ; no hay duda... Yo podría,.. 

El pensamiento es gentil '. 



} 



a 

POESÍAS. 353 

I Oh ! ¡ qué ingenio tan sutil ! 

¡ Qué imaginación tan rara ! 

Que en un santiamén prepara ; 

(pausa larga, durante la cual pasea por el teatro, dando muestras de \ 

satisfacción.) 

Contra una sorpresa, mil. 
Y no he leído, baladí, 
Tal estoy harto de afán. 

(saca un papel) 

El soneto que á Don Juan 
Al descuido le cogí. 

(Leyendo.) 

a A mi primo » Esto es á mí. 
¡ Cómo á festejarme aspira 
Con el numen que le inspira!.... 
No excitaste, amable niño, 
Nunca más tierno cariño 
Con las cuerdas de tu lira. 

(Leyendo para sí.) 

Empieza bien... adelante, 
i Qué concepto tan bonito!... 
¡ Bien versifica el mocito !... 
i Esto está algo extravagante!... 
¡Vamos! por el consonante. 
Apeló aquí á la discordia... 
¿Campeón yo?... ¡ Misericordia! 
Mas... ya... ya estoy... ya caí... 
Esto alude á cuando fui 
Sargento de la Concordia. 
Campeón... y no hay más después : 
No hay duda : quedó incompleto. 

(Cuenta para si con el dedo los renglones.) 

Catorce tiene el soneto, 

20. 



w 



354 



1 



tí- 



FELIPE PARDO. 

Y aquí no hay más que oi^ce pies...' 

¿No puedo yo hacer los tres 

Que faltan? — Esto me peta ; 

Magnífica jugarreta. 

A ello : ya el refrán lo ha dicho : 

En el mundo es todo bicho 

Loco, médico y poeta. 



M 



ESCENA X. 



DON LEOCADIO, DON NICOMEDES. 






fe.: 



ii 
K.P. 






t 



rv, ■ 



NicoMEDES. — I Oh! ¡qué plaga tan tremenda! 
¡ Qué trabajo tan cruel ! 
i Qué fatiga tan horrenda ! * 
¡Vayan al diablo la miel, 

Y los negros y la hacienda! 
Leocadio. — ¿ Qué hay ? ¿ Cuál es la fatiga ? 

¿ Qué ocurre, amigo ? 
NicoMEDES. — ¿Qué ocurren 

¿Quiere Usted que se lo diga? 
Que ya el trapiche me aburre, 

Y la hacienda me atosiga : 
Que á ella ya no vuelvo más : 
Que no quiero ver aquellos 
Negros picaros jamás : 
Porque da el más santo de ellos 
Quince y falta á Barrabás. 

Su bestialidad da horror : 
Están siempre armandp gresca, 

Y encendiéndome en furor : 
No sabe lo que se pesca 
Quien se mete á agricultor. 



Leocadio. — Pero, hombre, no hace tin raomenio... 
NicoMEDES. — Bien... Usred decir querrá 

Que estaba entonces contento; 

Pues hora me he puesto ya, 

Que de cdlera reviento. 
Leocadio. — Pero en un día como este... 
NicoMEDES, — Por esa misma razón 

Es más justo rae moleste ; 

Porque un día de función 

Me ha caído encima esta peste. 

¡ Qué mal ralo esa gentalla 

Me diá ! y i quién sabe aún?... 
Leocadio. — No tal. 

Allí el caporal se halla... 
NicoMEDEs. — Buen pollo es el caporal. 
Leocadio. — El mayordomo.., 
NicoHEDES. — Un canalla. 

Mas desde mañana en fín, 

Con otro nuevo trajín : 

Que no estoy para tener 

Ocupación tan rUin. 

La hacienda ya ni la piso, 

Que mi venturosa estrella 

Hacia otro rumbo diviso. 

Esta es la invención más bella 

Que el cielo inspirarme quiso. 
Leocadio. — Y ¿ cuál es ? 
NicoMEDES. — Admiración 

Va á causar en todas partes. 

Me honrará esta innovación 

En donde se amen las artes. 
Leocadio. — Bien : ¿mas cuál es la invención? 



356 FELIPE PARDO. 

NicoMEDES. — Una máquina que brilla 

Por lo simple é ingeniosa. 
Leocadio. — Máquina. ¿Eh? 
NicoMEDES. — Sí : muy sencilla; 

Descubrimiento asombroso 

Que ha de causar maravilla. 

(Recorriendo el teatro con la vista,) 

Si aquí lograra encontrar 
Un madero ó un demonio. 
Yo le pudiera á Usted dar 
Un práctico testimonio 
De mi invención singular. 
Pero soy un majadero. 
I Qué necesito pedir. 
Cuando á falta de madero 
De Usted me puedo servir? 
Leocadio. — Muchas gracias, caballero. 

NlCOMEDES, colocando áDon Leocadio. — Usted eS el eje : tÍeSO>. 

Muy tieso se ha de poner. 
Leocadio. Si no necesito de eso, 

Mi amigo, para entender... 
NlCOMEDES, volviéndolo á colocar. — Vamos : no sea Usted 

Bien plantado. ¡ Con firmeza ! [camueso].. 

Sobre el eje girará 

Un cilindro con presteza... 

Y... lo representará.,. 

(Buscando un objeto en rededor de sí.) 

El tintero en la cabeza. 

(Va á coger un gran tintero redondo de plomo que hay encima de uno de los 
bancos de mármol, y Don Leocadio corre hacia él para impedírselo.)- 

Leocadio. — Está Usted loco, seguro. 

jNo I ¡vive Dios ! 
NlCOMEDES. — ¿Por qué? 



POESÍAS. 357 

Leocadio. — ¡Toma! 

i Porque no, señor : lo juro ! 
ÑicoMEDEs. — Pero hombre... 
Leocadio. — No, ¡ya esa broma 

Pasa de castaño á oscuro ! 
NicoMEDES. — Una máquina como esa 

Debiera interés causar 

Á Usted. 
Leocadio. — Mucho me interesa : 

Mas no quiero renunciar 

Al placer de la sorpresa. 
NicoMEDES. — Va á ser manantial de dichas. 

Por supuesto es de vapor. -^ 

Va á acabar con mis desdichas. 
Leocadio. — Y esa máquina, señor, 

^ Qué ha de fabricar? 
NicoMEDEs. — Salchichas. 

Del vapor por la acción fuerte. 

Cerdo, que entra en el caldero. 

En salchicha se convierte. 

Una cabra, ó un carnero. 

Se transforman de igual suerte. 

No es esto exageración. 

Y si Usted cayese un día 
En la olla en ebullición. 
En un santiamén saldría 
Hecho un largo salchichón. 

Leocadio. — ; Vaya, vaya! ¿Está Usted loco? 
NicoMEDEs. — ¿Qué dice Usted? ¡ por San Juan! 

¿Cree Usted que ganaré poco? 

Conozca Usted bien el plan, ,' 

Y verá si me equivoco, ' 

Y si en recursos abundo, 



358 FELIPE PARDO. 

Y si prueba mi artificio 
El ingenio más fecundo... 

Leocadio, ipme.— O este hombre ha perdido el ju 

Ó no hay tocos en el mundo. 
NicoMEDEs. — Vamos, yerno; aquí... derecho... 
Leocadio, — Conozco el plan ampliamente ; 

De todo estoy satisfecho ; 

La invención es excelente. 
NicoMEDEs. — Pero, hombre, si no se ha hecho... 
Leocadio. — Y ¿ Usted, por Dios, imagina 

Que es ocasión de tratar 

De eso f 
NicoMEDEs. — ¡ Si es cosa divina ! 

Leocadio. — Me voy á vestir, á dar 

Mi vuelta por la cocina : 

Que en aquel departamento 

Es urgente mi visita; 

Y á hacer preparar un ciento 
De cosas, con que á Rosita 
Chasquear, y á su tío intento. 
También de mí les llegd 
Una que otra friolera. 

(Síle un ciiido Ir.ycnda uní unnia grande, tapad* con un piñuElí 
(Al criado). 

¡Ah! I cuadrúpedo ¡Aquí no. 

¿No ves que si alguien te viera?... 

A mi cuarto : allá voy yo. 
NicoMEDEs. — ¿Qué cosa lleva tapada?... 
Leocadio, yéndoie. — Nada. 
Njcomedes, dettnitndoio. — Venga Usted acá, 

Y dígame la entruchada. 
Leocadio. — ¡Pero si urge el tiempo ya! 
NtcoMEDEs. — Óigame Usted. 



POESÍAS. 359 

Leocadio. — No oigo nada, 

íAparlí). 

i La pretensión es gentil ! 
Aunque buscándolo esté, 
Por espacio de años mil, 
En parle alguna hallaré 
Un suegro más zascandil. 

ESCENA XL 

Don Nícomedes, >o1o. — ¡ Cuál á veces te encaprichas 

Con un pobre hombre, fortuna ! 
Pero ya desde hoy mis dichas 
Empiezan, sin duda alguna 
Con mi yerno y las salchichas. 
/ Mas qué es lo que estoy mirando? 
I Qué es estof ¿quien es aquel 
Que con mi hija allí está hablando? 
¡ Calle I ¿ No es el Coronel 
Que la estuvo cortejando? 

Y están solos... están... sí.., 
¡Se requiebran! | qué osadía! 
¡ Nunca igual frescura vi !... 

; Yo en la Sierra lo creía, 

Y Estaba metido aquil 

(LI«máQdoÍos). 

¡ Ce I amigos, venid acá. 
ESCENA Xn. 

DON HICOMEDES, DON CARLOS, ROSA. 

Rosa. — ; Ya volvió Usted ? 



36o FELIPE PARDO. 

NicoMEDES. — Si, señora : 

Ya volví. 
Carlos — j Conque la hora 

Venturosa llego ya 

De abrazar á Usted i 
NicoucDEs. — ¡ Sí I ¡ si ! 

¡Abrazar quiso Usted á ésta, 

Y por completar la fiesta 

Pretende abrazarme á mí ! 
Carlos. — {Abrazar yo ? 
NicoMEDEs. — Sí r á la chica. 

Carlos, — ¿ Señor mío, este embolismo 

Qué significa? 
NicoMEDEs. — Eso mismo 

Digo yo : ; qué significa ? 
Carlos. — Mire Usted que no pensaba. 

Señor, abrazarla yo. 
NicoMEDES. — Abrazarla, tal vez no : 

Pero Usted la requebraba. 
Carlos. — Pero si... 
NicoiiEDEs. — No hay más que hablar : 

Yo lo he visto con mis ojos. 

Tan criminales arrojos 

Por fuerza me han de irritar. 
Carlos. — Yo estaba hablando con ella... 

i En esto halla Usted delito? 
NicoMEDES. — No habla solo un jovencito 

Con una niña doncella. 
Carlos. — i Qué tiene de extraordinario, 

Que cuando se casa Rosa?... 
NicoMEDES, — i Vaya que es razón chistosa! 

Pues por lo mismo ¡ canario!... 
Carlos. — Cuando con goio inefable 



aü 






POESÍAS. 36 1 

A ofrecerme á Usted venía, 

I Extraño, por vida mía, 

Que de esa manera me hable! 

I Qué motivo á Usted incita 

A mostrarme tal disgusto ? 

I Tratar de ese modo es justo 

Al esposo de Rosita? 
NicoMEDES. — i Cómo? ¿ cómo? ¿ Usted su esposo? 

¿ Quién su mano le entregó? 
Rosa. — ¿ Pues Usted no consintió 

En este enlace gustoso? 
NicoMEDES. — I Chica! ¿yo en tal matrimonio? 

I Quién lo ha dicho? 
Rosa. — Usted. 

NlCOMEDES. — ¿Yo? 

Rosa. — Sí. /M 

NlCOMEDES. — ¿ Qué hablas, niña ? ¿ estás en ti ? •» 

Es un falso testimonio 

Que tú me levantas. 
Rosa. — Pues, 

Papá, ¿ Usted, poco tiempo hace, 

No ha aplaudido nuestro enlace? 
NlCOMEDES. — I Muchacha I y ¿ el señor es 

El yerno que yo acepté ? 

¿ No es Don Leocadio?... Responde* 
Rosa. — ¡ Oh Dios ! 
Carlos. — ¡ Qué oigo ! 

NlCOMEDES. — ¿ Cuándo, dónde 

De otra persona te hablé? 
Carlos, después de una pausa. — Todos, scñor mío, ert esto 

Nos hemos equivocado, 

Y todo por eso ha estado 

Para mi enlace dispuesto. 

21 






FELIPE PARDO. 

ici(5n crUel 
■á este himeneo 
ateroal deseo 

itrara en esta unión, 
o que ofreciera... 

Ireel corazón? 
ra á c>!la gustoso 

y mil, señor; 

Usted que este error 
!S muy bochornoso. 



mi mal ya un secn 
con este objeto 

velocidad 
lo en la población, 
e Usted irrisión, 
de ia ciudad. 

3n : hablarán. 



ESCENA XIII. 
;hos, don ANSELMO. 

é te pasa, Nicomedes? 
nes? ¿por qué regañas 



POESÍAS. 363 

NicoMEDES. — i De tus artimañas, 

Hermano, gloriarte puedes ! 

j Contento estás ! ya se vé : 

I De gratitud eres digno 

Por el lazo que, benigno, 

Tendiste á mi buena fé I 
Anselmo. — ¿Yo?... ¿ qué lazo te tendí ? 
NicoMEDES. — Hiciste aquí tu maraña 

De casamiento, y con maña 

Supiste arrancarme el sí. 

Mas á buen tiempo he llegado; . 

Y Don Leocadio será 

Mi yerno. 
Rosa. — Pero ¡ papá!... 
NicoMEDEs. — Calla. 
Anselmo. — Y ¿ de dónde has sacado 

Esa invención? 
Nicomedes. — í Qué invención ! 

Mi yerno será solo él. 
Anselmo. — ; Cómo ! ¿pues el Coronel?... 
Nicomedes. — Yo nó he aprobado esa unión. 
Anselmo, aparte á Don Carlos y á Rosa. — Don Carlos, Rosa; 

Que se retiren Ustedes. [precisa 

ESCENA XIV. 

DON ANSELMO, DON NICOMEDES, JUANA, 
que con otros criados entra y sale, trayendo la comida. 

Anselmo, después de una pausa. — Bien, ¡ Señor Don Nico- 
¿ Es este asunto de risa [medes 1 

Acaso, para que quiera 
Usted ser inconsecuente, 




í> «■ 



I 



tk!' 









W 



m 






H^ 



vK 

i 
,,%' 

k 



*.*• 






364 FELIPE PAllBO. 



Y dejar á taata gente 
Burlada de esta manera? 
¿ Cree Usted que mi compromiso 
Es broma, para tener 
La gracia de no querer 
Lo que hace un momento quiso? 

NicoMEDEs. — Y ¿ es broma el consentimiento 
Con ardides arrancarme ? 

Y ¿ es broma por liebre darme 
Gato en este casamiento ? 

Anselmo. — ¿ Qué ardides son esos? ¿ quién 
Te ha dado por liebre gato ? 
¿ Quién te ha dicho, mentecato, 
Que está mal, ó que está bien ? 
Tú, cuando llegaste aquí 
Todo lo quisiste hablar. 
Sin dejarnos resollar 
Ni á Juan, ni á tu hija, ni á mí. 
Mil y mil veces quisimos, 
Pues era cosa tan seria, 
Entrar contigo en materia ; 
Pero no lo conseguimos. 

^^ Tú, siempre charla que charla, 

La palabra no dejaste 
Ni un solo instante ; y burlaste 

|< Mis esfuerzos por tomarla. 

^ Lo confieso : fué un portento 

Para nosotros, un pasmo 
Oirte con entusiasmo 
Hablar de este casamiento : 
Mas como no está en cuestión 
Ya tu falta de cordura, 
Atribuimos á locura 




POESÍAS. 365 

Lo que era equivocación. 

Si te ves en este abismo 

Por loco ; si satisfecha 

No está tu voluntad, echa 

La culpa sobre ti mismo. 

Pero pretender, amigo, 

Que este enlace se destruya 

Por extravagancia tuya, 

No es dable : yo te lo digo. 
NfcoMEDES. — Conozco que te merezco 

El amor de un tierno hermanó ; 

Que recibí de tu mano 

Favores que te agradezco. 
Anselmo. — Si los hago á otro ó á ti 

No es por que se me agradezcan, 
NicoDEMEs. — Pero es justo que merezcan 

Esta confesión de mí, 

Ya que no puedo pagarlos. 

Mas el habérmelos hecho 

No te da, Anselmo, derecho 

A ligarme con Don Carlos. 

Si tantas veces de cuitas 

Me han sacado tus mercedes... 
Anselmo, — No seas necio, Nicomedes, 

¡ Por Dios I no me lo repitas ; 

Y di, ¿ qué encuentras de injusto 

En la unión; dímelo claro. 

Qué á mi sobrina preparo 

Satisfaciendo su gusto ? 
NicoDEMEs. — Don Leocadio... esto es notorio... 
Anselmo. — Pero... 
Nicomedes. — Es un hombre completo. 
Anselmo. — Bien : será muy buen sujeto, 



FELIPE PARDO. 

ya es un vejestorio. 

- Pues eso á Rosa promete 

rá su director, 
5erá su juguete. 
■ Y í un mocito vivaracho í... 
Eso es lo que debe ser : 
ven y ha de querer 
se con un muchacho. 
ilo me va el honor 
lia de hacer, lo prometo- 
Mira, hombre; yo te respeto 
' á mi hermano mayor. 
Anselmo mío, advierte 
stoy de capa caída. 
>o hace que enfurecida 
lonmigo la suerte, 
cienda la dejé ya. 
Hombre ! 

¡ Es un caos ! ¡ da horror ! 
Quién, hallar caos mayor 
I cabeza podrá? 
Ahora pienso otra brillante 
:ión llevar á efecto : 
ignifico proyecto... 
amos á lo interesante, 
Dios! 

Pues bien : considera 
ie hallo muy atrasado, 
jes que me he arruinado .. 
lil veces. 
Y si no fuera 



POESÍAS. 367 

Por ti... 
Anselmo, — ¿ Vuelves ? 
NicoMEDEs. — No hay negocio 

Bueno en que yo ponga mano, 

Y con trabajar, no gano 
Más que alejarme del ocio. 
Estoy tan sin un centavo, 
Que hasta ilusión considero 
Haberte enviado el carnero. 
Las gallinitas y el pavo. 

Anselmo. — ¡ Por Dios, hombre, \ qué tropel 
De simplezas!... Calla, calla; 

Y di pronto lo que se halla 
De malo en el Coronel. 

NicoMEDES. — Que tiene, se me dirá, 

Talento... tendrán razón... 

Muy buena reputación... 

Bueno : también la tendrá. 

Le falta lo principal, ] 

Que es cum qúibus. — Obligado 

A ver en un moderado 

Sueldo todo su caudal, 

¿ Qué herencia le dejaremos 

A esta muchacha inocente, 

Cuando por un accidente 

A un tiempo él y yo faltemos; • 

Ó cuando por que él se halle 

Enredado en chamusquinas. 

Lo planten en Filipinas 

Ó lo dejen en la calle ? 

Sin esto yo no opondría 

Resistencia alguna. 
Anselmo. — ¿ No? 



i! 



368 FELIPE PARDO. 

NicoMEDEs. — No... ¿si se quieren?... 
Anselmo. — Pues yo 

Te tomo, por vida mía, 

La palabra. 
Juana. — Pdonta está 

La comida, mi amo. 
Anselmo. — Bien : 

Avisa adentro también. 

(Vase Juana.) 

Tú, hermano, prevente ya 
A no despegar el labio. 
Aunque haga yo lo que quiera. 
NicoMBDES. — Pero ¡Anselmo!... ¡bueno fuera 
Que me hicieras tú un agravio 
Tan... No es justo... Disponer 
De Rosa! 
Anselmo. — ¿ No estás en casa ? 

¿ No has de ver lo que aquí pasa? 
Bien te puedes oponer. 
Mas sobre otra cosa, advierto. 
Que no sea la formal 
Bendición matrimonial : 
Te has de callar como un muerto. 
NicoMEDEs. — Pero, Anselmo, advertirás... 
Anselmo. — No hay advertencia que valga. 

Quiero que lucida salga 

La función. No chistarás ; 

Sabré incomodarme y mucho, 

Si tu genio estrafalario 

Desluce el aniversario 

Venturoso de Ayacucho. 

NlCOMEDES, con éorpresa. — | Oh! , 

Anselmo. •— ¿ Qué hay en esto que asombre ? 



poesías. 369 

NicoMEDEs. — ¿De Ayacucho ? 

Anselmo. — Sí, señor. 

NicoMEDEs, aparte, ¡Válgame Dios ! ¡ en qué error 

Tan grande estaba aquel hombre! 
Anselmo. — [ Qué cabeza, Nicomedes ! 

Ya vienen todos : puntual, 

Haz lo que he dicho, y tan mal 

Como otras veces no quedes. 

ESCENA XV. 

DON ANSELMO, DON NICOMEDES, DON CARLOS, 
DON JUAN, ROSA, JUANA, CONVIDADOS, 

CRIADOS. 

ANSELMO, aparte á Rosa, Don Carlos y Don Juan. 

No hay cuidado, no hay cuidado : 
Saldrá todo, según creo, 
A medida del deseo : 
Nadie, de lo que ha pasado 
Se ha de dar por entendido. 
Jarana, jovialidad. 
Como si incomodidad 
Ninguna hubiese ocurrido. 

(Alto.) 

Ustedes se sentarán 
Donde la gana les dé. 
Para comer nunca usé 
Cumplimientos. 

(Aparte á Juan.) 

Oye, Juan, 
Explícame : ¿el Coronel 
Á cuál de las sillas va ? 

21, 



I 



FELIPE PARDO. 

id AnííÉmo. - Á la siíla donde está 
irona de laurel. 

: <I Capitán Miríñán iL l>do de Don NicDmedcB 
P«u«^ ¡.ve>.¡ 

as que Don Leocadio coma 
enos. 

I Es cierto ! 
P»rte, — ; Pobre 1 

za será que le sobre 
ncia para esta broma! 
uaná, \é pronto á llamarlo. 
IP.U11 i«re»¡ ■ 



I-;SGENA XVI. 

iXicoinedes, — Es para mi, caballero, 
intiende Usted? lisonjero, 
tu oso saludarlo, 
' al padre de esta bermosa 
ita... i Usted me entiende ? 
Sí, señor : bien se comprende ; 
l)ien clara la cosa. 

Felicito * 

ed, porque venturoso 
trega á tan buen esposo 
■ el Coronel, 
irie. — ¡Maldito! 
eventaras! ¿Pretende 
ién meterme el puñal? 



poesías. 3ji 

(Pausa.) 

Marinan. — Debe ser gusto cabal 

Para un padre... ¿ Usted me entiende? 

NicoMEDEs, aparte. — Sí, señor. — ¡ Qué muletilla 
Del diablo! 

ESCENA XVII. 

DICHOS, JUANA. 

JUANA. — Mí amo : no puedo. 

Hayad á ese cabayedo. 

No padece. 
NicoMEDES, aparte. — Es muy sencüla 

La cosa : se habrá marchado. 

Sin duda el hombre lo ha olido, 

Y con razón se ha ofendido. 

(Aparece Don Leocadio por la parte interior de la enramada i trayendo 
la canasta con que se presentó poco antes su criado.) 

Anselmo. — ¿Si quizá habrá penetrado 

Ya nuestra trama secreta? 
Leocadio, aparte. — ; Qué tal! ¿si penetraría? 

¡ Esta gente pensaría 

Que era yo un niño de teta ! 
Anselmo, á Don Juan. — Yo te lo dije, travieso : 

Se enfada apenas lo note. 
Leocadio, aparte . — ¿ Seré yo algún Hotentote 

Para enfadarme por eso ? 
Anselmo. — Tal chasco se le iba á dar 

Que nos tiraba los platos. 
Leocadio, aparte. — Ustedes son, mentecatos. 

Lo§ que se van á chasquear. 

(Se mete en el cenador,) 



^ 



\ ■ 



372 FELIPE PARDO. 

Anselmo, aparte. — Ahora empieza la contienda 
Con Nicomedes... No acabo 
De decidir... lo que al cabo 
Se ha de empeñar, que se venda. 

(Da una palmada : descórrese la cortina, y aparece un solio de flores 
con dos sillas adornadas también de 6ores. Don Leocadio está sentado 
en una con una corona de laurel en la cabeza. La otra silla esté ocu- 
pada con la canasta.) 

ESCENA XVIII. -i 

TODOS LOS PERSONAJES 

Leocadio. — Ya, señores, se rasgó 
Este misterioso velo. 
Vuestra astucia imaginó 
Sorprenderme : pero el cielo 
Quiere que os sorprenda yo. 
Hoy quisisteis, cariñosos, 
Darme de vuestra bondad 
Mil testimonios honrosos, 
Y de la dulce amistad | 

Que me franqueáis generosos. ! 

Don Anselmo una función i 

Da en mi santo, y coronar , ; 

Quiere Rosa mi pasión. 
Esto se llama halagar 
Estómago y corazón. 
Como todo lo escudriño. 
Lo descubrí ; y dije : « no : 
« Si éstos me tienen por niño, 
« Voy á anticiparme yo 
« A sorprender su cariño. » 
Por eso á un anuncio fíel 
Del corazón, obediente, 



POESÍAS. 373 

He ocupado este dosel : 
Por eso ceñí á mi frente 
La corona de laurel : 
Por eso, bien que no basta 
A probar cuan cara me eres, 
Rosa, una provisión vasta 
De utensilios de mujeres 
Te ofrezco en esa canasta; 

Y por eso le robé 

A don Juanito, un soneto 
Que en su escritorio enconaré. 
Vi que faltaba un terceto, 

Y ¿qué hice? Lo completé. 
Está dirigido á mí. 

La palabra « campeón » es 
La última que encontré allí. 
Lo que está escrito después, 
Obra es mía. Dice así : 

(Leo). 

« A mi primo futuro, el Señor don José Leocadio 
Arpecho y Urgarriola, Sargento que fué del Regimiento 
de Voluntarios distinguidos de la Concordia Española 
del Perú. » 

SONETO 

« Quiso encender tu pecho en sus ardores 

» La deidad del amor, y artificiosa 

» En la hermosura y la virtud de Rosa 

» Los encantos buscó más seductores. 

» Largo tiempo en negarte sus favores 

» Se gozó la fortuna caprichosa, 

» Y dar no quiso la guirnalda hermosa 

» Del plácido himeneo, á tus amores. 



— aj^^mI 



374 FELIPE PARDO. 

» Pero ya hoy una mano á tu adorada 

)> Ofreces, que jamás de la discordia 

» Empuñará la destructora espada. 

» Campeón... en paz has de vivir (lo fío), 

» Cual quien Sargento fué de la Concordia, 

» Con papá, con mi prima y con mi tío. » 

Conciba, cuánto me alegro, 
Usted I oh suegro !... 
NicoMEDEs. — ¡ Ya da asco 

Tanta necedad !... | qué suegro, 
Si le han dado á usted un chasco ! 
¡ Lo han tratado como á un negro 1 

(Risa general.) 

Leocadio. — ¿ Cómo? ¿esta función bendita ?... 

NicoMEDEs. — No es para Usted. 

Leocadio. — Y ¿ la unión ? 

NicoMEDEs. — Fué una patraña maldita. 

Leocadio. — ¿El dosel, las sillas ? 

Juan. — Son 

Para Carlos y Rosita 
Leocadio. — ¡ Qué ! y ¿ el soneto también ? 
Juan. — Prueba de mi amistad era 

Para el Coronel. 
Leocadio. — Muy bien : 

(Aparte.) 

¿ Quién imaginar pudiera 

Chasco tan pesado ; quién ? 
Anselmo, señalando el dosel. — Don Carlos, Rosita, allí. 
NicoMEDEs. — Eso no. No puedo yo 

Consentirlo. 
ANSELMO. — Será así. 

Aunque digas : « eso no, » 



POESÍAS. 375 

Porque yo digo : « eso sí. » 

Tu oposición al pactado 

Enlace, sólo proviene 

Según me lo has declarado, 

De que el futuro no tiene 

Más que el sueldo del Estado. 

Pues bien, si en enlace tal 

Otro defecto no adviertes^ 

Está remediado el mal : 

Sobrina, treinta mil fuertes 

Reza esta carta dotal. 
Rosa. — ¡ Ah ! i Tío ! 

NicoMEDEs. — ¡ Anselmo ! ¡cuan grato !.,. 

Anselmo. — Cállate, esa necedad... 
NicoMEDEs. — ¡ Ah! nunca... fuera un ingrato 

Si tu generosidad... 
Anselmo. — ¿Si callarás, mentecato ? 

Don Leocadio, yo aseguro, 

Que á no esclarecer me vi 

Forzado este caos oscuro ; 

Mas que fuese, no creí 

Para Usted golpe tan duro. 

Usted me debe creer ; 

Soy su amigo, y siento mucho 

Que Usted sólo de placer 

En el día de Ayacucho 

Privado se llegue á ver. 
Leocadio. — ¿De Ayacucho ?.... ¡ Pues es buena 

Cabeza!.... yo fui ; yo solo 

Autor de mi cruda pena. 

Caballeros : soy un bolo : 

Lo confieso á boca llena. 

^a broma es de las rnás dura^, 



376 FELIPE PARDO. 

Mas ¿ qué he de hacer ? la ocasión 

No es de entregarse á amarguras. 

Dios eche su bendición 

A ese par de criaturas. 
NicoMEDEs. — ¡ Resignación singular ! •! 

¡ Qué calma de hombre ! 
Leocadio. — Y ¿ qué hacer ? 

NicoMEDEs. — Y después de esto, el ajuar 

Lo tendrá Usted que vender 

Por lo que le quieran dar. 
Leocadio. — j Qué ! ¿ Yo vender ? ¡ Eso no ! 

Rosa ; haz tú de él lo que quieras ; 

Que para ti se compró. 

Al fín esas frioleras 

Te han de servir más que yo. 
Rosa. — i Oh, mi generoso amigo ! 

Yo, que también... 
LtíocADio. — No : yo fui, 

Yo fui mi propio enemigo : 

Yo la culpa cometí. 

Fuerza es que sufra el castigo. 

Y lo merece, en verdad. 

Quien ya un tantico provecto, 

Incurre en la necedad 

De soñarse predilecto 

Amante de una beldad. 

Escarmentado, señores. 

Lo cuerdo es echar á prisa, 



A la espalda sinsabores ; 
Porque no os muráis de risa 
Si me veis morir de amores. 
Esta ingrata obró con tino. 
Pues en novios, sin disputa, 



POESÍAS. 377 

No prefiere el gusto fino 
Ni el maduro como en fruta, 
Ni el añejo como en vino. 
Que Dios les dé viento en popa 
Á ella y al novio desde hoy ; 
Y á su salud una copa, 
Aunque hasta la fecha estoy 
Sin saber de qué es la sopa. 
NicoMEDES. — Vamos : yo la serviré, 

(Hacen lo que indica el diálogo.) 

Anselmo. — Cuenta, que se ha de llenar. 
Carlos, á Rosa. — Yo á ti te habilitaré. 

Mas Don Juan ha de tomar 

La palabra. 
Juan. — Así lo haré. 

(Pequeña pausa ) 

« La primer luz que el firmamento dora 

» En este grande y venturoso día, 

» Fué la luz que por fin de su agonía 

» Á la América triste dio la aurora. 

» El Perú de esa aurora fué el oriente : 

» El Perú fué donde forjóse el rayo, 

» Con que volviendo de letal desmayo 

» Sus tinieblas romper vio un Continente ; 

» Fué el Perú, que al fundar su bienandanza, 

» Como á él, hizo á otros pueblos soberanos, 

» Cuando caer miraban de sus manos 

» La copa exhausta ya de la esperanza. 

» Astro jamás de brillo tan fecundo 

» A ningún pueblo iluminó en la tierra : 

» Astro, que de las plagas de la guerra 

» Salvando nuestra patria, salvó un mundo. 

» Que á nuestra patria ese astro siempre guíe 



I 



378 FELIPE PARDO. 

» De la prosperidad en la ardua senda : 

» Que de sus hijos el Civismo encienda, 

» É inspiraciones altas les envíe. 

» Para que haciendo fértil la victoria, 

» Pueda ser astro de orden y cultura, 

» De paz y de riqueza y de ventura, 

» El que astro fué de independencia y gloria. » 

(beben, golpean los platos con los cuchillos, y los criados vuelvc-n 
á llenar las copas, todo lo caal debe repetirse al fin de cada brindis.) 

Marinan. — ¡ Bomba ! j bomba ! brindo yo 

Por esa feliz jornada 

Que á la patria libertó : 

Por la gloria que la espada 

De mi Coronel ganó. 

i Gloria ! ¡ gloria al esforzado 

Campeón ! 
Anselmo. — Ciña la corona : 

(Va á poner i Don Carlos la corona en la cabeza, y Don Carlos 

la recibe en la mano.) 

Ocupe el privilegiado 

Asiento, que á su persona 

La amistad ha destinado. 
Carlos. — ¿Corona á mí ? ¡ Dios eterno ! 
Juan. — Gloria al Coronel. Sí, sí. 
Marinan. — Gloria al venturoso yerno. 
Carlos. — Eso es burlarse de mí : 

¿Gloria á un triste subalterno? 

Gloria á los que la adquirieron : 

Á las legiones peruanas 

Que en Ayacucho vencieron 

Con las legiones hermanas 

Que con ellas combatieron : 

Al brío, á la decidida 



POESÍAS. 379 



Constancia, con que realzaron, 
Su pericia esclarecida. 
Los caudillos que llevaron 
A la lid, la hueste unida ; 
Gloria á cuantos un valor 
Infausto llegó á inmolar 
En el campo del honor : 
Gloria á Sucre y á La-Mar, 
Gloria al gran Libertador. 

(Beben, etc.) 

Leocadio. — Para que, no quede trunca 
La función, hablar yo quiero. 
Nunca olvido el día, nunca. 
En que descendió el Ibero 
Del Cerro de Cundurcunca. 
Un miedazo de patente 
Tuve entre pecho y espalda, 
Cuando vi que velozmente 
Iba venciendo en la falda 
El ejército insurgente ; 
Un miedazo de tal ley, 
Que ya fué sin dimensiones 
Cuando deshecha sa grey, 
Entró en capitulaciones 
El desgraciado Virrey. 
Yo con otros negociantes 
Era proveedor realista, 
Y en tan amargos instantes. 
Me vi metido en la lista 
De músicos y danzantes. 
Mas como fué mi godismo, 
Mercantil y de ocasión. 
No bien pasó el cataclismo, 



FELIPE PARDO. 

indo hizo en mí una explosión 

ibunda el peruanismo, 

de entonces en derrota 

ni cariño á la Iberia. 

de entonces á la nota, 

1 la decisión más seria, 

no mi 

LÓ al de Aya cucho, Dios, 
que da por corolario, 
e común sea á los dos 
santo del Calendario, 

mereceré sarcasmo 
■ mi vetusto extravío ; 
se mirará con pasmo, 
! hoy descollar quiera el mío 
ire el público entusiasmo ; 
|ue vistiendo ya el sayo 
patriota, y no Siendo hijo 
pariente de Pelayo, 
nsagre con regocijo 

brindis á mi tocayo. 

[Beben, «c.) 

ted, tío Nicomedes. 

Si, sí. 

— ¿Yo brindar ? ; qué horror ! 
)y es día de mercedes. 

— Sí, sí, que brinde el señor 

r que... ¿Me entienden Ustedes? 

— Fuerza será someternos, 
nque es peregrino antojo, 
ando acabo de echar temos, 
ntra el raro trampantojo 



POESÍAS. 38 1 

Con que me adjudican yernos. 
Lo haré pues de cualquier modo ; 
Porque á no hacerlo seré 
Tachado quizá de Godo ; 

Y á brindar empezaré... 
Por mi máquina ante todo. 
Justo después contraernos 
A mi Rosa conjeturo, 
Aunque en mis planes paternos 
Me ha puesto en horrendo apuro 
Dándome á pares los yernos. 
Seguirá el yerno cesante, 

Pues ligado estoy á él 

Por la amistad más constante, 

Y luego irá el Coronel 

Que entró á ocupar la vacante. 
Grato después debe sernos 
Al hermano saludar. 
Que quiso favorecernos, 

Y que ha sabido endulzar 
La suplantación de yernos. 

Y en fin, aunque perdí mucho 
En granos, negros y reses. 
Con el tal triunfo, no escucho 
La voz de mis intereses, 

Y brindo por Ayacucho ; 
Pidiendo ardiente al Eterno 
Proteja á la patria mía, 
Que no excusa formar temo 
En la función de este día 
Con uno y con otro yerno. 

(Beben^ etc.) 

Marinan. — ¡ Bravos brjndis ! \ voto á San ! 



■i 



382 FELIPE PARDO. 

Tan bravos, que ni en la Europa 

Mejores se escucharán ; 

Por tanto vaya otra copa, ij 

Y atención al Capitán. ? 
Brindad, amigos, brindad; 

Por que la patria gloriosa ? 

Que hoy se hizo mayor de edad, 

Viva tranquila y dichosa 1^ 

Por toda una eternidad. 

Únanse á mi voz. Ustedes ; 

Y pidan conmigo al cielo. 
Que haga llover sus mercedes 
Sobre nuestro caro suelo. 
I Estamos Don Nicomedes? 
Que la azada en vez del yelmo, 
Por que el Perú no se pierda 
Gomo se perdió el San Telmo, 
Busquemos con ansia cuerda. 

- i Me entiende Usted Don Anselmo ? 
Que á la ley se muestre fiel 
Todo el mundo con ardor, 
El soldado en el cuartel 

Y en el campo el labrador. 
¿ Está Usted, mi Coronel ? 
Que hallándose el Perú inscrito 
Entre las libres naciones, 
Nunca el desorden maldito 
Empañe nuestros blasones. 
¿Me entiende Usted, Don Juanito? 
Que sin tregua é infinita 
Sea la luna de miel 
De esa hermosa señorita 
Al lado del Coronel. 



POESÍAS. 383 

I Me comprende Usted, Rosita ? 

Que el novio que fué chasqueado, 

Pues del chasco no se ofende, 

Viva de dichas colmado. 

¿ Don Leocadio, Usted me entiende ? 
Leocadio. — Sí, señor ; quedo enterado. 
Marinan. — Y que, por fin, con el brío 

Con que en la lid vencedores 

Rompimos el cetro impío 

De los Godos opresores... 
Carlos. — Alto el fuego, señor mío. 

Celebremos nuestra gloria, 

Sin que ningún resentido 

Maldiga nuestra victoria ; 

Y que hubo en ella un vencido, 
Borremos de la memoria. 
Pues si como hijo del Sol 

Mi amor patrio siempre fué 
Tan puro como el crisol, 
Nunca renegar podré 
De mi origen español. 

Y trataré de mil modos, 
Con insaciable tesón. 

De que fomentemos todos 
La fraternal comunión 
Entre patriotas y Godos. 

(Beben, etc.) 

Leocadio. — Muy bien dicho, esa es mi pauta, 
Por lo cual voy á comer ; 
Que es conducta muy incauta 
Tras calabazas, tener 
La tripa como una nauta. 

Y es mayor la sinrazón. 



384 



FELIPE PARDO. 

Cuando se trata de aquel 
Que tiene en esta función 
Derecho al primer papel ; 
Pues en tan linda reunión, 
Nadie la dicha que yo, 
De que su cumpleaños cuadre 
Con el del Perú, logró. 
Supo lo que hizo mi madre 
Cuando hoy al mundo me echó. 
Así, aunque está sin ensayo 
Todavía mi apetito. 
En júbilo no desmayo ; 
Y á otro brindis os invito 
Por mi excelente tocayo. 

(Beben y cae el telón.) 



FIN. 



índice 



Prólogo (Reseña biográfica) i 

Alberto Lista á Felipe Pardo i3 

Dedicatoria del autor i5 



I. — Poesías juveniles y festivas. 
(Por orden cronológico : 1827-43). 

La columna de Vendoma 23 

La despedida 33 

Á Salvagio 37 

Al Señor Don J. J. de Olmedo 45 

La entrada del año 5i 

En la muerte de Joaquina , 55 

El carnaval de Lima 65 

Á Rosa 72 

En el álbum de una Señora Brasileña 78 

El suicidio 80 

Á Pepa en su duelo 87 

La lámpara 89 

Á mi hermano Don José Pardo 95 

Epigramas io5 

Letrillas , 108 

Sonetos • 166 

Isidora, — Fragmento de un poema 171 

22 



ÍNDICE. 
— SÁTIRAS POLÍTICAS, 

ti de los últimos años (i85o-65). 

'99 

203 

ica del Perii, poema satírico zi5 

I a5: 

Poesías diversas. 

I ,. a8a 

Z84 

=9" 

sesenu años 393 

)ice. — Obra dramática. 

o de Ayacucho, comedia en 
=95 



\ 



I